En primera persona

Alejandra Salvat: “Sin rendición de cuentas no habrá fin de la violencia ni reconciliación en Líbano”

“En la guerra he visto lo peor y lo mejor de la condición humana”, admite la jefa de la delegación de Cruz Roja Española en Líbano tras seis años de intenso trabajo humanitario

Hay un número contado de países que por su estética, su historia o su gente, o todo junto, acaban siendo destino vital para quienes se aproximan a ellos como viajeros o por motivos profesionales o académicos. A pesar de que para muchos de sus hijos haber nacido en esta franja de terreno tallada de montañas, el Líbano es, sin duda, uno de esos lugares. Y lo es, seis años después de su llegada, para la cooperante española Alejandra Salvat Ballester.

Llegada en el verano de 2019 a Beirut, en el origen mismo de un sexenio de crisis sucesivas -la revolución del 17 de octubre, la explosión del puerto de Beirut, la crisis bancaria, la guerra; acaso la historia del país levantino desde mediados de los 70 no es sino la de una crisis permanente- que concluye, por ahora, con una guerra sin final a la vista, Salvat dirige desde entonces la pequeña delegación la Cruz Roja Española, discreto orgullo de nuestro país, en el Líbano.

Como el resto del país, Salvat y su equipo viven estos días –la guerra regresó el último día de febrero como escenario de batalla de la contienda que emprendieran EEUU e Israel contra la República Islámica de Irán- a salto de mata, tratando de apagar un fuego tras otro, conscientes de que todo esfuerzo siempre es poco en unas circunstancias como las actuales. “Llevamos más diez años trabajando aquí marcados por la adaptación constante a las circunstancias”, explica a Artículo14 la cooperante española desde la oficina en Beirut de la entidad, que se afana en colaboración con el resto de organizaciones hermanas del movimiento, por paliar las consecuencias de la guerra.

Así, entre las labores y servicios de la Cruz Roja Libanesa apoyadas por la delegación española destacan los servicios de emergencia, el banco de sangre -asegurar la distribución inmediata de unidades de sangre a pacientes afectados por bombardeos-, la distribución de efectivo a familias en situación de calle o la distribución de artículos de primera necesidad, entre otras campañas y acciones. La Cruz Roja Libanesa presume de haber llevado a cabo casi 200.000 servicios a través de sus 13 Unidades Médicas Móviles, las cuales proporcionan atención primaria, distribución de medicamentos esenciales y apoyo psicosocial en localidades remotas o de difícil acceso, con los que se ha atendido a casi 51.000 pacientes.

FOTODELDÍA BEIRUT (Líbano), 09/06/2026.- Una mujer pasa junto a carteles políticos colgados en la pared de una calle de Beirut, Líbano, este martes. Los carteles muestran una mano decorada con los colores de la bandera estadounidense sosteniendo una daga que simboliza a Israel y con el lema «Estados Unidos es una plaga, y la plaga es Estados Unidos». El Ministerio de Salud libanés informó que, hasta el 8 de junio, los ataques israelíes en todo el Líbano habían causado la muerte de más de 3.637 personas y dejado más de 11.188 heridos desde que se reanudaron las hostilidades entre Israel y Hezbolá. EFE/ Wael Hamzeh
Una mujer pasa junto a carteles políticos colgados en la pared de una calle de Beirut, Líbano
EFE/ Wael Hamzeh

Más de 1,2 millones de desplazados internos

Las necesidades son ingentes en un país cuyo Estado se encuentra, desde hace años, en bancarrota técnica; un Estado que no tiene acceso ni control a todo su territorio -10.452 km²: la cifra se ha convertido en un eslogan reivindicativo- como bien saben en la Cruz Roja. Y es que la guerra ha obligado a más de 1,2 millones de personas -el 20% de la población total libanesa- a abandonar sus hogares huyendo de las bombas, sobre todo en el sur del país, también en el valle de la Becá y en el Dahiyeh -suburbio situado al sur de Beirut de mayoría chií donde Hizbulá concentra su base de simpatizantes-, y a buscarse la vida donde pueden en Beirut y otras partes de la geografía libanesa. Según el último balance del Ministerio de Sanidad -que no distingue en sus partes entre civiles y combatientes de Hizbulá-, al menos 3.711 personas han muerto y 11.483 han resultado heridas desde el inicio de la escalada el pasado 2 de marzo.

