Meritorias

Sarah Almagro: “Todavía hay gente que nos sigue considerando monstruos”

La actual campeona del mundo de surf adaptado, a la que tuvieron que amputarle brazos y piernas, es la única mujer en su categoría sin manos y sin pies

La surfista campeona del mundo, Sarah Almagro

Es probable que si a una joven que acaba de cumplir la mayoría edad le comunican de la noche a la mañana que le tienen que amputar las manos y los pies, su vida se convierta en un infierno y opte por refugiarse en su desgracia para, así, huir de un pasado feliz.

No todas agachan la cabeza o dedican su tiempo a maldecir su mala suerte después de haber sufrido un revés tan fuerte. Es el caso de Sarah Almagro, una marbellí de 26 años campeona mundial de surf adaptado Prone 2. Nada en su vida le ha resultado sencillo. Al contrario, debido a su cuádruple amputación ha tenido que padecer algún que otro episodio de discriminación en la calle “porque todavía hay personas que nos sigue considerando monstruos o muy raritas”.

La surfista campeona del mundo, Sarah Almagro
Cedidas por Sarah Almagro

Sin embargo, lo que más le enerva es que se dirijan a ella “como si tuviera cuatro años”. Y es que ante este tipo de actitudes paternalistas se siente “infantilizada” y, tal vez por eso, cree que le tratan “igual que a una tontita”.

La falta de patrocinadores

La amputación de manos y pies es ya para ella parte del pasado. Ahora lo que le motiva es conseguir la financiación suficiente para participar en la edición de este año de la Copa del Mundo de surf adaptado. Aspira a revalidar el título de campeona que consiguió en 2025, lo que ocurre es que carece de los apoyos económicos necesarios que sufraguen los gastos. “Es una pena que no se consigan los suficientes patrocinadores, sobre todo en deportes minoritarios y que encima son adaptados, lo que hace todo aún más complicado”, se lamenta Sarah.

De momento, ya se ha perdido la primera prueba del circuito que se celebró en Australia entre el 22 y 28 de marzo. Ese contratiempo no le ha desanimado en exceso. Acaba de firmar un patrocinio con Turismo Costa del Sol de la delegación de Málaga que cubre parte de sus gastos, que no todos, para viajar a Hawái el próximo mes de mayo. Todavía hay esperanza.

Imágenes cedidas por la deportista.

Echando mano de la calculadora se han de tener en cuenta varios factores antes de plantear un desplazamiento a las islas del Pacífico. Para empezar, tiene que ir acompañada de dos entrenadores “y de otra persona que me ayuda en lo personal”. Normalmente el grupo es de cuatro “pero como tengo a otro entrenador allí, eso abarata los costos”. Aun así, el precio total de una expedición que dura diez días sale por alrededor de 14.500 euros contando transporte, alojamiento, comida y gastos extras. Luego está la tercera y última prueba del circuito que se disputa el próximo mes de mayo en Los Angeles, que tampoco le saldrá barata.

Para convencer a alguien de que se rasque el bolsillo las redes sociales pueden resultar, a veces, útiles. “No es algo que me guste usar porque la gente tiende a idolatrar a las personas que sigue, y por mucho que intentes ser lo más natural posible, hay cosas que se te escapan o que prefieres no mostrar”, subraya. Pese a todo, es consciente de que puede ser una herramienta de trabajo de la que echar mano “para incentivar a la gente en la práctica del surf”. Por ahora, no ha conseguido ayuda a través de las redes. Tampoco es algo que le lleve a la desesperación. “Es lo que hay”, señala Sarah Almagro un tanto resignada.

Cedidas por Sarah Almagro

En España no compite ninguna otra mujer en su categoría sin manos y sin pies. “Soy la única que tiene la cuádruple amputación”, dice. A nivel internacional solo lo hace una francesa y una escocesa que sí tiene una mano. Lo que ocurre es que, como ella misma reconoce, al final en esa categoría compite mucha gente porque es una especie de “cajón desastre”. Y es que no solo agrupan a chicas amputadas, sino también a las que tienen movilidad reducida que van desde una tetraplejia, a una parálisis cerebral o a distintas enfermedades que hayan podido afectar a los miembros superiores e inferiores.

Su amor por el surf

De adolescente Sarah Almagro no se conformaba solo con el surf. Practicó futbol, natación, baloncesto, atletismo, tenis e incluso crossfit. Le daba tiempo a todo. Al final, su afición por la tabla y las olas pudo con todo. La tuvo “desde pequeñita”. Con cinco años se lo inculcó su madre “y a día de hoy, con 26 años, ahí sigue”. El caso es que Marbella no es una zona especialmente surfera como puedan ser otras como Cantabria, Asturias, Galicia o País Vasco.

Cedidas por Sarah Almagro

Sin embargo, poco a poco el gusto por la tabla y las olas va creciendo en la costa andaluza. “Si comparo cuando empecé a surfear con lo que hay ahora tanto de escuelas como de niños, y sobre todo niñas, te das cuenta de que la cosa empieza a funcionar y eso es muy bonito”.

Una meningitis que derivó en un shock multiorgánico

La mayoría de edad trajo consigo malas noticias en el plano personal. Un día empezó a sentirse mal. Los síntomas eran dolores de cabeza, fiebre alta y vómitos. En un primer momento los médicos de urgencias le diagnosticaron una simple gastroenteritis. Volvió a su casa y su estado seguía empeorando. “La fiebre me subió hasta los 41 grados y en el hospital me volvieron a decir lo mismo”, comenta. Hasta ahí llegan sus recuerdos. “Lo siguiente fue despertarme en una cama de la UCI con las manos y los pies negros”.

