El agua comenzó a subir y Pau comprendió que tenían que abandonar su vivienda. No había tiempo para recoger las pertenencias ni para pensar demasiado en lo que estaba sucediendo. Su mujer y él cogieron a su hijo de seis meses, al perro, al gato y algo de ropa. Después subieron las escaleras y llamaron desesperadamente a la puerta de una vecina. Al otro lado estaba la posibilidad de ponerse a salvo. Abajo, mientras tanto, la DANA en Valencia estaba convirtiendo las viviendas de Oliva en lugares de los que había que escapar.
«Nos subimos corriendo a la vecina del segundo, le tocamos a la puerta, se la aporreamos y ya está», recordó Pau en declaraciones a Europa Press Televisión. Según su testimonio, el agua alcanzó los vehículos estacionados hasta cubrirlos en apenas media hora. Lo que inicialmente parecía una inundación provocada por las precipitaciones adquirió una dimensión que la familia no esperaba.
Pau, su mujer y su bebé permanecieron refugiados durante el lunes 19 de octubre. Posteriormente, la Unidad Militar de Emergencias (UME) los evacuó y pudieron pasar la noche en casa de la madre de Pau. Cuando regresaron a su vivienda al día siguiente, encontraron un escenario desolador. Muchas de sus pertenencias habían quedado inservibles.
Su historia es una de las muchas que han dejado las inundaciones provocadas por la DANA Adam. Detrás de las cifras de precipitaciones, los rescates y los daños materiales hay familias que se refugiaron en plantas superiores, ancianos que tuvieron que ser evacuados y vecinos que descubrieron, al amanecer, que habían perdido buena parte de lo que tenían.
La madrugada en la que el agua entró en las casas
A las cuatro de la madrugada del lunes, Alexandra y Pedro comenzaron a comprender que algo no iba bien. Vivían con su hijo de doce años en un bajo de Oliva y habían observado cómo el agua empezaba a acumularse en su terraza. Intentaron retirarla, pero las precipitaciones eran demasiado intensas.
«Era como si no hiciéramos nada», explicó Alexandra posteriormente en una entrevista con Hora 25, de la Cadena SER.
El matrimonio cerró puertas y ventanas para intentar proteger la vivienda. Sin embargo, el agua siguió entrando. Cuando quisieron reaccionar, la situación se había vuelto peligrosa.
«En pocos minutos nos llegaba por el pecho», recordó Alexandra.
La familia tuvo que abandonar su hogar cuando permanecer dentro ya no era seguro. Pedro encontró dificultades para abrir la puerta porque la presión del agua impedía moverla con normalidad. Finalmente consiguieron salir y refugiarse en el piso superior, donde sus vecinos les ofrecieron protección.
Más tarde, la Guardia Civil los trasladó hasta el Centro Polivalente habilitado para atender a los damnificados. Su hijo estaba a salvo, pero su vivienda había quedado inundada.
Pedro regresó posteriormente para comprobar los desperfectos. Los objetos personales y los muebles estaban flotando. La familia tendría que afrontar no solamente la limpieza, sino también la pérdida de buena parte de sus bienes.
Una mujer de 79 años y una casa llena de recuerdos

En otra vivienda de Oliva, María Cotx Pizarro vivía una madrugada igualmente angustiosa. Tiene 79 años y lleva más de medio siglo residiendo en la zona de Pau Pi, junto a la playa.
Según relató a El País, alrededor de las cuatro de la mañana comenzó a llover con una intensidad extraordinaria. Inicialmente trató de retirar el agua que estaba entrando en su domicilio. Dos horas después, cuando el nivel alcanzó su colchón, comprendió que debía marcharse.
Se refugió en una planta superior de su edificio, en casa de un vecino.
María necesitaba recuperar algunos alimentos y la medicación que toma para la diabetes. Cuando pudo bajar, encontró la nevera flotando y los muebles completamente mojados. Los colchones, las sillas y los objetos que habían formado parte de su vida cotidiana estaban afectados por la inundación.
