Sumiller

Lara Cerlini: “Me inspiran mujeres que han construido su espacio en la gastronomía con carácter”

Jefa de sala y sumiller de L’Antiquari Gastronòmic, Cerlini convierte el servicio en un relato íntimo donde vino, memoria y hospitalidad dialogan con la cocina de Yordi Martínez Ruiz

Formada en Verona y afincada en Barcelona, Lara Cerlini entiende la sala como un lugar de encuentro, atención y emoción. En L’Antiquari Gastronòmic, el proyecto que comparte con el chef Yordi Martínez Ruiz, su mirada acompaña una cocina de memoria, técnica clásica, fondos, salsas, producto local e influencias asiáticas. El restaurante, recientemente trasladado al barrio de Gràcia, mantiene una escala íntima —solo 14 comensales— que permite construir una experiencia cercana, pausada y profundamente personalizada.

Como sumiller, Lara no busca únicamente etiquetas, sino relatos capaces de ampliar el sentido del menú degustación de 15 pases. Su carta reúne pequeñas joyas, autores discretos y nombres reconocidos con una misma idea de autenticidad. En un proyecto distinguido con la Recomendación Michelin en 2025 y 2026 y elegido en 2024 como el número 1 de España por crítica y usuarios de The Fork, Lara representa la parte líquida y emocional de L’Antiquari; una hospitalidad elegante, sutil y consciente, pensada para que el comensal recuerde la experiencia completa. Charlamos con ella.

Lara, antes de hablar de L’Antiquari, ¿cuál es tu primer recuerdo alrededor de una mesa?

Una comida familiar, un olor, una casa, una persona… Mi primer recuerdo está con mi abuela por parte de mi padre. Pasé mucho tiempo con ella cuando era niña y recuerdo estar en su cocina durante horas. De hecho, yo le ayudaba a preparar la comida y buscaba siempre pasar tiempo con ella; estar en la cocina juntas era de los momentos más divertidos. Justamente por eso, no hacía falta llamarme para sentarme a la mesa, ya que estaba con ella durante toda la preparación.

Tengo recuerdos muy cercanos al corazón. Si lo pienso ahora, todavía puedo recordar el olor de su cocina.

Te formaste en Verona. ¿Qué tiene Italia que educa de forma tan natural el paladar y la manera de entender la hospitalidad?

Italia tiene una forma muy natural de enseñar la hospitalidad: el respeto por el producto, por la temporada y por la mesa como lugar de encuentro. Es algo que no se aprende solo en una escuela, sino en casa, en la vida cotidiana. Y eso marca mucho la manera de entender el servicio y la comida.

También hay una relación muy directa con el tiempo: se cocina para compartir, no para impresionar, y eso genera una forma de estar en la mesa mucho más auténtica y consciente.

¿Qué plato de tu infancia volverías a comer ahora mismo tal y como era entonces? ¿Hay algún sabor que te transporte inmediatamente a casa?

En casa, los domingos eran muy importantes. Comíamos conejo y polenta, o spiedo arrosto (asado en espetón). Son sabores muy ligados a la familia, a la tradición y a ese tipo de cocina que se hace sin prisa, con tiempo y con mucha presencia.

¿En qué momento supiste que querías adentrarte en este mundo?

Siempre he sido muy testaruda. Desde que salí de casa de mis padres a los 18 años, he hecho siempre lo que he querido. Si quiero algo, voy a por ello. Y cuando eres joven, eso te abre muchos caminos. Empecé como camarera y, más tarde, con solo 22 años, fui directora de un restaurante en una zona muy importante del centro de Verona. No podría haber estado más contenta en ese momento. Para llegar ahí me acerqué al mundo del vino, y ahí descubrí una pasión que cambió completamente mi manera de entender esteoficio. A partir de ahí supe que quería seguir creciendo en este mundo, con la idea de algún día poder crear algo propio.

Ese sueño se hizo realidad hace casi tres años, en un país que no es el mío, y ha sido la confirmación de que ese impulso inicial – la testarudez, la intuición y la constancia – me han traído exactamente hasta donde tenía que estar.

L’Antiquari es un restaurante de solo 14 comensales. ¿Qué se puede contar en una sala pequeña que se pierde en una sala grande?

Más que el tamaño en sí, lo importante es la intención con la que se vive la sala. Aunque sea un espacio amplio, al trabajar con tan pocos comensales, cada mesa se convierte en su propio foco. Eso nos permite crear una experiencia donde cada persona tiene su momento y su espacio para desconectar de todo lo demás. No hay ruido visual ni sensación de prisa: la atención está realmente puesta en la mesa.

