La llegada de un hijo se asocia a la felicidad, y no es para menos. No obstante, tras la alegría, se encuentra una complicada realidad donde el coste de la crianza puede terminar sobrepasando a la familia.
Cuidar a un niño o una niña en España supone una inversión con un enorme impacto en la economía de los adultos. Ya de primeras, hay que preparar un colchón económico mucho antes de la llegada de los pequeños. Pero luego, los gastos empiezan a variar e incluso a multiplicarse.
El coste de un hijo se empieza a notar mucho antes de que llegue a casa

A los padres primerizos, ya sea de manera natural, adopción o acogida, siempre suele sorprenderles el desembolso económico previo a la llegada del hijo o la hija.
Entre ecografías y consultas privadas para la madre, o bien los costes asociados a los trámites de la adopción, ya empieza a haber un gasto notable en la economía familiar. La cuantía total depende de varios factores, pero no suele ser poco dinero.
Además, la madre puede necesitar ropa de premamá, además de las primeras prendas para el bebé (o niño adoptado/acogido). Se pueden anticipar, al menos, unos varios cientos de euros.
Entonces, llega el “kit básico” para la llegada del pequeño: la sillita del coche, la cuna, el carro, la bañera, los chupetes y biberones, el cambiador, los primeros juguetes… Sin entrar en pañales, el gasto medio suele moverse entre los 2.000 y los 3.000 euros para este “paquete de bienvenida”.
En ese primer año de vida, se suma además la leche de fórmula y la posterior alimentación sólida, el coste de la guardería (si se necesita), las cremas y otros productos de higiene… El desembolso mensual es elevado.
Al final de este primer año, el coste económico en el hijo puede sumar varios miles de euros, entre gastos fijos y variables. Por lo que se requiere un gran esfuerzo económico y un buen ahorro previsor.
Los gastos en los primeros años de vida

A partir del segundo año, no es que el gasto disminuya. Más bien, se transforma, y empieza a haber unos gastos recurrentes.
Por un lado, está la sanidad. El botiquín casero no puede faltar, porque las enfermedades y los golpes serán constantes. Y si se le añade un seguro privado, el gasto es aún mayor. En total, una cantidad entre los 300 y los 600 euros anuales.
También hay que tener en cuenta el ocio. El pequeño estará deseoso de poder leer y jugar, y tú además querrás llevarlo a algunos lugares o experiencias para niños. Ya es un gasto recurrente mensual más, de 30 a 50 euros como mínimo.
A este coste, hay que agregarle la ropa y el calzado. Entre el crecimiento natural, y el desgaste, cada poco tiempo hay que comprar prendas al hijo o la hija. Aunque se opte, por lo general, por tiendas baratas, el desembolso no baja de los 200-400 euros anuales.
De hecho, un informe de Save the Children España apunta a que la media de coste para criar a un niño en nuestro país es de aproximadamente 758 euros al mes. Una cifra que no deja de subir a causa de la inflación.
¿Qué impacto tienen las ayudas en este coste?
Con el fin de incentivar la natalidad en España, el Gobierno y algunas autonomías ofrecen ciertas ayudas para las familias. No obstante, la realidad es que suelen terminar siendo insuficientes. Aunque existir, existen:
- Prestación universal por crianza. 200 euros al mes, hasta 12 meses, para todos los padres de hijos menores de 18 años.
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Complemento de Ayuda para la Infancia (CAPI) del Ingreso Mínimo Vital. Sólo para las familias más vulnerables, aquellas con un bajo patrimonio y reducidos ingresos anuales.
- Prestación por nacimiento y cuidados. Existe un permiso retribuido de 16 semanas tanto para empleados como para autónomos. Ahora, también lo pueden disfrutar los padres.
- Deducción por maternidad. Hasta 1200 euros anuales en el IRPF para las mujeres trabajadoras con hijos de menos de 3 años.
- Cheque guardería. La deducción de hasta 1.000 euros en la Renta por gastos de custodia.
En el mejor de los casos, suponen un breve alivio temporal para el coste económico de tener un hijo en nuestro país. Pero la realidad, es que parecen “volar” enseguida. Y más, a la hora de sumar gastos como el alquiler o la hipoteca, los suministros de luz y gas, etcétera.
