La “subguerra” derivada del gran conflicto regional abierto por Estados Unidos e Israel contra Irán va para largo. Este martes, el ministro de defensa hebreo, Israel Katz, aseguró que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) mantendrán una “zona de seguridad” permanente en el sur del Líbano hasta la eliminación de las capacidades militares de Hizbulá.
Mientras la fuerza aérea israelí continuaba golpeando objetivos de la milicia proiraní en el sur del Líbano y en Beirut, Katz dio por hecho que los civiles libaneses desplazados no volverán a la zona hasta “que la seguridad de los residentes del norte de Israel esté asegurada”.
La importancia del río Litani
En una rueda de prensa conjunta con el comandante en jefe de las FDI Eyal Zamir, el ministro de Defensa certificó que todos los puentes que servían para cruzar el río Litani -a unos 30 kilómetros de la frontera con Israel- “han sido destruidos, y las FDI mantendrán el control del resto de puentes y de la zona de seguridad hasta el río”. Y avisó: “El principio es claro: donde exista terror y misiles, no habrá casas ni residentes”.

El lunes, el ministro de Finanzas Betsalel Smotrich fue más allá, y reclamó que Israel mueva directamente su frontera hasta el río Litani. Entre 1982 y 2000, las FDI ocuparon esta franja de territorio, tras una guerra lanzada para eliminar la amenaza militar de las milicias palestinas. Hizbulá, la milicia-partido proiraní, emergió durante aquella ocupación como fuerza local de resistencia, que logró causar frecuentes bajas en las filas israelíes.
Las guerras contra Líbano
En 2006 estalló la “Segunda Guerra del Líbano”, que también pilló desprevenidas a las FDI. Tras una dura guerra de 34 días, el consejo de seguridad de la ONU aprobó la Resolución 1701, que supuso el despliegue de cascos azules (UNIFIL) y reclamaba el desarme de Hizbulá, medida que nunca se implementó.

Tras la firma de la tregua en noviembre de 2024, cuando Israel asestó un severo golpe a Hizbulá, Benjamin Netanyahu dio por hecho que la amenaza de seguridad en la frontera norte estaba contenida. La milicia chií perdió a su líder espiritual Hasan Nasralah, así como a cientos de comandantes heridos en la operación de los beepers, en que la inteligencia israelí logró hacer estallar simultáneamente miles de dispositivos de comunicación usados por Hizbulá.
La milicia de Hizbulá
Hizbulá se unió a la guerra contra Israel el 8 de octubre de 2023, en solidaridad con el ataque sorpresa lanzado por Hamás en el sur. Durante casi un año, mantuvo todo el norte de Israel bajo fuego constante de misiles y proyectiles antitanque. Pese a los duros golpes sufridos, la milicia mantuvo un arsenal de más de 20.000 proyectiles, y ahora dispara a diario dispara salvas hacia el estado judío. El lunes un impacto hirió a cuatro personas.
Según el ministerio de salud libanés, un ataque israelí sobre un apartamento residencial de Beirut mató este martes a tres personas, incluido un bebé de un año. Según Al Jazeera, no hubo una alerta previa de evacuación por parte de las FDI, como suele ocurrir cuando lanzan ataques contra objetivos de Hizbulá empotrados entre la población civil. “Es un lugar con presencia de Hizbulá pero también hay edificios civiles y negocios”, comentó la reportera Zeina Khodr. Las FDI alegaron que golpearon un objetivo de las Fuerzas Quds, el brazo exterior de la Guardia Revolucionaria iraní.
Las bajas en Líbano
De acuerdo a las autoridades libanesas, 1.039 personas han muerto y 2.876 resultaron heridas desde el inicio de los bombardeos israelíes, que llegaron en respuesta a los primeros misiles disparados por Hizbulá tras el asesinato del ayatolá iraní Ali Jamenei. La fuerza aérea israelí atacó otras siete zonas en los suburbios del sur de Beirut, principal bastión de la milicia proiraní. Según la ONU, más de 1,2 millones de civiles libaneses han huido de sus casas por los combates.

Desde Kiriat Shmona, ciudad israelí fronteriza con Líbano, Gila Pahima comentó a Associated Press que “siento que estamos en guerra constante, que soy parte de un campo de batalla todo el día”. Pese a que el gobierno de Benjamin Netanyahu afirma estar dando otro duro golpe al enemigo, la realidad es que miles de israelíes se mudaron permanentemente a los refugios. No hay escuelas, negocios quiebran y miles de hombres fueron movilizados nuevamente a la reserva del ejército.
Avraham Golan, otro residente del norte, cuestionó que “Hizbulá esté debilitado” y preguntó al gobierno de su país: ¿Cómo es posible que estén debilitados, si son peor de lo que eran antes?”. A diferencia de la anterior guerra, el gobierno israelí no desalojó los poblados fronterizos. Las noches son la peor parte del día, donde se combinan los constantes lanzamientos de misiles desde Líbano e Irán. Por ello, muchos residentes de la zona exigen al ejecutivo de Netanyahu convertir el sur del Líbano en una “zona estéril” para evitar así los lanzamientos de proyectiles.
Desde Beirut, las autoridades del país anunciaron la retirada de la acreditación al embajador de Irán en el país, que fue declarado persona non grata, en una nueva señal del deterioro de las relaciones entre ambos países. Muchos libaneses acusan al régimen iraní y a Hizbulá de sumir de nuevo al país en una guerra, cuyo peor precio pagan los civiles. El embajador iraní Mohammad Reza Sheibani tiene hasta el próximo domingo 29 para abandonar el país.
