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Dana, española en Israel: “Para los jóvenes es fácil encontrar trabajo”

Dana, que vivía en Madrid, asegura que se siente "increíblemente segura" en su nuevo hogar. Eso sí, "ahora está todo mucho más caro" en Israel, admite la joven a Artículo14

Dana tenía 16 años cuando tomó la decisión de mudarse a Israel. Vivía en Madrid y, aunque todavía era muy joven, sentía que ese país podía convertirse en su lugar. “Siendo de origen judío, mi cultura era un poquito distinta de la de la población española en general”, explica a Artículo14. También reconoce que a veces se encontró con personas que “no recibían muy bien” que ella tuviera esa fe. Por eso, terminó pensando que Israel sería su país.

A los 18 años, tras terminar el Bachillerato en España, se marchó. Al principio “me vine sin mi familia, vine solo con mi hermano”, cuenta. Sus padres y otro de sus hermanos llegaron más tarde, un año y pico después. Aunque tenían algo de familia lejana en Israel, la llegada fue prácticamente “a la aventura”.

Antes de instalarse, Dana apenas conocía el país. Había viajado una vez con el colegio, cuando tenía unos 12 o 13 años, y más tarde hizo otro viaje con una prima lejana. Aquellas visitas le dejaron una impresión muy positiva. “Me encantó, me enamoré de verdad”, recuerda. Sin embargo, admite que visitar un país como turista no tiene nada que ver con vivir en él. “Ya no eres turista dentro de un país, sino que realmente estás viviendo fijo, con una rutina”.

Aun así, la esencia que le había atraído de Israel no desapareció al mudarse. “Me llevé sorpresa para bien”, afirma.

“Por un lado te enamora y por otro te agota”

Dana se instaló en Ra’anana, una ciudad situada a unos 20 minutos en coche al norte de Tel Aviv. Al llegar, se convirtió en ciudadana israelí, por lo que no tuvo que enfrentarse a trámites de visado. Empezó a estudiar en una universidad americana en Israel, dentro de un programa internacional, y comenzó a trabajar mientras todavía estaba en la universidad.

El idioma fue uno de los primeros retos. Aunque sabía leer hebreo y tenía algunas bases, no lo hablaba con fluidez. Por eso, sus primeros trabajos estuvieron vinculados a la hostelería, donde podía apoyarse en otros idiomas. Según cuenta, en Israel “es bastante fácil encontrar trabajo para jóvenes”, incluso sin demasiada experiencia. “Valoran mucho más las cualidades que se pueden aportar”, explica, como los idiomas o ciertas habilidades concretas.

También le sorprendió la diferencia con España en el acceso al mercado laboral. “En España es muy típico que después de la universidad tienes que hacer prácticas antes de poder entrar dentro de una empresa”, señala. En Israel, en cambio, “una persona que sale de la universidad directamente empieza a trabajar sin tener que hacer prácticas”.

El ritmo de vida también fue un cambio importante. Dana describe Israel como un país mucho más intenso que España. “En España las cosas son más tranquilas, más light”, dice. En Israel, en cambio, “todo el tiempo se hacían cosas y todo el tiempo ocurren cosas”. Ese dinamismo le gusta, pero también reconoce que puede llegar a cansar. “Por un lado te enamora y por otro lado te agota también”.

“Son gente muy abierta”

El coste de vida es otro de los aspectos que más marca el día a día. Dana asegura que Israel “siempre ha sido más caro” que países del sur de Europa como España, Portugal o Italia. La vivienda es especialmente costosa en el centro del país, y los precios han seguido subiendo. “Ahora mismo está todo muy caro y todo tiene que ver con la guerra”, explica. Habla de impuestos más altos, supermercados más caros y precios que oscilan mucho. “En el supermercado nunca es fijo”, describe.

Aun así, no todo lo que ha encontrado en Israel tiene que ver con dificultades. Dana destaca la buena imagen que los israelíes suelen tener de los españoles. “A los israelíes les encantan los españoles”, sostiene. Los ven como personas “súper acogedoras” y cercanas. Además, muchos conocen palabras en español por las telenovelas o por viajes a Latinoamérica. “Cada vez que digo que soy española, intentan hablar en el idioma, las cuatro o cinco palabras que se saben”.

