Moda

Marisa Selfa, la mujer que quiere llevar la moda sostenible al uniforme que vestimos 40 horas a la semana

Tras más de 25 años en la moda, Marisa Selfa se propone transformar el uniforme desde el diseño, la sostenibilidad y el propósito

Después de desarrollar su carrera en compañías como Levi’s, Adidas, Timberland, Ecoalf o North Sails, Marisa Selfa detectó una contradicción que la industria apenas había abordado. Mientras las marcas invertían cada vez más en mejorar la sostenibilidad de sus productos, los uniformes seguían comprándose como una simple partida de coste, con poca atención al diseño, la calidad, la trazabilidad o su final de vida. Una prenda que se lleva durante horas cada día seguía siendo, en muchos casos, el gran olvidado de la conversación sobre moda y sostenibilidad.

Esa reflexión está en el origen de Impact Tailors, el proyecto con el que Selfa quiere replantear el vestuario profesional desde una mirada más actual. Su propuesta entiende el uniforme como una herramienta de identidad, bienestar y orgullo de pertenencia, capaz de representar a una compañía sin anular a quien lo lleva. Diseño, comodidad, inclusión, durabilidad e impacto positivo se convierten así en partes de una misma ecuación.

Has trabajado durante más de veinte años en algunas de las marcas más reconocidas de la industria. ¿Qué viste desde dentro que te hizo pensar que el uniforme era el gran olvidado de la conversación sobre moda y sostenibilidad?

Vi una enorme contradicción. Las empresas dedicaban cada vez más recursos a mejorar la sostenibilidad de los productos que venden, pero siguen comprando los uniformes de sus propios equipos como una simple partida de coste: con poca atención al diseño, a la calidad, a la trazabilidad o a su final de vida. Cuando estaba en moda, hablábamos continuamente que es una de las industrias más contaminantes, igual a todo el transporte aéreo, marítimo y terrestre junto. El uniforme es el gran punto ciego, con un impacto aún peor que la moda ya que es obligatorio para los trabajadores y hay que reemplazarlos en meses. Y al final, acaban en vertederos… Este sector necesita una disrupción, y entendí que transformarlo era una gran oportunidad.

Pasamos alrededor de cuarenta horas semanales vestidos con un uniforme y, sin embargo, casi nunca lo consideramos moda. ¿Por qué hemos aceptado que una prenda que se lleva tanto tiempo pueda ser incómoda, poco favorecedora o estar confeccionada con tejidos de baja calidad?

Porque durante demasiado tiempo se ha diseñado el uniforme pensando en la compra y no en la persona que va a llevarlo. Se ha priorizado el precio unitario, olvidando el coste que tiene una prenda incómoda, una mala imagen o un equipo que no se siente bien representado. Y eso sin hablar del impacto medioambiental que tienen las prendas baratas con tejidos incómodos, a veces tóxicos y fabricados tan baratos al no pagar salarios dignos… El uniforme debe considerarse una herramienta de creación de marca para las empresas y bienestar, identidad y orgullo de pertenencia para los empleados.

 ¿Qué debe tener un uniforme para que una mujer se sienta elegante y reconocible, y no disfrazada o anulada por la imagen de la empresa?

Debe respetarla antes de representarla. Eso significa trabajar bien el patronaje, las proporciones, los tejidos, el movimiento y los pequeños detalles que hacen que una prenda favorezca de verdad. Pero también ofrecer alternativas, porque no todas las mujeres tienen el mismo cuerpo, la misma edad ni la misma relación con la ropa.
Una buena identidad corporativa no debería anular a la persona. El mejor uniforme consigue que alguien piense: “Sigo siendo yo, pero represento con orgullo a esta compañía”. Y si me permites, debe ser lo mismo para los hombres…

La moda habla constantemente de identidad y expresión personal. ¿Es posible conservar algo de esa individualidad cuando todos los miembros de un equipo tienen que vestir igual?

Sí, porque uniformidad no tiene por qué significar homogeneidad. Una colección puede compartir un lenguaje común —colores, materiales, siluetas o determinados elementos de diseño— y, al mismo tiempo, permitir distintas combinaciones, cortes y maneras de llevarla. La identidad colectiva debe funcionar como un marco, no como una imposición. Así es como trabajamos en Impact Tailors, dando identidad a cada área de una misma empresa.

Has sido CEO de Ecoalf y has pasado por firmas como Levi’s, Adidas o Timberland. ¿Qué aprendiste en esas compañías sobre diseño, producto y sostenibilidad que ahora aplicas en Impact Tailors? ¿Y qué prácticas de la industria decidiste no reproducir?

Aprendí que un buen producto nace cuando diseño, funcionalidad, calidad y propósito trabajan juntos. De Levi’s aprendí el poder de crear productos relevantes y duraderos; de Adidas, la importancia de la innovación y el rendimiento; de Timberland, la conexión entre marca y responsabilidad social y medioambiental; y de Ecoalf, que la sostenibilidad puede formar parte del ADN de una empresa. Lo que no quería reproducir era la desconexión entre lo que una empresa comunica y lo que realmente compra, produce o desecha. En moda, aunque realices colecciones lo más sostenibles posible, tienes que ejecutar un modelo de negocio que se basa en vender más, a mejores márgenes y con inventarios que acaban siendo un problema para el planeta… En Impact Tailors no incorporamos el impacto al final: empezamos a diseñar desde él. El propósito de crear producto con impacto positivo comienza al principio. Y sólo producimos lo que los clientes nos piden… no hay inventarios en almacenes esperando a ser vendidos que al final se convierten en un problema…

Un uniforme tiene que adaptarse a edades, cuerpos y siluetas muy diferentes. ¿Cómo se diseña una colección verdaderamente inclusiva sin caer en prendas impersonales que no favorecen a nadie?

