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Inés, española en Luxemburgo: “Es prácticamente un pueblo, nos conocemos todos”

Tras llegar a Luxemburgo para pasar solo un año, Inés lleva ya ocho viviendo en un país marcado por la migración, los altos salarios y una vida distinta a la española

Cuando Inés terminó el colegio en 2017 no tenía claro qué hacer con su futuro. Su hermano llevaba ya años viviendo en Luxemburgo, a donde había llegado para cursar un máster y abrirse camino profesionalmente. Ella decidió tomarse un año sabático, “me vine aquí a cuidar de mis sobrinos mientras iba a clases de inglés y francés”, recuerda. Sin embargo, los planes cambiaron. Comenzó una carrera universitaria, después un máster y, finalmente, unas prácticas en la empresa donde sigue trabajando actualmente. “Me gustó mucho el ambiente de la empresa y ya me quedé ahí”, explica.

Ocho años después de aquella llegada, su percepción de Luxemburgo ha cambiado por completo. Antes de mudarse apenas tenía una imagen definida del país. “No tenía mucha expectativa, era como un país muy pequeño que no me venía a la cabeza”, cuenta. A diferencia de otros vecinos europeos como Francia o Alemania, Luxemburgo le resultaba prácticamente desconocido.

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“He visto una gran evolución”

Con el paso del tiempo ha sido testigo de una transformación importante. Según explica, el país ha crecido notablemente tanto en población como en infraestructuras. “He visto una gran evolución durante todos estos años”, señala. Entre los cambios destaca la implantación del tranvía y la consolidación del transporte público gratuito, una de las medidas más conocidas del país.

También ha cambiado la presencia española. Cuando llegó apenas escuchaba castellano por la calle, mientras que ahora bromea diciendo que “estamos aquí casi toda España”.

La adaptación a la vida luxemburguesa no fue especialmente complicada, aunque sí tuvo que acostumbrarse a costumbres diferentes. La principal diferencia, asegura, está en los horarios. “Yo diría España-Italia contra el resto de Europa”, comenta. Mientras en España las comidas se hacen más tarde y la actividad se prolonga hasta la noche, en Luxemburgo todo ocurre antes. Las tiendas suelen cerrar entre las seis y las siete de la tarde y la jornada está organizada para aprovechar más las horas diurnas.

“Al final todo es adaptarte y te vas acostumbrando”, afirma. Sin embargo, cada vez que vuelve a Madrid percibe claramente las diferencias entre ambos estilos de vida.

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“Es muy difícil vivir sola”

El mercado laboral es uno de los principales atractivos del país, aunque no todos los sectores ofrecen las mismas oportunidades. Inés trabaja en recursos humanos y reconoce que encontrar prácticas no fue sencillo. “Estuve aplicando durante meses y me costó”, explica. Aun así, considera que hay áreas, especialmente relacionadas con la banca y las finanzas, donde las oportunidades son mayores.

En cuanto a los idiomas, asegura que depende mucho del tipo de empresa. En compañías internacionales es posible trabajar únicamente con inglés, pero en empresas francesas suele exigirse francés y para algunos puestos públicos resulta necesario dominar el luxemburgués.

Si hay un aspecto por el que Luxemburgo es conocido es por su alto nivel de vida. Inés confirma que vivir allí es caro, especialmente en lo referente a la vivienda. “Es muy difícil que la gente pueda vivir sola, normalmente hay que compartir con alguien”, explica.

Aunque los salarios son significativamente más altos que en España, los costes también lo son.

Aun así, considera que algunas diferencias se han reducido en los últimos años debido al aumento de precios en España. “En España se está poniendo muy caro”, afirma, señalando que tanto la compra como salir a comer fuera empiezan a tener costes cada vez más parecidos.

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“Hace años me sentía súper segura”

Procedente de Madrid, una de las cosas que más le sorprendió fue el tamaño del país. Luxemburgo tiene poco más de medio millón de habitantes y eso se nota en la vida cotidiana. “Es totalmente un pueblo”, asegura entre risas. Según cuenta, basta acudir a determinados eventos o a algunos locales populares para encontrarse con las mismas personas una y otra vez. “Nos conocemos todos para bien o para mal”.

La realidad multicultural del país también marca la experiencia de quienes viven allí. Inés reconoce que conoce a pocos luxemburgueses, pero explica que, en ocasiones, algunos pueden mostrar cierta distancia hacia los extranjeros, especialmente si no hablan luxemburgués. Sin embargo, destaca que la mayoría de quienes viven en el país son inmigrantes o hijos de inmigrantes.

“Estamos todos en el mismo barco”, resume. Esa sensación compartida facilita la integración y hace más sencillo sentirse acompañado pese a estar lejos de casa.

En el terreno social, considera que hacer amigos resulta relativamente fácil, especialmente entre la población joven. Los eventos organizados por empresas y asociaciones ayudan a crear vínculos, y la creciente comunidad española también juega un papel importante. “Siempre viene bien tener a gente española para tener las mismas bromas o la misma cultura para algunas cosas”, comenta.

Respecto a la seguridad, su percepción ha cambiado ligeramente con los años. Sigue considerando Luxemburgo un país seguro, pero reconoce que algunas zonas han empeorado. “Hace años cuando yo vine, me sentía súper segura”, recuerda. Aunque mantiene esa sensación en términos generales, señala que en determinados barrios “hay veces que sí que te paran por la calle o pasa algún coche y te grita alguna cosa, que antes esto no pasaba nunca”.

Pese a ello, Luxemburgo continúa siendo el lugar donde ha construido su vida adulta. Lo que comenzó como una estancia temporal de un año se ha convertido en una experiencia de ocho. Actualmente se ve viviendo allí a largo plazo, en gran parte gracias al entorno laboral que ha encontrado. Sin embargo, admite que Madrid sigue ocupando un lugar especial en su vida.

“Siempre que voy a Madrid me siento en casa”, concluye. Por eso no descarta volver algún día. Después de todo, como ella misma dice, “nunca digas nunca”.

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