Celebrities

Ariana Grande se aparta de la vida pública tras años de escrutinio sobre su físico

La cantante ha decidido dar un paso atrás cuando termine su gira para proteger su bienestar tras años de comentarios constantes sobre su cuerpo y su vida privada

Ariana Grande ha decidido poner distancia entre ella y el foco mediático. Cuando concluya su gira Eternal Sunshine Tour el próximo 1 de septiembre en Londres, la cantante y actriz se apartará durante un tiempo de los actos promocionales, las apariciones y otros trabajos de exposición pública. No se trata, al menos por ahora, de una retirada definitiva de la música o de la interpretación, sino de una pausa con el fin de proteger su bienestar después de años de escrutinio ininterrumpido.

La decisión la ha comunicado su representante, que ha explicado que Grande desea terminar la gira “feliz y con buena salud” antes de tomarse un descanso de una actividad pública que ha provocado un examen constante de su aspecto, su cuerpo y su vida personal. Su equipo también ha subrayado que la experiencia de la gira ha sido positiva y que la cantante ha disfrutado del reencuentro con sus seguidores.

El anuncio supone además la renuncia a uno de sus proyectos más esperados. La artista ya no protagonizará junto a Jonathan Bailey la reposición londinense del musical de Stephen Sondheim Sunday in the Park with George, prevista para el verano de 2027 en el Barbican Centre. La productora ha confirmado que el montaje seguirá adelante con otra actriz y ha expresado su comprensión y apoyo a la artista.

La noticia llega en un momento profesional aparentemente inmejorable. Tras consolidar su faceta como actriz con Wicked, obtener una nominación al Oscar y regresar a los escenarios, Grande se encontraba en plena promoción de Petal, su octavo álbum de estudio. Sin embargo, el lanzamiento de su videoclip homónimo volvió a desviar la conversación desde su trabajo hacia su apariencia física. Fotografías, fotogramas y actuaciones fueron analizados en redes sociales como si el cuerpo de la cantante fuera un asunto abierto a diagnóstico colectivo.

La preocupación también puede invadir

Buena parte de los comentarios sobre Ariana Grande se ha presentado durante años bajo la apariencia de la preocupación. Seguidores, tertulianos y usuarios anónimos han especulado sobre su peso y su estado de salud, con frecuencia sin información médica ni conocimiento de sus circunstancias personales. Ese tipo de discurso plantea una paradoja. Aunque pueda partir de una intención aparentemente empática, convierte el cuerpo de una persona en un objeto de vigilancia pública. La artista deja de ser observada por lo que crea y empieza a ser interpretada a través de su aspecto: si está más delgada, si ha cambiado su rostro, si parece cansada o si responde a los cánones que otros consideran saludables.

La prensa internacional ha coincidido en señalar que el detonante inmediato de la pausa ha sido la intensificación de ese escrutinio. Reuters, The Guardian, The Independent, Euronews y la cadena australiana ABC han relacionado el anuncio con el debate surgido alrededor del videoclip de Petal y con años de especulaciones acerca de su cuerpo.

No es la primera vez que Grande pide que se detenga este tipo de conversación. En 2023 publicó un mensaje en el que advertía de que comparar el cuerpo actual de una persona con el que tenía en otra etapa podía resultar profundamente dañino. Explicó entonces que la imagen que muchos usuarios identificaban como su versión «más sana» correspondía, en realidad, a un periodo especialmente difícil de su vida.

En una entrevista posterior, la cantante describió la sensación de haber sido observada como si fuera un espécimen desde que era adolescente. También cuestionó la facilidad con la que el público comenta la ropa, el rostro o el cuerpo de otras personas y calificó esa costumbre de peligrosa.

El precio de estar siempre disponible

El caso de Ariana Grande refleja una transformación más amplia en la cultura de la celebrity. Durante décadas, alcanzar el éxito significaba ocupar constantemente el espacio público: conceder entrevistas, asistir a estrenos, protagonizar campañas, publicar en redes y mantener una conversación permanente con los seguidores. Las plataformas digitales llevaron esa lógica un paso más allá. La estrella dejó de aparecer únicamente cuando estrenaba un disco o una película y pasó a estar disponible las veinticuatro horas: fotografiada al salir de un restaurante, examinada en cada alfombra roja y convertida en tendencia ante cualquier cambio físico.

La relación entre celebrities y público parece cercana, pero esa proximidad es engañosa. Ver diariamente el rostro de una artista no significa conocer su estado de salud. Seguir su carrera desde la adolescencia tampoco concede el derecho a reclamar explicaciones sobre su cuerpo. En este nuevo escenario, desaparecer se ha convertido en una forma de recuperar el control. La privacidad, antes considerada incompatible con la fama, funciona ahora como un límite necesario. La pausa de Grande no responde únicamente al cansancio de una gira, sino al desgaste de vivir bajo una observación que interpreta cada imagen como una prueba y cada silencio como una confesión.

Existe otra dimensión especialmente reveladora. Petal aborda, entre otros asuntos, la relación conflictiva de la cantante con la fama, el juicio público y los medios. El videoclip presenta a una aspirante a artista sometida a comentarios crueles sobre su aspecto y a especulaciones sobre supuestas intervenciones estéticas. Sin embargo, la reacción generada por la pieza reprodujo en la vida real el mismo comportamiento que la obra pretendía cuestionar.

La conversación volvió a centrarse en si Grande parecía saludable, no en lo que estaba intentando contar. La artista creó una obra sobre la violencia de ser observada y terminó nuevamente observada de manera violenta. Ese desplazamiento resulta habitual en el tratamiento mediático de las mujeres famosas. Sus cuerpos se convierten en indicadores públicos de éxito, estabilidad, maternidad, envejecimiento o sufrimiento. Adelgazar, engordar, cambiar de peinado o aparecer sin maquillaje puede generar más titulares que un nuevo proyecto profesional.

La cobertura internacional también ha mostrado las contradicciones de ese sistema. Algunos medios han tratado de contextualizar la decisión y recordar las peticiones anteriores de Grande para que no se comenten cuerpos ajenos. Otros han amplificado nuevamente las especulaciones que forman parte del problema, reproduciendo opiniones de terceros sobre una supuesta condición médica que la artista no ha confirmado.

Una pausa, no un adiós

Por ahora, el alcance exacto del descanso no está definido. Su representante ha hablado de alejarse de los trabajos y apariciones públicas después de la gira, pero no ha anunciado cuánto durará la pausa ni ha afirmado que Grande vaya a abandonar definitivamente su carrera. La formulación elegida —”dar un paso atrás de la visibilidad”— sugiere más bien una renegociación de la relación con la fama. La cantante todavía debe completar sus últimos conciertos en Estados Unidos y una residencia de diez noches en el O2 Arena de Londres, donde cerrará la gira el 1 de septiembre. Después llegará el silencio, al menos en su forma más pública.

Su decisión nos hace preguntarnos cuántas veces debe una mujer pedir que no se opine sobre su cuerpo antes de que esa petición sea respetada. Ariana Grande no ha anunciado que deje de crear, ha anunciado que dejará de exponerse. La diferencia es importante. En una industria que convierte la atención en dinero y la intimidad en contenido, apartarse del foco puede ser uno de los pocos gestos que todavía permiten a una estrella decidir qué parte de sí misma pertenece realmente al público.

TAGS DE ESTA NOTICIA