La inclusión no se consigue simplemente ampliando una tabla de tallas. Requiere desarrollar diferentes patrones, estudiar cómo cambia una prenda según el cuerpo, observar a las personas mientras trabajan y ofrecer varias siluetas dentro de una misma identidad visual. Diseñar para todos no significa crear una prenda neutra que no favorezca a nadie. Significa construir una colección suficientemente inteligente y flexible para que personas diferentes puedan reconocerse en ella. Y, sobre todo, escuchando mucho a los clientes y probando las prendas sobre cuerpos reales.

¿Qué significa para ti producir desde España y qué capacidades conserva nuestro país en diseño, confección e innovación textil?

Producir desde España significa recuperar proximidad y capacidad de decisión. No se trata necesariamente de fabricar aquí absolutamente cada componente, sino de diseñar, desarrollar, innovar y construir cadenas de suministro mucho más cercanas y transparentes. España conserva un extraordinario talento creativo, talleres con décadas de experiencia, conocimiento técnico, agilidad para desarrollar pequeñas series y un ecosistema creciente de innovación en materiales y circularidad. ¿El gran reto? El precio. A todos nos encanta la idea de comprar producto nacional. Sin embargo, no todos estamos dispuestos a pagar más.

 Después de dirigir grandes compañías, ¿qué te ha sorprendido de convertirte en fundadora? ¿Emprender te ha permitido liderar de una forma más personal o más coherente con tus valores?

¡Estoy feliz! Aunque hay momentos que me ponen a prueba… Cuando eres fundadora no existe una gran estructura que amortigüe las decisiones: cada cliente, cada problema y cada oportunidad llegan directamente a ti. Y esto es un gran cambio acostumbrada a grandes equipos en los que puedes delegar casi todo. Pero también existe una libertad extraordinaria. Puedo construir una empresa desde el principio alrededor de aquello en lo que creo: un producto excelente, relaciones honestas y un impacto positivo que dejamos para futuras generaciones. Emprender me ha hecho más humilde, más valiente y más consciente de cada decisión. Liderar con coherencia no siempre es el camino más fácil, pero sí el único que merece la pena para mí.

¿Cómo es tu propio “uniforme” cotidiano? ¿Qué prendas repites cuando necesitas sentirte segura, cómoda y bien vestida durante una jornada larga?

Me gusta sentirme elegante, pero nunca condicionada por lo que llevo. Viajo, presento proyectos, visito fábricas y participo en reuniones muy diferentes, por lo que necesito prendas versátiles que funcionen en todos esos contextos. Para mí, vestirse bien no consiste en llamar la atención sobre la ropa, sino en conseguir que la ropa te permita estar completamente presente. Mi uniforme suele partir de prendas sencillas que me permitan estar cómoda ya que a veces en un mismo día tengo reuniones fuera de la oficina, luego un cliente en el showroom y acabo en un evento.

¿En quién te inspiras? ¿Hay alguna diseñadora, empresaria, artista o mujer de tu entorno cuya forma de vestir o de ejercer el liderazgo haya influido especialmente en ti?

Me inspiran las mujeres que ejercen el liderazgo desde la coherencia y no desde el protagonismo. Sylvia Earle es una de ellas: por su conocimiento, su valentía y su capacidad para defender durante décadas aquello en lo que cree sin perder la curiosidad ni la esperanza. También me inspiran muchas mujeres de mi entorno profesional que están transformando industrias desde posiciones menos visibles. Cada vez admiro menos los liderazgos que son “perfectos” y más a quienes son capaces de unir ambición, humanidad y acción real.

Después de tantos años dedicada a la moda, ¿ha cambiado tu manera de comprar? ¿Qué preguntas te haces antes de incorporar una prenda a tu armario?

Ha cambiado radicalmente. No puedo ni explicarte la cantidad de ropa que he comprado en el pasado que no necesitaba. Ahora compro mucho menos y apoyo a las marcas que considero más éticas y responsables. Antes de adquirir una prenda me pregunto si realmente la necesito, cuántas veces voy a utilizarla, si combina con lo que ya tengo, cómo está confeccionada y si seguiré queriendo ponérmela dentro de varios años. No creo que la solución sea dejar de disfrutar de la moda, sino recuperar el valor de elegir. Cada compra es una pequeña decisión sobre el tipo de empresa que queremos apoyar y, como resultado, el futuro que queremos.

Si pudieras rediseñar el uniforme de cualquier profesión —desde una tripulación aérea hasta el personal sanitario o de un hotel—, ¿cuál elegirías y qué cambiarías primero?

Actualmente trabajamos con hoteles, centros sanitarios, servicios generales y eventos (un sector donde todavía existe demasiado merchandising de usar y tirar), y estamos empezando a colaborar con parques temáticos y la industria del entretenimiento. También estamos hablando con aerolíneas, que podrían generar un enorme impacto positivo si transformaran no solo sus uniformes, sino también sus mantas, neceseres y amenities. Pero ¿nos hemos parado de verdad a mirar cómo van vestidos nuestros hijos al colegio? El mío tenía que llevar incluso corbata y unos jerséis de poliéster: puro plástico en contacto con su piel durante horas. Prendas que transpiran mal, resultan incómodas y no están pensadas para que un niño corra, juegue, aprenda y no se sienta “disfrazado de mayor”. Empezaría por sustituir los tejidos sintéticos innecesarios, mejorar el diseño y la comodidad, y crear prendas duraderas, reparables y pensadas para poder reutilizarse entre hermanos o alumnos. No podemos hablarles de sostenibilidad en el aula mientras los vestimos cada mañana con plástico. La pregunta no es si podemos transformar el uniforme escolar. La pregunta es por qué todavía no lo hemos hecho.

TAGS DE ESTA NOTICIA