El precio del petróleo ha vuelto a dar un giro brusco en apenas 24 horas, confirmando que el mercado energético atraviesa uno de esos momentos en los que la incertidumbre pesa casi tanto como los barriles.
Después de dispararse el lunes hasta niveles que no se veían desde 2022, el crudo corrigió con fuerza este martes 10 de marzo tras una combinación de mensajes políticos, expectativa de desescalada y nerviosismo extremo en torno al futuro del estrecho de Ormuz, una de las arterias energéticas más delicadas del planeta. Reuters informó de que el Brent llegó a caer más de un 7% durante la sesión, hasta moverse en el entorno de los 91-95 dólares, después de haber tocado el día anterior los 119,50 dólares.
Lo relevante no es solo la caída. Lo verdaderamente importante es que el precio del petróleo sigue muy por encima de la franja previa al conflicto, cuando el mercado se movía en niveles mucho más contenidos. Es decir, el crudo ha corregido, sí, pero no ha regresado a la normalidad. El susto sigue dentro del sistema y los operadores continúan valorando el riesgo de que cualquier novedad militar o diplomática vuelva a empujar las cotizaciones al alza en cuestión de horas.
De los máximos al frenazo en un solo día
El mercado del petróleo está reaccionando a titulares casi en tiempo real. El lunes, el temor a una disrupción seria del suministro llevó al Brent a superar los 100 dólares y a rozar niveles no vistos desde el shock inicial provocado por la invasión rusa de Ucrania. Pero este martes cambió el tono.
Las declaraciones de Donald Trump, sugiriendo que la guerra podría terminar “muy pronto”, enfriaron parte del pánico y desencadenaron ventas rápidas en los futuros del crudo. Reuters recoge que ese cambio de discurso ayudó a descomprimir los precios, aunque el mercado sigue lejos de sentirse seguro.
Esa es ahora mismo la clave del precio del petróleo. Su comportamiento ya no responde únicamente a fundamentos clásicos de oferta y demanda, sino a la percepción de riesgo geopolítico. Un mensaje político puede tumbar en horas una subida explosiva, pero no elimina el problema de fondo. Si la amenaza sobre las rutas de exportación persiste, el petróleo seguirá atrapado en una volatilidad feroz.
El estrecho de Ormuz, el gran punto de presión
Detrás del miedo del mercado hay un nombre que se repite una y otra vez: estrecho de Ormuz. Según la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA), por ese corredor transitaron en 2024 unos 20 millones de barriles diarios, el equivalente a alrededor del 20% del consumo mundial de líquidos petrolíferos. La Agencia Internacional de la Energía añade que en 2025 ese paso siguió siendo crítico y concentró en torno a una cuarta parte del comercio marítimo mundial de petróleo.

Por eso cualquier amenaza sobre Ormuz tiene un efecto inmediato sobre el precio del petróleo. Reuters y AP han señalado en los últimos días que el conflicto ha alterado el tráfico marítimo, ha elevado el riesgo para los petroleros y ha puesto en alerta a exportadores clave como Arabia Saudí, Irak, Emiratos o Qatar. Incluso aunque no exista una interrupción total y prolongada, el simple deterioro de la seguridad basta para encarecer seguros, retrasar rutas y disparar la prima de riesgo energética.
Irán amenaza, Washington intenta calmar y el mercado duda
La tensión no ha desaparecido. Reuters recoge que Trump ha prometido mantener Ormuz “seguro” y ha amenazado con responder con mucha más dureza si Irán intenta bloquear el flujo de crudo. Al mismo tiempo, medios internacionales han informado de advertencias iraníes sobre la posibilidad de impedir que salga “ni un solo litro” de petróleo de la región si continúan los ataques.

Ese doble mensaje resume el momento actual: una parte intenta tranquilizar al mercado mientras la otra recuerda que el riesgo sigue ahí. El resultado es un mercado incapaz de fijar una dirección estable.
El precio del petróleo cae porque algunos inversores compran la idea de una desescalada.Pero al mismo tiempo se mantiene muy elevado porque nadie se atreve a descartar un empeoramiento rápido del conflicto. En otras palabras, el giro bajista de este martes no implica que la crisis haya terminado, sino que el mercado se ha movido del pánico absoluto a una cautela todavía muy frágil.
Qué puede pasar ahora con el precio del petróleo
A corto plazo, el escenario más probable parece el de una volatilidad extrema. Si la situación en Ormuz mejora y los flujos energéticos recuperan cierta normalidad, el mercado podría seguir corrigiendo parte de la subida. Pero si se agravan los ataques, se consolidan restricciones al tráfico marítimo o se amplía el conflicto, el petróleo podría volver a tensionarse con rapidez. Reuters ya advirtió a comienzos de marzo de que varios analistas contemplaban precios por encima de los 100 dólares si la interrupción del estrecho se prolongaba.

Eso tiene implicaciones directas mucho más allá del sector energético. Un precio del petróleo alto presiona los carburantes, complica la lucha contra la inflación, encarece el transporte y añade tensión a la factura eléctrica, especialmente en economías como las europeas, muy sensibles a los shocks energéticos internacionales. Por eso el giro de hoy no debe leerse como una vuelta a la calma, sino como una tregua inestable en mitad de una crisis que todavía puede cambiar varias veces de dirección.
