Durante gran parte de la última década, las mujeres republicanas habían ido avanzando poco a poco en el Congreso, recuperando números tras ciclos electorales devastadores y labrándose un espacio visible dentro de un partido dominado por los hombres. Ese progreso parece ahora difuminarse.
Una ola de jubilaciones, dimisiones y arriesgadas maniobras políticas amenaza con reducir de nuevo sus filas, lo que plantea incómodas preguntas sobre si el Partido Republicano ha dado cabida a las mujeres solo de forma temporal y con condiciones.
Los últimos abandonos
La última señal llegó a finales de 2025, cuando dos de las mujeres más destacadas del partido anunciaron que se retiraban de la política. La senadora Cynthia Lummis, de Wyoming, de 71 años, reconoció que le faltaba energía para otro mandato de seis años, a pesar de no enfrentarse a ningún reto electoral serio. La representante Elise Stefanik, de Nueva York, de 41 años, abandonó tanto la candidatura a gobernadora como un escaño seguro en la Cámara de Representantes, alegando prioridades familiares y un panorama político difícil.

No son las únicas mujeres republicanas de alto rango. La senadora Joni Ernst, de Iowa, que en su día fue considerada una futura líder, anunció en septiembre que no se presentaría a la reelección. La senadora Marsha Blackburn, de Tennessee, optó por presentarse a gobernadora poco después de ganar un nuevo mandato en el Senado. Con la senadora Susan Collins, de Maine, enfrentándose a una difícil carrera, el contingente femenino del Partido Republicano en el Senado, que se había duplicado desde 2017, podría reducirse drásticamente.
La ruptura de Taylor Greene con Trump
El panorama en la Cámara de Representantes tampoco es alentador. Las mujeres republicanas alcanzaron su mínimo histórico en 2019, con solo 13 miembros. En 2023, su número había aumentado a 34, antes de volver a descender en 2025. Varias de las mujeres más visibles alineadas con MAGA –Stefanik, Nancy Mace y Marjorie Taylor Greene– están ahora abandonando el Congreso o buscando cargos en otros lugares.
Las razones de esta contracción son diversas, pero apuntan a problemas estructurales más profundos dentro del partido.
Algunas mujeres republicanas sostienen que se les exigen estándares más estrictos que a sus homólogos masculinos. Greene ha dicho que los líderes del partido temen a las mujeres fuertes y trabajan para marginarlas. Mace, en un reciente artículo de opinión, cuestionó si las mujeres serán alguna vez tomadas en serio por los líderes republicanos.
El liderazgo se le sigue resistiendo a las conservadoras. Según recuerda el “Washington Post”, ninguna mujer republicana ha superado nunca el cuarto puesto en la jerarquía de la Cámara de Representantes. Los republicanos del Senado nunca han ascendido a una mujer a los tres puestos más altos. Ese techo de cristal contrasta con los demócratas, cuyo grupo parlamentario está compuesto casi en su mitad por mujeres y veteranas como Nancy Pelosi, han llegado a lo más alto.

La volatilidad en MAGA
Para las mujeres más jóvenes alineadas con MAGA, el problema ha sido la volatilidad. Su estilo de política confrontativa e impulsada por los medios de comunicación les proporcionó una rápida notoriedad, pero poca protección institucional. La evolución de Stefanik, de conservadora del establishment a leal a Trump, no le valió el respaldo presidencial que esperaba. A Greene se le desanimó discretamente a presentarse al Senado después de que las encuestas mostraran que perdía por goleada. Mace, que se presenta a gobernadora en Carolina del Sur, sigue sin contar con el respaldo de Trump en una contienda muy reñida.
En cada caso, la ambición chocó con un partido que sigue muy centralizado en torno a una sola figura y una red de control. El respaldo de Trump se ha vuelto decisivo, pero no ha traducido de manera fiable la lealtad en un avance a largo plazo para las mujeres.

Es difícil ignorar la tendencia general. En comparación con las demócratas, las mujeres republicanas se enfrentan a caminos más difíciles hacia el poder, menos aliados institucionales y menos tolerancia a las desviaciones.
Lummis, que podría haber conseguido la reelección sin problemas, ofreció quizás la explicación más reveladora: la energía necesaria ya no se correspondía con los resultados. Para un partido que a menudo presume de su “stamina”, el silencioso desgaste de sus mujeres sugiere una debilidad más profunda.

