Las Fuerzas de Seguridad israelíes operan con plena libertad de acción en los campos de refugiados palestinos de Jenin o Tulkarem (Cisjordania), pero en Bnei Brak, una ciudad poblada por judíos ultraortodoxos en el corazón de Israel, la policía perdió el control. En unas imágenes que desataron ira entre muchos israelíes, dos mujeres del Ejército israelí en uniforme militar tuvieron que ser rescatadas in extremis por la Policía cuando una turba de ultraortodoxos se disponía a lincharlas. Yediot Aharonot, una de las cabeceras más leídas del país, tituló en portada: “Anarquía”.
Las dos jóvenes acudieron a Bnei Brak en visita oficial a la casa de un joven lugareño, que está a punto de alistarse a las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI). Pese a que la Corte Suprema ordenó en 2024 al ejecutivo de Benjamin Netanyahu revertir la exención a los ultraortodoxos -desde la fundación del estado judío en 1948 no están obligados a alistarse a diferencia del resto de jóvenes de 18 años-, muy pocos ciudadanos de este sector cumplen la orden.

En este suburbio de Tel Aviv, así como en otras localidades ultrarreligiosas, muchos no reconocen a las instituciones estatales. Incluso existen facciones abiertamente antisionistas. Defienden que hasta que el “mesías” no descienda a la tierra, los judíos no pueden tener la soberanía en la Tierra de Israel.
Qué ha pasado en Bne Brak
“Tuvimos que escondernos dentro de contenedores”, reconoció una de las soldadas rescatadas por los agentes. Antes de visitar Bnei Brak, exigió a su comandante evitar la visita, consciente de que podría desatar la furia de los residentes. Tras el incidente, se desataron violentos disturbios en las calles, con quema de mobiliario urbano y destrozos. “Es un territorio fuera de control del estado”, denunció un activista liberal de Tel Aviv, que acusa a la “policía de Ben Gvir” (ministro ultraderechista) de haber permitido el caos.
“Cuando una mujer nos vio entrar al edificio, nos pidió que nos escondiéramos, ya que teníamos prohibido estar aquí”, contó la otra recluta. Chaim Sagarov, jefe de policía del distrito de Tel Aviv, protestó ante las FDI, ya que “el ejército debe coordinar con nosotros la entrada a la ciudad”. Cientos de alborotadores actuaron durante horas con impunidad, agrediendo también a reporteros que cubrieron los incidentes.

Los ultraortodoxos contra ellas
La furia se desató cuando se extendió el rumor de que las soldadas acudieron a repartir órdenes de reclutamiento, cuando en realidad formaban parte del departamento de bienestar de las FDI. Tres agentes resultaron heridos, se dispararon gases lacrimógenos y helicópteros sobrevolaron la zona. En redes sociales, israelíes consideraron que, en caso de producirse incidentes de esta magnitud en territorio palestino, los agentes habrían actuado con mayor contundencia.
“Toda la maldad se irá de la tierra”, cantaban los jóvenes con agresividad refiriéndose a las militares. Pese a representar un 10% de la ciudadanía y ser el sector de población judía con mayor natalidad, los ultraortodoxos recelan del ejército, ya que consideran que si sus hijos son llamados a filas, serán forzados a renunciar a su estilo de vida basado en el estudio intensivo de la Torá.
En total, la Policía detuvo a 23 alborotadores, los cuales fueron liberados durante la mañana del lunes. “Los alborotadores lanzaron piedras a los agentes de policía, volcaron un coche y prendieron fuego a una motocicleta”, apuntó un portavoz policial. “Cualquier daño a soldados de las FDI causado por civiles israelíes constituye una grave violación de la ley y los atacantes deben ser tratados con severidad. Espero que sean llevados ante la justicia”, declaró Eyal Zamir, comandante en jefe del Ejército.
“Una vergüenza nacional”
Para Yair Golan, líder del partido opositor “Demócratas”, lo ocurrido en Bnei Brak es “una vergüenza nacional”. El líder progresista y ex militar consideró que “estas soldadas, que son hijas de todos, necesitan protección policial para evitar ser linchadas en las calles israelíes. Es un abandono y perdida de control”, tuiteó. Y atacó a quienes se limitan a apuntar que se trata solo de “una minoría radical”.
Golan avisó que “el contrato civil entre nosotros y el estado no solo está sufriendo un duro golpe, sino que se está derrumbando. Quienquiera que levante la mano contra un soldado, la levanta contra la seguridad del estado. Para el familiar de uno de los detenidos, “no hubo ningún intento de linchamiento, fue una protesta legítima. Soldados no se pueden sentir seguros en Bnei Brak, no son bienvenidos. Queréis reclutarnos a la fuerza”.
La Facción de Jerusalén, un grupo extremista ultraortodoxo con unos 60.000 miembros, se manifiesta regularmente y con vehemencia contra el alistamiento militar de estudiantes de yeshivá (escuelas de estudio religioso). El grupo tiene una línea telefónica directa para movilizar a la comunidad cuando las FDI realizan operaciones de reclutamiento y ha ayudado a distribuir dinero a estudiantes de yeshivá arrestados por evadir el servicio militar.
Para Sam Sokol, analista en Times of Israel, lo vivido supone “el último de una serie de incidentes violentos, impulsados por importantes rabinos que emplean una retórica cada vez más dura contra los militares, al tiempo que elevan a los evasores del servicio militar como héroes de la comunidad”. Se estima que unos 80.000 jóvenes ultraortodoxos de entre 18 y 24 deberían ser reclutados. Las FDI reclaman urgentemente 12.000 nuevos soldados, dado el desgaste generado por la guerra de siete frentes librada los últimos dos años.