Y precisamente por eso trabajamos con pocos comensales: nos gusta tener tiempo para dedicarle a cada mesa, poder acompañar la experiencia de forma cercana y cuidada

La cocina de Yordi mezcla memoria, fondos, salsas, técnica clásica, producto local e influencias asiáticas. ¿Qué es lo que más te emociona a ti de esa manera de cocinar?

Yordi es pasión y una cierta locura, y por eso me enamoré de él. Como persona se refleja completamente en su cocina. Me emociona su creatividad, su precisión y esa búsqueda constante de lo familiar, de los recuerdos y de la memoria.

Es una cocina muy viva, con mucha energía, donde todo tiene intención pero también libertad. Hay algo muy honesto en cómo entiende el sabor y cómo lo construye. Es fuego, en el mejor sentido: intensidad, verdad y una forma muy personal de expresar quién es.

Como sumiller, ¿qué buscas en un vino?

Busco historias. Busco sorprender. Aquí en L’Antiquari el vino nunca ha sido una fórmula. Lo elijo como elegimos nuestros ingredientes: con respeto, curiosidad y ganas de contar algo.

Nuestra carta reúne pequeñas joyas de autores discretos y apasionados, junto a nombres reconocidos que han demostrado que hacer las cosas bien no es una excepción, sino un compromiso. De laviña más humilde al gran terroir, lo que une a todos es la autenticidad.

¿Cuál ha sido el restaurante que más te ha marcado como comensal?

Aquí en Barcelona, dos experiencias muy distintas pero igualmente memorables: Celler de Can Roca y Enigma. Cada uno, desde su lenguaje, me ha marcado por la forma en que entienden la experiencia completa en sala (y en todo el resto).

¿Qué chefs te interesan especialmente ahora mismo y por qué?

En Barcelona, me inspiran especialmente Albert Adrià y Oriol Castro, por su manera de entender la creatividad con precisión, y por cómo han construido lenguajes propios muy reconocibles, sin dejar nunca de reinventarse.

Cuando viajas, ¿eres de reservar restaurantes con meses de antelación o de dejarte llevar por mercados, bares y sitios encontrados por casualidad?

Un poco de ambas cosas. Suelo mirar guías y organizarme con antelación, pero me gusta mucho dejar espacio a la improvisación. Descubrir lugares menos conocidos, seguir intuiciones y dejarme llevar cuando estoy en destino.

¿Qué destino te ha cambiado la forma de mirar la gastronomía?

España. Desde que estoy aquí, mi cultura gastronómica se ha enriquecido muchísimo. Es un país que te obliga a mirar la gastronomía desde muchos ángulos.

¿Y ciudad te inspira más, aunque no sea necesariamente por su gastronomía?

Noruega. Me fascina.

¿Qué música sonaría en tu noche perfecta y con qué vino o plato la acompañarías?

Jazz y R&B. Y probablemente un buen champagne.

Para alguien que sale por primera vez de L’Antiquari, ¿qué te gustaría que recordara al día siguiente: un plato, un vino, una sensación, una conversación…?

La experiencia completa. Siempre digo que nuestro restaurante es como un círculo: empieza con un saludo, continúa con platos y vinos, y termina con emociones. Sala, cocina y equipo funcionan como una coreografía.

Como mujer, sumiller, jefa de sala y empresaria, ¿has sentido que has tenido que demostrar más para ocupar tu lugar? ¿Qué mujeres de la gastronomía te inspiran hoy?

Sí, y todavía siento que en algunos momentos me tengo que reafirmar más para ocupar mi lugar. Pero es algo que asumo con naturalidad: voy a por ello, sin dudar.

Me inspiran mujeres que han construido su espacio en la gastronomía con carácter, criterio y mucha constancia, sin perder identidad. A Clare Smyth la sigo desde hace muchos años en sus restaurantes, y es un ejemplo precioso de una mujer que se ha afirmado con fuerza y elegancia en un mundo históricamente muy exigente. Su precisión, su liderazgo y la sensibilidad con la que trabaja me parecen muy inspiradores.

También me he inspirado muchísimo en las mujeres con las que he compartido camino a lo largo de los años: compañeras de trabajo en sala, en vino y en cocina, que hacen un trabajo hermoso cada día. Muchas veces desde la discreción, pero con una dedicación, una intuición y una pasión que sostienen por completo este oficio.

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