Sobre ser mujer en Israel, Dana se muestra especialmente positiva. “Estoy súper sorprendida con Israel en ese tema”, afirma. Cree que el feminismo no se siente tan marcado como en otros países porque, según su percepción, “la sociedad no lo necesita demasiado”. Considera que la mujer israelí tiene una presencia importante en la sociedad. “Las mujeres aquí tienen un carácter bastante fuerte y no le temen a gran cosa”, explica. También menciona que las mujeres hacen el servicio militar “a la par de los hombres”.

Sin embargo, matiza que las condiciones sociales no son perfectas. En materia de maternidad, por ejemplo, cree que Israel está por detrás de algunos países europeos. “Son tres meses de baja por maternidad”, señala, y después de ese periodo normalmente se deja de cobrar el sueldo si no se vuelve al trabajo. “No es ideal en ese sentido”, reconoce.

En cuanto a la forma de ser de los israelíes, los define como gente abierta, curiosa y directa. “Son gente muy abierta y muy directa, y bastante dura a la vez”. Para ella, hacer amigos no es difícil, en parte porque Israel es un país acostumbrado a recibir población extranjera. “El 50% de la población israelí son gente que viene de fuera”, explica. Aun así, esa franqueza puede chocar al principio. “Te va a decir la verdad en la cara, te guste o no”.

Uno de sus choques culturales tuvo que ver con la falta de paciencia en algunas situaciones cotidianas. Recuerda, por ejemplo, la conducción. “Pitan mucho más que lo que se pita en Europa”, dice. También le llamaba la atención que la gente se colara en el supermercado. “Tienes que estar muy atento todo el tiempo”, explica. “No te puedes dormir en los laureles, porque si no, te comen”.

“La guerra genera un estrés emocional para todo el mundo”

La seguridad es, para Dana, un tema con dos caras. En el día a día se siente muy segura. “Me siento increíblemente segura, mucho más de lo que me sentía en España”, afirma. Dice que nunca le han robado nada y que la gente suele hacer todo lo posible por devolver objetos perdidos. Incluso cuenta que muchas personas dejan la puerta de casa sin cerrar con llave.

Pero la guerra complica las cosas. “Sí que se habla de la guerra, es parte de nuestro día a día”, asevera. Aunque considera que el país está preparado y protegido, reconoce el impacto emocional.
También habla del servicio militar obligatorio, que en Israel forma parte de la vida desde el nacimiento del país. Dana hizo dos años de Ejército. Para ella fue un choque cultural, pero no negativo. “Yo venía sabiendo que tenía que hacer el servicio militar y eso no me suponía ningún problema”. En su familia no era algo de lo que se hablara, pero en Israel lo considera una experiencia totalmente integrada en la sociedad.

Aun así, la sensación de seguridad cotidiana convive con una realidad que para muchos europeos resulta difícil de imaginar. Dana explica que el país cuenta con una amplia red de refugios y protocolos de emergencia. “Tenemos refugios protegidos aquí en nuestras casas o en nuestros edificios, o refugios públicos”, señala. Además, las autoridades mantienen una comunicación constante con la población durante las crisis. Sin embargo, reconoce que lo más difícil es el impacto psicológico. Las sirenas que alertan de posibles ataques forman parte de la vida de muchas familias israelíes. “Son sirenas muy, muy fuertes. Nadie está acostumbrado a eso hasta que no se viene y se vive”, explica. Según cuenta, incluso familiares suyos que visitaron el país durante una escalada del conflicto no comprendieron realmente lo que significaba convivir con esas alarmas hasta experimentarlo en primera persona. “Eso genera un estrés emocional para todo el mundo”, resume.

Después de tantos años, Dana no se plantea volver a España como proyecto de vida. Se define como sionista y considera que Israel es el lugar donde quiere formar familia. “Mejor que aquí, no puedo estar en ningún sitio”, afirma. Reconoce que “es una vida difícil”, pero también tiene claro que se ve allí “100%”.

Viajar al extranjero le ayuda a respirar y tomar distancia del estrés, pero su futuro lo imagina en Israel. “Me veo aquí todo el tiempo”, concluye.

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