En los más de cincuenta años que llevaba viviendo allí nunca había presenciado algo semejante, aseguró al periódico.
La experiencia de María ilustra una de las situaciones más delicadas de la DANA en Valencia: la vulnerabilidad de las personas mayores y de quienes tienen problemas de movilidad. Para ellas, subir una escalera o abandonar rápidamente una vivienda puede convertirse en un desafío especialmente peligroso.
La tragedia alcanzó su expresión más dolorosa en la misma localidad. Los equipos de emergencia encontraron el cadáver de una mujer de 79 años, con movilidad reducida, en la planta baja de una vivienda. Su sobrina, que también estaba en el inmueble, fue localizada con vida, según informó la Cadena SER.
«Creía que me moría ahí»
Alba tiene 21 años y también vive en Oliva. Durante la madrugada del lunes, los gritos de su madre la despertaron. El agua ya había entrado en la vivienda y había alcanzado los tobillos de la mujer.
En casa se encontraba también su abuela, de 93 años y dependiente. La joven y su madre tuvieron que levantarla y colocarla encima de la cama para mantenerla alejada del agua.
El relato fue recogido por Sergio Solla en Artículo14. Alba explicó que llamaron numerosas veces a los servicios de emergencia, pero los equipos no consiguieron llegar hasta ellas.
La situación empeoró a medida que aumentaba el nivel del agua. Las puertas no podían abrirse y la inundación había convertido la vivienda en una trampa.
«El agua me pasaba la cintura y no podíamos ni abrir las puertas de casa», relató la joven.
La ayuda llegó finalmente desde el exterior. Varios vecinos escucharon los gritos y los golpes de la familia y acudieron a socorrerla. Fueron ellos quienes consiguieron sacar en brazos a la abuela de 93 años, evitando que permaneciera atrapada en el interior.
Cuando Alba abandonó la vivienda, los muebles y la nevera flotaban. Todavía desconocía el alcance definitivo de los desperfectos, pero había conseguido salir con su madre y su abuela.
«Creía que me moría ahí», reconoció.
Padres incomunicados y niños refugiados en pisos superiores

Mientras los servicios de emergencia trataban de acceder a las zonas anegadas, Alberto Carmona intentaba llegar hasta sus padres.
El periodista Ferran Bono, de El País, lo encontró avanzando por una carretera inundada de Oliva, acompañado por otros dos vecinos. El agua le llegaba hasta la cintura y la corriente dificultaba el desplazamiento.
Sus padres estaban en una segunda planta, junto a su abuela. Alberto sabía que se encontraban bien y que conservaban el suministro eléctrico y el agua corriente. Sin embargo, los teléfonos móviles se habían quedado sin batería.
La imposibilidad de comunicarse con ellos lo había empujado a intentar alcanzarlos personalmente.
«No estoy tranquilo y tengo que verlos», explicó al periodista mientras continuaba avanzando.
En otra parte del municipio, Cipriano Reus también vivió momentos de gran angustia. Su vivienda, situada en la zona de playa, sufrió graves destrozos. Durante la inundación tuvo que buscar refugio con su hijo de dos años en casa de una vecina.
«Pasé mucho miedo por el niño, fue horrible», reconoció este martes en Espejo Público, de Antena 3.
Cuando la presentadora Susanna Griso le preguntó por las pérdidas materiales y las posibles indemnizaciones, Cipriano dejó claro que sus prioridades estaban en otro lugar.
«Lo importante es que estamos todos bien», respondió.
Su vecino Adrià Femenia describió en el mismo programa una situación igualmente excepcional. Aunque vivía en un entresuelo, el agua llegó a salir por el váter y las tuberías de su vivienda. También perdió su vehículo, cuyo maletero se abrió por la fuerza de la inundación.
La DANA en Valencia no solamente había inundado las plantas bajas. También había afectado a viviendas situadas a mayor altura y provocado daños en calles, instalaciones y vehículos.
