La geopolítica internacional vive una fase de reordenación acelerada, marcada por el debilitamiento del multilateralismo, el cuestionamiento del orden liberal y el regreso de las grandes potencias a la lógica de las esferas de influencia. En este contexto, el segundo mandato de Donald Trump está actuando como un potente catalizador de tensiones ya existentes. Sus recientes intervenciones en el Foro de Davos han servido para dibujar con mayor claridad el mapa estratégico que Estados Unidos quiere volver a dominar.
Durante su comparecencia ante líderes políticos y económicos internacionales, Trump volvió a insistir en una idea recurrente de su discurso: la necesidad de que los aliados asuman más costes en materia de seguridad. En ese marco, señaló directamente a España por no alcanzar el 5% del PIB en gasto en defensa dentro de la OTAN, una afirmación que generó debate inmediato y que refuerza su visión de una alianza basada en compromisos estrictamente económicos y estratégicos.

La lista de Trump: los territorios bajo el foco estratégico
Más allá de la OTAN, Trump ha ido perfilando lo que muchos analistas describen ya como “la lista de Trump”, un conjunto de territorios y espacios geopolíticos que Washington considera clave para reforzar su influencia global. No se trata de planes formales de anexión, sino de zonas prioritarias para la seguridad, el comercio y el equilibrio de poder frente a China y Rusia.
Groenlandia

El interés por Groenlandia se ha convertido en uno de los símbolos más claros de esta estrategia. Trump ha subrayado su valor estratégico por su ubicación en el Ártico, el control de rutas marítimas emergentes y su relevancia militar. Las autoridades de Dinamarca y del propio territorio han rechazado cualquier cesión, pero el mensaje ha puesto el Ártico en el centro del debate global.
Canal de Panamá

El Canal de Panamá vuelve a ocupar un lugar destacado en la lista de Trump. Su importancia para el comercio mundial y la creciente presencia china en infraestructuras latinoamericanas han llevado a Estados Unidos a reforzar su interés por esta vía estratégica.
México

México aparece como un eje central de presión política y económica. Sin hablar de control territorial, Trump ha vinculado seguridad fronteriza, narcotráfico y comercio en una misma narrativa, utilizando la relación bilateral como instrumento de influencia regional.
Canadá

En un tono que combina provocación y mensaje estratégico, Trump ha aludido a Canadá como parte de una gran zona de seguridad norteamericana. Más allá del simbolismo, el trasfondo es la renegociación constante de equilibrios comerciales y energéticos.
Venezuela
América Latina ha regresado con fuerza al tablero geopolítico estadounidense, y Venezuela se mantiene como uno de los casos más paradigmáticos. La presión sobre Caracas responde tanto a motivos ideológicos como al objetivo de limitar la influencia de Pekín y Moscú en la región.
Puerto Rico y el Caribe

El Caribe sigue siendo un espacio clave para los intereses estadounidenses. Puerto Rico, por su posición estratégica y estatus político, forma parte de una lógica de control regional y proyección militar.
Ártico y Europa del Norte

Más allá de Groenlandia, el Ártico en su conjunto es una zona de competencia directa con Rusia y China. Esta estrategia ha generado tensiones con socios europeos y ha reabierto el debate sobre el papel de la OTAN, especialmente tras las declaraciones de Trump en Davos.
Ucrania y Gaza: cerrar guerras como estrategia de poder
A la lista de Trump se suman también conflictos abiertos que el presidente estadounidense ha manifestado su intención de cerrar, no tanto desde una lógica humanitaria como desde una estrategia de reposicionamiento global.
En el caso de Ucrania, Trump ha defendido la necesidad de alcanzar un acuerdo rápido que ponga fin a la guerra, incluso si ello implica concesiones territoriales. Su objetivo declarado es reducir el coste económico y militar para Estados Unidos y concentrar recursos en otros frentes estratégicos, especialmente en la rivalidad con China.
Algo similar ocurre con Gaza y el conflicto en Oriente Próximo. Trump ha expresado su interés en imponer una solución que estabilice la región, reforzando al mismo tiempo la posición de Estados Unidos como mediador decisivo y garantizando la seguridad de sus aliados clave. El cierre de este conflicto permitiría a Washington reducir su implicación directa en una zona históricamente volátil.
Presión a los aliados y crisis del orden liberal
Las palabras de Trump en el Foro de Davos, especialmente su crítica a países como España por el gasto en defensa, ilustran su enfoque: alianzas condicionadas al cumplimiento financiero. Esta visión ha generado inquietud en una Unión Europea que afronta una etapa de fragilidad estratégica, dependencia energética y falta de cohesión en materia de defensa.
La lista de Trump no solo redefine prioridades territoriales, sino que también reformula las reglas del juego internacional, desplazando el énfasis desde la cooperación hacia la transacción y la competencia directa.
Un tablero global en plena transformación
Lejos de ser un plan cerrado, el mapa geopolítico que plantea Trump es flexible y cambiante, adaptado a la coyuntura internacional y a los intereses inmediatos de Estados Unidos. Sin embargo, su impacto es tangible: condiciona alianzas, incrementa tensiones y acelera la transición hacia un mundo más fragmentado.
En un contexto donde el orden liberal muestra claros signos de desgaste, comprender la lista de Trump resulta clave para entender por qué territorios como Groenlandia, el Canal de Panamá o incluso las relaciones con Europa y España han vuelto al centro del debate geopolítico mundial.


