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No es solo echarlo en la cara: cómo usar bien el sérum para que funcione y no pierdas el efecto

El sérum debe ir siempre después de la limpieza y antes de la crema. Además, eliminar impurezas y exceso de sebo es esencial para su absorción

Mujer se aplica un serum facial

En el universo del cuidado facial, el sérum se ha convertido en un imprescindible. Texturas ligeras, fórmulas concentradas y promesas de resultados visibles lo han elevado a producto estrella. Sin embargo, uno de los errores más comunes sigue siendo el mismo: aplicarlo sin saber cómo ni cuándo, reduciendo drásticamente su eficacia. Porque no, usar un sérum no es solo “echárselo en la cara”. Detrás hay ciencia cutánea, y entenderla marca la diferencia entre un producto que funciona y otro que se queda en la superficie.

Qué es un sérum y por qué no actúa como una crema

El sérum es un tratamiento altamente concentrado en ingredientes activos, con moléculas más pequeñas que las de una crema hidratante. Esto le permite penetrar mejor en la piel y actuar en capas más profundas. Mientras la crema está pensada para sellar, proteger y evitar la pérdida de agua, el sérum tiene una función más terapéutica: iluminar, hidratar en profundidad, combatir arrugas, manchas o acné, según su formulación.

El problema aparece cuando se usa como si fuera una crema más, sin tener en cuenta cómo absorbe la piel.

La clave está en la humedad: así funciona la absorción cutánea

La piel no absorbe igual cuando está seca que cuando está ligeramente húmeda. Desde un punto de vista científico, la barrera cutánea —formada principalmente por lípidos— se vuelve más permeable en presencia de agua. Esto facilita la entrada de los activos del sérum, especialmente aquellos de base acuosa como el ácido hialurónico, la niacinamida o los péptidos.

Aplicar el sérum sobre la piel completamente seca puede hacer que:

  • Se evapore más rápido.
  • Penetre menos.
  • Se desperdicie parte del producto.

Por el contrario, usarlo con la piel ligeramente humedecida (tras la limpieza o después de un tónico) mejora notablemente su eficacia. El agua actúa como un vehículo de transporte, ayudando a que los ingredientes activos se desplacen mejor a través del estrato córneo.

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El orden sí importa (y mucho)

Otro error frecuente es el orden de aplicación. El sérum debe ir siempre después de la limpieza y antes de la crema. Limpiar elimina impurezas y exceso de sebo que bloquean la absorción. El sérum actúa. Y la crema, finalmente, sella el tratamiento para evitar la pérdida de agua y mantener los activos donde deben estar.

Saltarse la crema después del sérum es uno de los fallos más comunes. Sin una capa oclusiva ligera, muchos ingredientes activos se pierden por evaporación, especialmente en ambientes secos o con calefacción.

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Cuánta cantidad usar (spoiler: menos de lo que crees)

Más producto no significa más efecto. De hecho, puede ser contraproducente. Dos o tres gotas son suficientes para todo el rostro. Usar demasiado puede saturar la piel, provocar brillos innecesarios e incluso irritación.

La aplicación también cuenta: lo ideal es presionar suavemente con las manos, no frotar con fuerza. El calor corporal ayuda a la absorción y evita arrastrar el producto.

No todos los sérums se aplican igual

Aunque la regla de la piel ligeramente húmeda funciona en la mayoría de los casos, hay excepciones. Los sérums con retinoides o ácidos exfoliantes suelen recomendarse sobre la piel seca para reducir la irritación. En estos casos, esperar unos minutos tras la limpieza es clave para proteger la barrera cutánea.

Por eso es importante leer la formulación y adaptar la rutina al tipo de activo, no aplicar todos los productos de forma automática.

La eficacia está en el gesto, no solo en la fórmula

Un buen sérum puede perder todo su potencial si se usa mal. Entender la ciencia de la absorción cutánea, respetar la humedad de la piel y aplicar el producto en el orden correcto transforma por completo los resultados. Al final, no se trata de gastar más, sino de aplicar mejor. Porque en cosmética, el cómo importa tanto como el qué.

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