Granada no está temblando por casualidad. Bajo la Vega existe un complejo entramado de fallas activas que lleva millones de años deformándose y que convierte esta parte de Andalucía en una de las zonas con mayor actividad sísmica de la Península. La sucesión de movimientos registrada desde mediados de agosto es la expresión más reciente de ese escenario geológico.
Los terremotos en Granada han vuelto a colocar esa realidad bajo los pies de miles de vecinos. El Instituto Geográfico Nacional (IGN) contabilizaba ya 432 eventos en la serie sísmica hasta las 12:30 UTC del martes 18 de agosto, una cifra que continuó aumentando posteriormente con nuevos temblores durante la tarde y la madrugada.
La inmensa mayoría son movimientos pequeños, muchos de ellos imperceptibles. Pero dos terremotos han alcanzado una magnitud Mw 4,8 y varios más se han situado alrededor o por encima de 4. Su escasa profundidad ha provocado además que las sacudidas se perciban con especial intensidad en Granada y su área metropolitana.
La pregunta, después de varios días mirando al suelo con inquietud, resulta inevitable: ¿qué está provocando realmente tantos terremotos?
Granada está situada sobre una de las regiones sísmicas más activas de España
La primera explicación está en el lugar que ocupa Granada dentro del mapa geológico. La provincia forma parte de la cordillera Bética, una extensa estructura montañosa formada como consecuencia de los movimientos tectónicos que afectan al sur de la Península Ibérica.
El propio IGN considera las Béticas como la región con mayor actividad sísmica de la Península. Allí predominan los terremotos superficiales de magnitud baja o moderada, aunque el registro histórico demuestra que también se han producido episodios considerablemente más destructivos.
La Cuenca de Granada se encuentra precisamente en ese contexto. Su subsuelo está atravesado por numerosos sistemas de fallas que permanecen activos y van respondiendo a las tensiones acumuladas en la corteza terrestre.
Por eso los terremotos en Granada no constituyen un fenómeno nuevo ni excepcional desde el punto de vista geológico. Lo extraordinario para quienes viven sobre esas fallas es experimentar varios movimientos suficientemente fuertes y próximos en un espacio de tiempo tan reducido.
África y Eurasia se acercan unos pocos milímetros cada año

La explicación profunda comienza mucho más lejos de las calles de Gójar, Alhendín u Ogíjares. La placa africana y la euroasiática están convergiendo lentamente en esta parte del planeta.
Investigadores de la Universidad de Granada y del Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra han calculado que ese acercamiento se produce a un ritmo aproximado de entre cuatro y cinco milímetros al año.
Parece una cantidad insignificante. En doce meses apenas equivaldría al grosor de unas pocas monedas. Pero los procesos geológicos funcionan durante miles, cientos de miles o millones de años. Esa presión constante termina deformando las rocas y cargando de tensión las diferentes fracturas que atraviesan la corteza.
Cuando una parte de una falla permanece bloqueada por la fricción, la energía continúa acumulándose aunque aparentemente no ocurra nada en la superficie. Llega un momento en el que las rocas dejan de soportar ese esfuerzo, se produce un desplazamiento repentino y parte de la energía almacenada viaja a través del terreno en forma de ondas sísmicas.
Eso es un terremoto.
Carlos González, sismólogo del Instituto Geográfico Nacional, lo explica en 20 Minutos mediante una imagen sencilla: “Las fallas acumulan esfuerzos y tensiones, cuando la tierra no puede más y concentra mucha presión, se mueve, es como si se estuviera empujando algo hasta que de repente un día cede. Dicho movimiento libera energía en forma de ondas sísmicas que sacuden la tierra”.
El IGN ya ha identificado el tipo de fallas implicadas
El último informe del Instituto Geográfico Nacional aporta una pista especialmente importante sobre los actuales terremotos en Granada.
Los análisis realizados sobre los movimientos principales muestran mecanismos de falla normal compatibles con la tectónica conocida de la zona. En otras palabras, los terremotos encajan con el comportamiento esperado de las estructuras geológicas activas de la Cuenca de Granada.
La serie actual se concentra en un área situada entre varios grandes sistemas: la falla de Dílar al sur, la falla de Granada al este y la de Belicena-Alhendín al oeste.
Eso no significa, sin embargo, que los científicos hayan identificado ya una única grieta responsable de todo lo que está ocurriendo.
La responsable de prevención y riesgo sísmico del Instituto Andaluz de Geofísica, Mercedes Feriche, ha explicado que todavía no se puede determinar si los movimientos más recientes son réplicas asociadas al terremoto inicial o si alguna falla cercana ha respondido al reajuste de tensiones y también ha comenzado a moverse.
Será necesario estudiar el conjunto de la secuencia cuando disminuya la actividad para establecer con mayor precisión cuántas estructuras han participado.
¿Es un enjambre sísmico o una cadena de réplicas?