Helicópteros, rescates y una tragedia que deja víctimas mortales
Durante buena parte del lunes, los helicópteros de emergencias sobrevolaron Oliva para localizar y evacuar a quienes habían quedado aislados. Los efectivos prestaron especial atención a las viviendas de una sola planta, donde las posibilidades de refugiarse en altura eran menores.
Los equipos de la UME, la Guardia Civil, los bomberos y otros servicios de emergencia participaron en las operaciones. En algunos puntos, los accesos terrestres quedaron bloqueados por el agua y los vehículos de rescate encontraron grandes dificultades para avanzar.
Según los balances difundidos durante el martes, la Guardia Civil había evacuado a más de 2.100 personas y efectuado cerca de 500 rescates en la Comunidad Valenciana. En Oliva, los dispositivos desplegados por distintos organismos realizaron numerosas intervenciones para auxiliar a los vecinos.
La tragedia también dejó víctimas mortales. Entre los fallecidos confirmados figuraban una mujer de 79 años encontrada en su vivienda de Oliva y un hombre de 64 años que sufrió un infarto en un camping del municipio. A ellos se sumaron otros fallecimientos registrados durante el episodio de temporal en diferentes puntos de España.
El martes fue localizado, además, el cadáver de un agricultor en la marjal de Pego-Oliva. Las autoridades investigaban si su muerte guardaba relación directa con las inundaciones.
La DANA en Valencia provocó también precipitaciones excepcionales. En Forna, en la provincia de Alicante, los acumulados llegaron a alcanzar los 720 litros por metro cuadrado, según las informaciones meteorológicas difundidas durante el episodio.
El regreso a casa: «Lo hemos perdido todo»

El martes 20 de octubre comenzó una nueva etapa para muchos de los supervivientes. Había dejado de llover con la misma intensidad, pero la emergencia no había terminado para quienes todavía no podían utilizar sus viviendas.
Laia regresó a su domicilio de Oliva y encontró los muebles empapados, el sofá inutilizado y la nevera afectada por el agua. Según explicó a Europa Press Televisión, había acudido para comenzar a retirar el barro acumulado y deshacerse de las pertenencias que ya no podían recuperarse.
Julio, otro vecino, se enfrentaba a una situación parecida. Había reformado su vivienda hacía menos de un año. Durante la madrugada del lunes, el agua había superado el metro y medio en aproximadamente dos horas, obligándolo a refugiarse en la segunda planta, en casa de una vecina.
Cuando pudo regresar, descubrió que los sofás y las camas habían flotado sobre el agua.
«Lo hemos perdido todo. Acabamos de reformarlo, no hacía ni un año», explicó a Europa Press Televisión.
La imagen de una vivienda recién renovada, ahora cubierta de agua y barro, resume la dimensión material del desastre. Los afectados deben afrontar la retirada de enseres, la limpieza de los inmuebles y la reparación de desperfectos cuyo coste todavía no está completamente determinado.
El Gobierno anunció este martes que promoverá la declaración de los municipios afectados como zonas gravemente perjudicadas por una emergencia de Protección Civil, según informó Europa Press. La Generalitat Valenciana también anunció medidas de apoyo para los damnificados.
Pero las ayudas y la reconstrucción necesitarán tiempo. Y ese tiempo empieza a contar de manera diferente para cada familia.
Pau tendrá que recuperar una vivienda habitable para su bebé. María deberá recomponer la normalidad después de más de cincuenta años viviendo en el mismo lugar. Alba conservará el recuerdo de los vecinos que salvaron a su abuela. Alexandra y Pedro deberán empezar de nuevo con su hijo.
Para Julio, que apenas había terminado de reformar su casa, la primera jornada después de la inundación terminó convirtiéndose en un inventario de pérdidas.
La lluvia ha remitido y los rescates han dejado paso a las tareas de limpieza. Sin embargo, para muchas familias de Oliva, las consecuencias de aquella madrugada apenas empiezan a hacerse visibles. Detrás de cada puerta que vuelve a abrirse hay una historia distinta y una misma pregunta: cuánto tiempo hará falta para recuperar la vida que tenían antes del temporal.