En realidad, la guerra que libran desde primeros de marzo Israel y Hizbulá, la milicia apéndice de la República Islámica pero también partido y movimiento social y asistencial redentor de la población chií -un Estado dentro del fallido Estado libanés decimos los medios y los académicos una y otra vez-, una guerra ajena para una parte de la población, había comenzado a finales del verano de 2024. Para el presidente libanés, Joseph Aoun, la contienda empezó realmente en 1948, con la misma creación del Estado de Israel, según le dijo la semana pasada a la periodista irano-estadounidense de la CNN Christian Amanpour en Beirut, en la misma entrevista en que denunciaba cómo Israel e Irán han convertido a su país en rehén de un nuevo ciclo de violencia.

Margaliot (Israel), 09/06/2026.- Israeli soldiers on a military vehicle patrol the area near the scene of a security incident where a gunman targeted troops operating in the Ramim Ridge area near Margaliot, along Israel's northern border with Lebanon, 09 June 2026. According to Israel's military, a gunman crossed the border into an Israeli military zone and opened fire on troops before being shot dead by forces at the scene. No Israeli soldiers were injured in the incident. (Líbano) EFE/EPA/ATEF SAFADI
Soldados israelíes en patrulla con vehículo militar
EFE/EPA/ATEF SAFADI

“Lo que llevamos viviendo este conflicto desde hace dos años y medio ha exacerbado todo lo que ya venía pasando, pero la realidad es que desde 2019 el país atraviesa una crisis multidimensional. Gran parte de la población lleva expuesta durante décadas a esta constante violencia, conflictos territoriales, desigualdad, desplazamientos forzosos, etc. Hay un efecto acumulativo de trauma social que afecta en muchos aspectos a la sociedad libanesa”, recuerda la jefa de la delegación de Cruz Roja Española a Artículo14. “Pese a todo, la gente sigue teniendo esa chispa en los ojos, como he podido ver en mis desplazamientos por el sur: es una forma de resistencia”, concluye con emoción la profesional humanitaria española.

Beirut, un refugio a cielo abierto

Lo cierto es que, desde comienzos de marzo, Beirut, una ciudad ya castigada por la superpoblación, la deficiencia de los servicios públicos, la escasez de vivienda asequible, los cortes de electricidad y la contaminación, es una ciudad al límite. Mucho antes de la última campaña israelí, cientos de miles de personas habían huido de sus municipios en el sur, la Becá y el Dahiyeh buscando techo sobre todo en el área metropolitana de la capital y comarcas vecinas con suerte desigual.

Una parte de ellos regresó con la tregua del 27 de noviembre de 2024, pero otra nunca volvió ante el riesgo que nunca se disipó. Con la orden de evacuación emitida el 2 de marzo pasado por los mandos militares israelíes, que afectaba a la población comprendida en todo el área situada entre el río Litani y la frontera provisional con Israel -el 15% de la masa terrestre del Líbano- para miles de familias era un vuelta a empezar después de meses en los que muchos apenas pudieron comenzar la reconstrucción de sus casas.