También existe prudencia con otra expresión que se ha repetido durante estos días: “enjambre sísmico”.
José Morales, investigador del Instituto Andaluz de Geofísica de la Universidad de Granada, considera en 20 Minutos que por ahora resulta más apropiado hablar de una “serie” de terremotos y esperar antes de establecer exactamente la relación existente entre todos los movimientos.
La diferencia tiene importancia. En una secuencia clásica puede identificarse un terremoto principal seguido por numerosas réplicas progresivamente menores. En un enjambre, por el contrario, aparecen numerosos movimientos próximos entre sí sin que necesariamente exista un único terremoto claramente dominante.
Los terremotos en Granada todavía están desarrollándose y los científicos necesitan observar cómo evoluciona el episodio antes de establecer definitivamente qué patrón representa mejor lo ocurrido.
Algo parecido sucede con la posibilidad de atribuir todos los temblores a una sola falla. Una liberación de energía puede modificar las tensiones existentes alrededor y favorecer que otras fracturas próximas respondan a ese reajuste. Es una de las hipótesis que tendrán que analizarse cuando exista una imagen completa de la secuencia.
Por qué se sienten tanto aunque no sean terremotos enormes
Existe otro elemento fundamental para entender la inquietud que han generado estos días: la profundidad.
El IGN señala que los 432 eventos contabilizados hasta su última actualización eran muy superficiales, a menos de diez kilómetros de profundidad. Los principales terremotos también se han producido muy cerca de la superficie.
Esto importa porque las ondas sísmicas tienen que recorrer una distancia menor antes de alcanzar los edificios y a las personas. Un terremoto moderado pero muy superficial y cercano puede sentirse de manera mucho más violenta que otro de mayor magnitud ocurrido a decenas o cientos de kilómetros bajo tierra.
Los dos movimientos de Mw 4,8 alcanzaron una intensidad máxima estimada de V-VI en la escala macrosísmica europea en diferentes localidades granadinas. Desde el comienzo de la serie, el IGN ha recibido además miles de cuestionarios de ciudadanos que han sentido las sacudidas.
La magnitud mide el tamaño del terremoto; la intensidad refleja cómo se manifiesta en un determinado lugar. Son conceptos diferentes, y la proximidad al epicentro, la profundidad, el terreno y las características de los edificios pueden modificar considerablemente la percepción y los daños.
Granada ya vivió una situación parecida en 2021

La actual secuencia tiene un precedente muy reciente. Entre diciembre de 2020 y agosto de 2021, el entorno de Santa Fe y Atarfe registró más de 3.000 terremotos superficiales. Seis alcanzaron magnitudes de entre 4 y 5 y el más importante llegó a 4,5.
Aquel episodio se produjo aproximadamente diez kilómetros al noroeste de la zona donde se concentra la actividad actual.
Los estudios posteriores ayudaron a conocer mucho mejor el sistema de fallas de la Cuenca de Granada. Investigadores de la Universidad de Granada comprobaron que la frecuente sismicidad del área está estrechamente relacionada con sus fallas normales activas y describieron cómo la actividad de una estructura puede modificar las tensiones de otras próximas.
El comportamiento de 2021 demuestra también algo importante sobre los actuales terremotos en Granada: no existe una fecha que permita señalar cuándo dejarán de producirse.
Carlos González, del IGN, advierte de que lo esperable es que continúen registrándose movimientos durante los próximos días, aunque la actividad podría prolongarse durante más tiempo. “Nadie puede predecir cuándo va a terminar esta secuencia”, señala.
Tampoco puede saberse si llegará un terremoto mayor
Esta es probablemente la pregunta que más preocupa a los vecinos y, al mismo tiempo, la que la ciencia no puede responder con precisión.
No es posible predecir qué magnitud tendrá el siguiente terremoto, cuándo ocurrirá o dónde estará exactamente su epicentro. Los científicos pueden estudiar las fallas, calcular la peligrosidad sísmica de una región y analizar probabilidades a largo plazo, pero no anticipar un terremoto concreto con día, hora y magnitud.
Por eso la existencia de cientos de movimientos no significa automáticamente que vaya a producirse otro mayor. Tampoco permite garantizar lo contrario.
El IGN ha reforzado la vigilancia de la zona con estaciones portátiles adicionales que complementan una red permanente de decenas de sensores alrededor del área epicentral. Esa instrumentación permite registrar incluso terremotos que ninguna persona llega a sentir y reconstruir posteriormente cómo se está comportando el sistema de fallas.
Una ciudad construida sobre un territorio que siempre se ha movido

La historia geológica de Granada está llena de terremotos. El IGN recuerda episodios destructivos como el de Arenas del Rey de 1884, que alcanzó intensidades IX-X, o el terremoto registrado al sur de Granada en 1431. Más cerca en el tiempo aparecen los movimientos de Armilla de 1955, Purchil en 1956 o la serie de 2020 y 2021.
La actual crisis sísmica ha dejado ya heridos leves, cientos de personas desalojadas temporalmente, desperfectos en edificios y miles de incidencias gestionadas por los servicios de emergencia.
Pero la explicación de los terremotos en Granada está varios kilómetros bajo todo eso: una cuenca fragmentada por fallas activas, sometida a una deformación tectónica continua y situada en uno de los lugares geológicamente más dinámicos de España.
La tierra no ha empezado ahora a moverse bajo Granada. Lleva haciéndolo mucho antes de que existiera la ciudad. Lo que ocurre estos días es que ese movimiento, habitualmente imperceptible, ha vuelto a hacerse sentir en la superficie.

