En la comarca de Els Ports, en Castellón, la amurallada localidad Morella esconde un secreto gastronómico medieval: los flaons. Ese dulce con forma de medialuna y aroma a canela, azúcar, requesón y almendra conquista a todo aquel que lo prueba.
A continuación, desvelamos el secreto tras su sabor, su larga tradición y por qué el pasado medieval de Morella es la clave de su éxito.
Los flaons de Morella, unos dulces con un relleno exquisito

El flaó es un dulce sencillo en apariencia, pero con un relleno sorprendente, el requesón (o faixa).
Este queso fresco, obtenido directamente de las ovejas de la zona de Els Ports, es el ingrediente que hace cada bocado cremoso. El contrapunto del ácido al dulzor lo hace aún más exquisito.
Normalmente, viene acompañado de almendra molida. Este aporte de la influencia árabe en la región termina de redondear la mezcla.
La receta también cuenta con huevos, azúcar, un toque de canela, harina, aceite y un golpe de aguardiente. Se hace la medialuna, se sella a mano y se hornea hasta que queda crujiente. Su sabor es tan exquisito, equilibrado y único, que se consume durante todo el año.
Con el tiempo, este dulce se ha colocado como una de las opciones favoritas de los hornos del interior de Castellón. También se sirve en restaurantes, e incluso hay localidades que han hecho su variante del dulce. No obstante, es Morella donde se originó y donde la receta brilla con esplendor.
Un postre con historia medieval

Para entender el secreto de los flaons, hay que conocer Morella.
El municipio fue declarado Conjunto Histórico-Artístico, y ya de lejos se puede apreciar tanto su muralla como su castillo. Son más de dos kilómetros de piedra, entre las que se encuentran 7 puertas y 10 torres.
También destaca la Basílica de Santa María la Mayor, probablemente una de las iglesias más espectaculares de la Comunidad Valenciana. De fachada gótica y con una escalera de caracol hipnótica, vale mucho la pena conocerla.
Estos restos del pasado medieval de la localidad castellonense se reflejan en su herencia gastronómica, y uno de sus máximos exponentes es el flaó. El inconfundible aroma del postre del presente es parte de una larga tradición, cuyo elaborado proceso forma parte de la armonía histórica que habita en la ciudad.
Pero… ¿Hay algún secreto más allá de la transmisión de la receta? Quizá los pasteleros morellanos no quieran irse de la lengua, pero algunos aseguran que desde los soplidos del aire seco de la montaña, hasta el agua usada de las fuentes cuyo origen es proveniente del rio Cervol, son los culpables.
Es decir, que sólo las condiciones históricas y geográficas específicas de Morella son las que marcan la diferencia en el sabor de los flaons. Además, es probable que estas también sean las que permiten que el dulce aguante varios días sin empeorar su calidad.
Por este motivo, vale la pena visitar la zona y llevarse un trozo de la historia gastronómica del lugar. O dos. O tres.