Tyre (Lebanon), 02/06/2026.- A woman inspects the damage in Jabal Amel Hospital a day after an Israeli air strike that targeted buildings in front of the hospital in Tyre, Lebanon, 02 June 2026. The Lebanese Ministry of Health said that, as of 01 June, Israeli attacks across Lebanon have killed more than 3,435 people and injured more than 10,400, since renewed hostilities between Israel and Hezbollah began. (Líbano, Hizbulá/Hezbolá) EFE/EPA/WAEL HAMZEH
Una mujer inspecciona los daños en el Hospital Jabal Amel.
EFE/EPA/WAEL HAMZEH

El drama humanitario es perceptible en todo Beirut, en especial en el frontal marítimo, de la sofisticada Zeitouna Bay hasta la populosa playa de Ramlet al Baida. “Sólo el 15% de los desplazados se encuentra en los 640 refugios colectivos habilitados por el Estado. Hay una parte de la población que puede quedarse en casas de familiares, y hay otra que se puede permitir pagar el alquiler, pero hay mucha gente que simplemente está en la calle, viviendo en coches, incluidos menores y personas mayores”, explica la joven.

“No hay entidad más respetada que la Cruz Roja”

En medio de la desalentadora situación general del país, Salvat insiste una y otra vez al periodista en el privilegio que supone trabajar para la Cruz Roja cuando se tiene en cuenta que otras muchas entidades e instituciones, desde las Fuerzas Armadas del Líbano hasta la Fuerza Interina de la ONU para el Líbano (FINUL) pasando por una pléyade de organizaciones no gubernamentales de toda la región y el mundo, han sido blanco del fuego israelí y de Hezbolá. “La Cruz Roja Libanesa es la única entidad que puede tener acceso más o menos seguro en estos momentos a todo el territorio nacional”, asevera.

“No hay otra entidad más respetada que la Cruz Roja en el Líbano”, prosigue Salvat. “Tengo muchas anécdotas positivas de todos estos años, como ir con mi coche por sitios muy dispares del país y pararme a una tienda por agua o comida y que no me dejaran pagar al ver el distintivo de la Cruz Roja. Me ocurre a menudo”, evoca.

Los servicios de emergencia transportan el cuerpo de una víctima entre los escombros de un edificio tras un ataque aéreo israelí, en el barrio de Tallet al-Khayat de Beirut, Líbano
EFE/EPA/WAEL HAMZEH

La española no deja pasar la ocasión para reconocer la labor de sus compañeros libaneses de la delegación de Cruz Roja Española, sino de todo el movimiento internacional de la Cruz Roja en el país. “Los libaneses que trabajan en el movimiento soportan un peso muy grande dentro de esta crisis, porque no sólo responden a una emergencia: es su país y sus familiares o amigos están directamente afectados”, enfatiza.

Son también quienes más riesgo asumen, pues son los trabajadores y voluntarios locales, recuerda la cooperante, quienes protagonizan las operaciones de rescate sobre el terreno: “Ten en cuenta que son decenas y decenas de misiones al día, así que mis compañeros libaneses se despiden cuando salen a una de ellas ante la posibilidad de no regresar con vida. Tienen una capacidad increíble de adaptación a una situación extremadamente dinámica. Ponen literalmente en riesgo sus vidas cada día para proporcionar confort, dignidad, apoyo a las comunidades que están en riesgo”. Con todo, Salvat se resiste a la normalización de la anormalidad: “Hay un riesgo de romantizar situaciones así”.

“Lo más importante para nosotros es que el movimiento sea percibido como neutral y por ello las actividades más sensibles las hacemos a través del personal local”. No en vano, la Cruz Roja Libanesa ha visto morir a dos paramédicos voluntarios, Youssef Assaf y Hassan Badawi, fallecidos en el sur del país en marzo y abril pasados como consecuencia de fuego de drones israelí. Según datos de Naciones Unidas y las autoridades libanesas, durante la actual escalada bélica han muerto 131 trabajadores humanitarios en un total de 196 ataques.

Equipos de rescate trabajan el barrio beirutí de Mazraa, en uno de los múltiples bombardeos israelíes
EFE / Edgar Gutiérrez

Para la española, en fin, lo más grato de su trabajo como cooperante en sus casi seis años en el país levantino ha sido “la admiración por la implicación” de sus compañeros. “Los extranjeros tenemos siempre presente el privilegio de nuestra posición y ello te sirve para dimensionar la futilidad de la vida. Creo que tenemos siempre que hacer el esfuerzo de mirar a través de la lente de los que viven y son de aquí”, concluye.

