Patricia García llegó a la hostelería para ayudar a su hermano, el cocinero Sergio García, pero pronto comprendió que aquel proyecto también podía ser su propio camino. En la sala encontró un lenguaje desde el que combinar gestión, psicología, hospitalidad y visión de negocio, y convirtió una historia familiar marcada por la enfermedad y por una donación de médula en una manera consciente de trabajar y cuidar a los demás.
Hoy, desde Muyummy Social Club, defiende una gastronomía sin barreras, construida desde Coslada y alejada de las fórmulas dictadas por el centro de Madrid. Su participación como jefa de sala en el homenaje gastronómico a Rosa Tovar, que se celebrará el 19 de julio en Brutalista, refuerza una convicción que atraviesa toda su trayectoria: la cocina no termina en el pase, sino que adquiere sentido cuando la sala consigue transformar una propuesta en emoción, conversación y memoria compartida. Hablamos con ella.
Me ha dado una perspectiva clara de lo que es urgente o ruido, capacidad de resiliencia y ética. Trabajo con la convicción de quien sabe que cada día cuenta. Mi forma de cuidar a los demás nace cuando entiendo perfectamente el valor de los momentos que compartimos.
“Mi forma de cuidar a los demás nació cuando entendí el valor de los momentos que compartimos”
¿Has dicho que trabajar con él es una manera de devolverle parte de lo que recibiste. ¿Cómo se convive con un vínculo familiar tan profundo dentro de un proyecto profesional?
Con límites claros, nuestra relación familiar e historia es la base, pero nuestro proyecto es una empresa. Roles definidos y exigencia mutua. Por supuesto, como en toda relación, tienes momentos en los puedes ver las cosas desde diferentes perspectivas y dar lugar a conflictos y desacuerdos. Sin embargo, también hay una confianza ciega y recompensas personales muy gratificantes.

Yo veo a los cocineros como artesanos del gusto, y lo que intento es eliminar las distracciones que no contribuyen a su talento y sean una carga externa. Que pueda estar centrado en ejecutar y dar vida a su creatividad.
¿Qué has descubierto de tu hermano como cocinero que quizá no conocías de él como hermano?
Aunque tu territorio principal es la sala, ¿de qué manera también se “cocina” una experiencia desde la sala?
La cocina no termina en el pase, la experiencia se cocina en la sala mediante su gestión, el ambiente y la psicología con el comensal. La sala es donde la propuesta se convierte en emoción. Si la sala no tiene criterio, la cocina pierde su sentido. Creo que cocinar una experiencia es saber leer a cada persona que se sienta en tu mesa.
¿Por qué crees que el trabajo de sala sigue teniendo menos reconocimiento que el de cocina?
Porque se ha vendido la idea de que lo único difícil son las sartenes. Es un prejuicio anticuado, la sala requiere una gestión de crisis, inteligencia emocional y una capacidad de un alto nivel que muchos no quieren reconocer. Afortunadamente, la tendencia está cambiando y el comensal busca la experiencia completa… y no solo el plato.
“La sala requiere gestión de crisis, inteligencia emocional y una capacidad de un alto nivel”
¿Has sentido que, por ser mujer, has tenido que demostrar más autoridad o preparación en la hostelería?
Más que sentir que el hecho de ser mujer me obligue a demostrar más, creo en el estándar de excelencia profesional, y ese estándar es el mismo para todos. Es cierto que el sector ha tenido una carga histórica, pero he tenido la suerte de rodearme de compañeros y referentes que valoran el criterio por encima de cualquier otra etiqueta. No busco el reconocimiento externo, sino los resultados sobre en lo que trabajo cada día. Los tiempos han cambiado, sí, pero creo que el respeto en esta profesión no se pide, se gana con tu trabajo.
¿Por qué decidisteis cerrar vuestro primer proyecto y empezar de nuevo con Muyummy Social Club?
Teníamos muy claro que queríamos un formato que nos permitiera trabajar con total libertad, sin las ataduras de un restaurante de consumo masivo. Queríamos un espacio que fuera una extensión de nosotros, no una réplica de lo que dicta el mercado. Queremos disfrutar de nuestro trabajo teniendo una calidad de vida saludable. La vida son decisiones y vida solo hay una.

¿Qué queríais cambiar en la relación entre el restaurante y el comensal con este nuevo concepto?
Eliminar la cuarta pared que lo separa todo, crear un hogar para todo el que así lo quisiera sentir. Queríamos que el comensal dejara de ser un observador y se sintiera parte del proceso. En Muyummy la jerarquía desaparece, la cocina está abierta y el servicio es una conversación, no una entrega de producto.
¿En vuestro espacio una persona puede ir a comer sola y sentirse acompañada por catorce desconocidos. ¿Cómo se consigue crear esa conexión?
Diseñando el entorno adecuado, la conexión no es azar es igual que una coreografía. Cuando rompes la rigidez, cuando eliminas las mesas aisladas, la barrera social cae. Mi papel es dinamizar, crear el clima y dejar que el trabajo de mi hermano haga el resto.
“Defender la gastronomía en Coslada es un acto de resistencia, construimos comunidad desde la gastronomía en nuestro barrio de toda la vida”
El prejuicio del destino, se cree que solo se puede comer bien si te desplazas a un lugar céntrico a excepción de cierto número de restaurantes gastronómicos de destino. Se ignora que la vanguardia real ocurre lejos de esa burbuja. Algunos siguen pensando que en la periferia el cliente no es sofisticado, pero mi realidad es que tenemos clientes que viajan desde toda la Comunidad de Madrid y alrededores buscando precisamente la honestidad que muchas veces no encuentran en el centro.

¿Hablas del vino como un producto vivo. ¿Cómo has construido una forma tan personal de entenderlo y transmitirlo?
No busco dar una clase magistral, busco conectar a través de las historias que hay detrás, alejándolo de tecnicismos y acercándolo a la realidad y lenguaje de todos. Transmitir el vino para mí es una extensión de mi trabajo en sala, se trata de honestidad y entender la intención del que lo hace, con la misma curiosidad y respeto con el que conozco a una persona. Es un producto vivo que nace del diálogo entre la tierra, el clima y la voluntad de quien lo trabaja y elabora.
“Creo en el estándar de excelencia profesional, y ese estándar es el mismo para todos”
¿Dices que tu trabajo no es solo una profesión, sino tu historia de vida. ¿Qué parte de Patricia existe hoy gracias a la hostelería?
La Patricia de hoy es una estratega nata sin dejar a un lado sus valores, que pone en práctica todo lo que mi historia me enseñó. Siento que mi disciplina y resiliencia es mi mejor forma de libertad. La gastronomía me ha exigido lo mejor de mí misma y me ha dado la oportunidad para convertir mi experiencia personal en una propuesta profesional con solidez y creativa. Hoy no solo sirvo mesas como comencé hacerlo en 2019, doy forma a mi pasión y mis sueños. Y eso con 36 años es uno de los más grandes orgullo que puedo tener.

