“Vete a por la hembra”, como hacer frente al bullying en el fútbol base

La psicóloga sanitaria y neuropsicóloga Nayara Ortega nos alerta de cómo un niño al sentirse rechazado activa las mismas áreas cerebrales que cuando sufre, por ejemplo, una quemadura

Nayara Ortega
Kiloycuarto

Hace unas semanas Nayara Ortega, psicóloga sanitaria y neuropsicóloga, notó que su sobrina de diez años estaba triste y retraída después de un partido de fútbol. La única en su equipo de niños, ese partido se produjo una situación muy desagradable para ella. “Cuando mi sobrina tocaba el balón, en varias ocasiones personas de la grada gritaron, cuidado con la hembra, mira la hembra cómo corre, vete a por la hembra“.

No era en un tono positivo, más bien lo contrario. “Mira la hembra como corre”, eran los comentarios de una grada que estaban haciendo que la pequeña se sintiese muy señalada. “Esas personas estaban animando a sus hijos a que una niña no les quitase el balón o que una niña no te gane la carrera”, explica la psicóloga canaria.

Lo más alarmante “es que esta grada estaba llena de padres“. Sin poder aguantar la presión, la niña pidió el cambio y su entrenador optó por que se quedase en el banquillo. “Hubiese sido mejor que el entrenador hubiese avisado al árbitro para detener el partido”. Este episodio, que puede ser perfectamente exportable a otros campos de España, es un peligro del que nos quiere alertar.

“Es importante que los niños conozcan que pueden poner sus límites. Que sepan que ante algo así pueden pedir ayuda a un adulto responsable y que sea este adulto el que gestione la situación”. La psicóloga que abordó ese episodio con su sobrina nos ayuda en otros similares que podamos encontrarnos. “Es importante que los niños también sepan que, a veces, los adultos nos equivocamos”.

Las consecuencias que puede ocasionar

Hay que tener mucho cuidado porque un niño tras un episodio así puede “desarrollar pensamientos de que no se es capaz, por tanto van a tener menos capacidad de afrontar retos futuros producto de este pensamiento derivado. También el miedo a fracasar, el niño o niña se pueden volver mucho más inseguros”.

Compararlo con una quemadura

Para terminar de comprender la dimensión de lo que un niño puede sentir, Nayara Ortega nos hace un símil muy revelador.

“En una situación de presión de de rechazo, sobre todo, nuestro cerebro lo traduce en forma de dolor, porque el rechazo social activa las mismas áreas del cerebro que procesan el dolor físico, por ejemplo, el de una quemadura”.

“Sentirnos excluidos, señalados o rechazados, los humanos lo vivimos como un alto impacto emocional”.

Los errores de los padres

La corriente generalizada en la que muchas veces los padres se implican de forma demasiado enérgica en el rendimiento deportivo de sus hijos, forma parte también de este análisis.

Es “muy preocupante”, asegura. “Me llama la atención como muchas veces los padres confunden lo que puede ser motivación con presión o tensión para los niños. Padres desde la grada dando indicaciones a niños de 6, 7 u 8 años”.

“Los padres cometen un error presionando a sus hijos o midiéndoles por el rendimiento deportivo, eso debería estar alejado. Tenemos que pensar por qué mi hijo o hija practica ese deporte e inculcar valores”.

Nayara Ortega insta a los padres a “ir a los partidos de fútbol en calidad de estar presente en algo que consideras que es importante para tu hijo”. En ese acompañamiento, Ortega va más allá. “Creo que también es importante no hablar del rendimiento de otros compañeros con tu hijo. Qué mal ha estado fulanito, o no ha estado centrado… Si los padres critican a otros compañeros, al final es un mensaje indirecto que le estás mandando al niño”.

“Si quieres educar en el respeto y la educación, no podemos partir hablando mal de otra persona”, afirma. “No puedes pretender que tu hijo sea bueno y ayude y luego hablar mal de sus compañeros o del entrenador”, añade.

 

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