Tensiones sociales al alza

Apunta de esta forma la jefa de la delegación de la Cruz Roja Española a uno de los hechos más sensibles y particulares del endiablado escenario libanés: las tensiones entre comunidades religiosas en un país siempre al borde del enfrentamiento -que ya se vio desgarrado por una guerra civil de 15 años de duración (1975-1990)- en el actual contexto bélico.

El problema es palpable para los trabajadores humanitarios, acostumbrados a pisar el terreno de norte a sur y de este a oeste. Una de las manifestaciones más visibles es el rechazo creciente de la población de zonas de mayoría cristiana, drusa o suní a la hora de acoger en sus vecindarios a población chií ante el temor a verse afectada directamente por una guerra que no consideran la suya. “Son dinámicas muy malas, porque fragmentan a la sociedad, y no hay nada más peligroso que eso”, advierte la profesional humanitaria española.

Líbano
Personas desplazadas por los ataques militares israelíes en Líbano se reúnen en una calle de Beirut
Efe

La divisa del movimiento de la Cruz Roja, asegura la joven española, es no hacer distinciones y tratar a toda la población de la misma forma: “Con nuestro trabajo, con el ejemplo práctico, lanzamos un mensaje: los mismos servicios para todos”. “Tenemos igualmente un centro de salud gratuito en Bint Jbeil [población del sur dominada por Hezbolá] que en Jounieh [localidad de mayoría cristiana situada en la gobernación de Monte Líbano, al norte de Beirut]”, precisa.

Además, recuerda Salvat, dadas las ingentes carencias que presenta el país, la acción del movimiento de la Cruz Roja tiene simultáneamente como objetivo “áreas directamente afectadas por el conflicto y otras que no lo están, pero que igualmente tienen necesidades”. No se olvida la cooperante de la labor de la Cruz Roja Española con sus programas de empleo dirigidos a la población más vulnerable, desde migrantes a mayores pasando por víctimas de violencia de género.

“El derecho internacional humanitario tiene que aplicarse de manera efectiva”

El acuerdo alcanzado este viernes entre EE UU y la República Islámica de Irán fue acogido en el país levantino con cierto optimismo, porque para Teherán el fin completo de las hostilidades ha de incluir necesariamente la contienda entre Israel y Hezbolá. Pero los libaneses son necesariamente descreídos sobre lo que pueda pasar a partir de ahora, porque el futuro es siempre provisional aquí. Porque termina mal, parafraseando al poeta Gil de Biedma, de todas las historias de la Historia sin duda la más triste es la del Líbano. “Esperamos que los esfuerzos diplomáticos funcionen y permitan en el futuro evitar nuevas escaladas. Este país necesita estabilidad”, afirma Salvat.

Líbano
Libaneses se abrazan en una institución educativa que acoge a libaneses que huyeron del sur de Líbano en Beirut
Efe

A la población española, Salvat insta a “informarse con fuentes fiables y contrastadas” a fin de no contribuir al “caos, la confusión, la polarización y las percepciones distorsionadas de la realidad. “La movilización social también sigue siendo fundamental. Creo que la sociedad civil tiene un papel clave para mantener atención sobre crisis humanitarias como la del Líbano”, subraya la jefa de la delegación de la Cruz Roja Española en el Líbano.

Finalmente, la cooperante subraya la necesidad de que el eventual cese el fuego definitivo suponga un cierre en falso sobre algunas de las consecuencias duraderas del conflicto. “Esperamos que haya rendición de cuentas: sin mecanismos de responsabilidad, sin justicia y con impunidad es muy difícil que este ciclo de violencia acabe, como también será muy difícil la reconciliación. Ha de aplicarse de manera efectiva el derecho internacional humanitario”, concluye.

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