Había tenido un shock multiorgánico como consecuencia de una bacteria que tenía en la sangre producto de una meningitis. Total, que le sobrevino una septicemia o, lo que es lo mismo, sufrió una respuesta exagerada del cuerpo a una infección causada por bacterias, virus u hongos.

Amputación irreversible

Fue entonces cuando le comunicaron que la amputación de sus manos y pies era irreversible. En un principio la cosa pintaba aún peor. Se decidió cortarle los brazos y las piernas a la altura de los hombros y de la ingle, “pero gracias a que mis padres exigieron realizar más pruebas tengo amputaciones por debajo de los codos y las rodillas por lo que ahora la protetización resulta más sencilla”. De todo aquello derivó un implante de riñón que decidió donarle su propio padre. A partir de ahí su vida cambió, aunque no tanto como la gente pueda llegar a creer.

Cedidas por Sarah Almagro

Habitualmente camina con sus prótesis. Ahora bien, cuando llega la noche prefiere quitárselas antes de irse a la cama a dormir y estar en la silla de ruedas. También lo hace de manera preventiva. El riesgo de que le pueda salir alguna herida siempre está ahí, y si sigue utilizando las prótesis, tardan más en cicatrizar.

Tras salir del hospital la actual campeona del mundo no se veía de nuevo sobre una tabla surfeando olas. Es más, era algo que había descartado. “Es que te ves en una cama en la que no te puedes ni mover porque no tienes ni manos ni pies…”. Entonces le vino a la cabeza intentarlo con el fútbol. Aquella idea duró muy poco. De nuevo, triunfó el surf. Mientras, su entorno familiar siempre intentó interactuar con ella con la absoluta normalidad. “Nunca he permitido el trato condescendiente, ni dar pena, ni la sobreprotección”, afirma de manera tajante.

Sarah Almagro: “Nunca he permitido el trato condescendiente, ni dar pena, ni la sobreprotección”

Ella misma reconoce que fue una “suerte” que todo le sucediera con casi 19 años “al tener la madurez suficiente como para decir a mis padres que me dejaran intentar hacer algunas cosas porque cuando falten el día mañana, ¿quién me lo va a hacer?”.

Cree que, si eso mismo le ocurre a un niño de 3 ó 4 años, sus padres siempre van a tender a sobreprotegerle “o a que sea dependiente y luego les entre el miedo de qué va a ser de su hijo cuando ellos no estén”. Por eso, cuando alguien le pregunta por sus amputaciones y la forma de llevarlo lo mejor posible, siempre responde lo mismo: “igual que un niño con manos y pies se puede caer y hacerse un chichón, lo mismo le ocurre si no tiene pies y manos”. En su ideario está prohibido aislarse o autocompadecerse.

Resulta vital mantener las amistades para alcanzar estos objetivos. “Mi grupo de amigos lo tengo desde los tres años”, explica. Con ellos sale fiesta “aunque ni bebo ni fumo porque no me viene bien para mi salud y me lo paso igual de bien que ellos”. Las playas de Marbella y alrededores solo las pisa para meterse en el agua y surfear. “Por el tema del trasplante de riñón tengo las defensas muy bajas y tampoco es cuestión de estar horas sentada encima de una toalla”.

Nada de tablas adaptadas

Su entereza también la demuestra con hechos. Nada de tablas adaptadas. “Es algo que nunca me ha gustado y que no lo llevo bien a nivel psicológico”, explica. Eso aumenta las probabilidades de que se caiga “pero es que yo siempre quise una en la que pudiera surfear cualquier persona sin discapacidad”. Otra cosa bien distinta tener una tabla personalizada “igual que el resto de surfistas porque a algunos nos gusta que tenga más curvas o que sea doble cóncava”.

Más o menos entrena una hora y media al día, solo que cuando no hay olas le toca la parte física. Todo varía en función de si es invierno “que estoy hasta que el cuerpo aguante” o sin es verano “donde estoy un máximo de dos horas en el agua”. El tope de tiempo lo pone su salud. Al ser una persona trasplantada, un exceso de ejercicio puede repercutir en sus riñones, “y los tengo que cuidar al máximo”.

Licenciada en Derecho

Fuera del agua la marbellí se ha dedicado a estudiar Derecho. Una vez terminada la carrera hace unos meses por su cabeza no pasa la idea de ejercer como abogada en el futuro. En esta época de su vida está inmersa en un proyecto para impartir charlas o conferencias. La parte de la justicia juvenil es la que más le apasiona, sobre todo la que afecta a los menores de edad que han cometido algún delito y que por ese motivo están recluidos en centros de internamiento.

Tal vez a esos chavales les pueda motivar con las enseñanzas de su actual entrenador. El anterior le sometía a una constante crítica destructiva, “algo que sí les va bien a algunos deportistas, pero a mí no”. Venía de una situación distinta a raíz de la cuádruple amputación. Todo eran críticas constructivas y se le apoyaba “sin hacerme de menos”. Con el nuevo técnico todo dio un giro de 180 grados. Toda su evolución fue en positivo sin bajar la intensidad de los entrenamientos. Si a esa positividad se la añade la fuerza de voluntad de Sarah Almagro, es más fácil entender por qué llegó a ser campeona del mundo.