Donald Trump nunca ha sido sutil en lo que respecta al poder. Lo nuevo es el escenario. En las últimas semanas, el presidente de Estados Unidos ha convertido a Groenlandia -un territorio autónomo de Dinamarca y hogar de un pueblo libre y soberano- en el centro de la confrontación transatlántica más grave en años, vinculando abiertamente el comercio europeo a la ambición territorial.
Bruselas se encuentra ahora en plena confusión. Este jueves por la noche, los líderes de la UE se reunirán en una cumbre de emergencia para decidir hasta dónde están dispuestos a llegar en respuesta a lo que muchos en Europa describen abiertamente como chantaje. Sobre la mesa: aranceles de represalia por valor de 93.000 millones de euros y la posible activación del instrumento anticoerción de la UE, una medida tan poco discutida que los funcionarios la denominan la “disuasión nuclear” también conocido como “bazooka” del bloque en materia comercial.
Trump anuncia un “acuerdo marco” sobre Groenlandia
El detonante fue la amenaza directa de Trump de imponer un arancel del 10% a las exportaciones de la UE -que aumentaría al 25% en junio- a menos que los europeos aceptaran negociar la “compra completa y total de Groenlandia”. El lenguaje es típico de Trump, pero sin precedentes en cuanto al fondo: una sanción comercial vinculada explícitamente a la transferencia de territorio. Sin embargo, el miércoles por la noche, Trump anunció que había llegado a un “acuerdo marco” sobre Groenlandia tras reunirse con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte. Según el magnate republicano, si finalmente se logra un acuerdo, entonces EE UU no impondrá los aranceles que iban a entrar en vigor el 1 de febrero a aquellos que se opusieran a sus demandas de anexionarse la isla más grande del mundo.
"Based upon a very productive meeting that I have had with the Secretary General of NATO, Mark Rutte, we have formed the framework of a future deal with respect to Greenland and, in fact, the entire Arctic Region. This solution, if consummated, will be a great one for the United… pic.twitter.com/24b99begbb
— The White House (@WhiteHouse) January 21, 2026
“Es realmente fantástico”: “Tenemos todo lo que queríamos”, recalcó al ser preguntado por los periodistas en Davos por más detalles sobre este principio de acuerdo.
A pesar de que Trump ha dado un paso atrás en cómo conquistar Groenlandia, el daño ya está hecho. Sus intentos por adquirir la isla, han cambiado totalmente la forma en la que sus históricos aliados ven a Estados Unidos.
La UE se moviliza contra la coacción de Washington
Ante las amenazas de Trump, el Parlamento Europeo respondió con su medida más contundente hasta la fecha. El miércoles suspendió formalmente la ratificación del acuerdo comercial entre la UE y EE UU acordado el verano pasado, congelando un proceso que prometía aranceles cero para muchos productos industriales. “Hasta que no cesen las amenazas [sobre Groenlandia], no habrá posibilidad de compromiso”, afirmó Bernd Lange, eurodiputado alemán que preside la comisión de comercio del Parlamento antes del anuncio de Trump.

Y es que la participación de Trump en el Foro Económico Mundial de Davos no apuntaba en la buena dirección. En un discurso incoherente de una hora de duración, instó a los europeos a “sentarse a la mesa” para vender Groenlandia, enmarcando repetidamente la isla como una cuestión de seguridad nacional de Estados Unidos. “Queremos un trozo de hielo para proteger el mundo”, indicó. “Tienen una opción: pueden decir que sí… o pueden decir que no, y lo recordaremos”, advirtió.
La ambición de Trump sigue intacta
Trump insistió en que no quería recurrir a la fuerza, lo que fue acogido con cautela por el ministro de Exteriores de Dinamarca, Lars Løkke Rasmussen. Pero Rasmussen también advirtió que las ambiciones expansionistas de Trump seguían “intactas”. Trump fue más allá, cuestionando la capacidad de la OTAN para proteger Groenlandia y declarando que “ninguna nación o grupo de naciones” aparte de Estados Unidos podría garantizar su seguridad.

Para los líderes europeos, el peligro no es solo económico. Una guerra comercial entre aliados ya sería suficientemente perjudicial, pero vincularla a la soberanía y la seguridad supone un riesgo aún mayor. Y es que no se trata de aranceles, sino de si Europa permite que la coacción redefina sus fronteras por poder. De ahí que, tras el anuncio por la noche de Trump, en el continente europeo se fueran a dormir con cierta sensación de alivio.
A lo largo de la jornada, Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, había criticado las amenazas anteriores de Trump en un discurso ante el Parlamento Europeo. Recordó que “por encima de todo, Groenlandia es el hogar de un pueblo libre y soberano. Es una nación con su soberanía y su derecho a la integridad territorial. Y el futuro de Groenlandia solo lo pueden decidir los groenlandeses”.

Von der Leyen subrayó que Europa y Estados Unidos están alineados en materia de seguridad en el Ártico y ya cooperan estrechamente a través de la OTAN. Finlandia colabora con Estados Unidos en materia de rompehielos; Dinamarca ha liderado ejercicios en el Ártico para reforzar la preparación de los aliados. En este contexto, calificó la amenaza arancelaria de Trump de “simplemente errónea” y advirtió de una “peligrosa espiral descendente entre aliados” que solo animaría a los adversarios comunes.
La UE debe adaptarse a la ley del más fuerte
Así, la presidenta de la Comisión avanzaba que Europa debía adaptarse a un mundo “definido por el poder bruto” y desarrollar sus propias palancas de influencia: económicas, tecnológicas y militares. Eso incluye un nuevo paquete de seguridad para el Ártico, una mayor inversión en la economía y las infraestructuras de Groenlandia y una reevaluación más amplia de la estrategia de seguridad de Europa.

Este es el contexto en el que se celebrará la cumbre extraordinaria de este jueves. Los líderes europeos insisten en que la diplomacia sigue siendo la prioridad y que quieren agotar todas las vías antes de tomar represalias. Pero la decisión de congelar el acuerdo comercial indica que la paciencia se está agotando. El “bazooka comercial”, diseñado para responder a la presión económica de potencias extranjeras, nunca se ha utilizado. El mero hecho de debatirlo pone de manifiesto la seriedad con la que Bruselas se toma ahora las amenazas de Trump.
La ironía es difícil de pasar por alto. Trump afirma actuar en nombre de la seguridad, pero sus tácticas corren el riesgo de socavar las mismas alianzas que han definido la seguridad occidental durante décadas. Para Europa, la cuestión ya no es si las relaciones con Washington son tensas -eso ya está claro-, sino si la UE está dispuesta a defender sus principios cuando se enfrenta a una influencia brutal.


