El acuerdo entre Trump y la OTAN por Groenlandia ha irrumpido en el tablero geopolítico internacional como uno de los movimientos más delicados de este inicio de año. Forjado discretamente en los márgenes del Foro Económico Mundial de Davos, el preacuerdo sella una alianza estratégica entre Estados Unidos y la Alianza Atlántica para reforzar el control militar, económico y político sobre la isla ártica, una pieza clave en la seguridad del hemisferio norte.
Según han revelado medios alemanes, el acuerdo entre Trump y la OTAN por Groenlandia se articula en torno a cuatro grandes pilares que afectan a la presencia militar estadounidense, al control de inversiones extranjeras, a la seguridad en el Ártico y al pulso comercial entre Washington y Europa. Un entendimiento que, aunque no altera formalmente la soberanía de la isla —territorio autónomo bajo la Corona danesa—, sí refuerza el papel de Estados Unidos como actor dominante en la región.
Un pacto sellado en Davos con implicaciones globales
El preacuerdo fue negociado directamente entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, con la participación indirecta del canciller alemán Friedrich Merz. Aunque el texto definitivo aún no se ha hecho público, los detalles conocidos permiten trazar el alcance real del acuerdo, que va mucho más allá de un simple ajuste militar.
El trasfondo es claro: el creciente interés de China y Rusia en el Ártico, tanto por rutas marítimas como por recursos estratégicos, ha acelerado una respuesta occidental liderada por Washington. Groenlandia se convierte así en el epicentro de una nueva fase de competencia global.
Retirada de la amenaza arancelaria a Europa
El primer pilar del acuerdo entre Trump y la OTAN por Groenlandia tiene un marcado componente económico. Estados Unidos se compromete a retirar la amenaza de imponer nuevos aranceles a varios países europeos que han desplegado tropas en la isla para participar en maniobras militares lideradas por Dinamarca.

Trump había advertido de sanciones comerciales a partir del 1 de febrero. Una presión que llevó a la Unión Europea a estudiar medidas de represalia, incluida la activación del instrumento anticoerción, conocido como la “bazuca comercial”. La desescalada arancelaria funciona así como moneda de cambio para asegurar el respaldo europeo al nuevo marco de seguridad en Groenlandia.
Renegociación del acuerdo militar y la ‘Cúpula Dorada’
El segundo eje del acuerdo entre Trump y la OTAN por Groenlandia es la renegociación del histórico tratado de 1951 sobre el estacionamiento de tropas estadounidenses en la isla, ya modificado en 2004. El objetivo ahora es introducir una cláusula específica que permita desplegar la llamada ‘Cúpula Dorada’, un ambicioso escudo antimisiles impulsado por Trump.
Este sistema defensivo, inspirado en el modelo israelí y con un coste estimado de 175.000 millones de dólares, tendría su núcleo operativo en la base aérea de Pituffik, conocida anteriormente como Thule. El plan es que esté plenamente operativo antes de 2029 y que proteja no solo a Estados Unidos, sino también a Canadá, frente a posibles amenazas procedentes de China y Rusia.
Control estadounidense de las inversiones estratégicas
El tercer pilar del acuerdo entre Trump y la OTAN por Groenlandia introduce un cambio clave en el ámbito económico: Estados Unidos podrá intervenir directamente en el control de inversiones extranjeras en la isla. El objetivo es impedir que potencias competidoras aseguren el acceso a recursos estratégicos, especialmente minerales de tierras raras.

Trump ya adelantó que el preacuerdo contempla derechos estadounidenses sobre estos recursos, fundamentales para la industria tecnológica y militar. Groenlandia, rica en materias primas aún poco explotadas, se convierte así en un activo estratégico cuya gestión económica pasa a estar estrechamente vigilada por Washington.
Más compromiso europeo con la seguridad del Ártico
El cuarto pilar del acuerdo entre Trump y la OTAN por Groenlandia refuerza el papel de los Estados europeos en la seguridad del Ártico. Los aliados se comprometen a incrementar su presencia y cooperación militar en la región, respondiendo a una exigencia directa del presidente estadounidense.
Trump ha justificado este movimiento en la supuesta actividad de buques y submarinos chinos y rusos en aguas cercanas a Groenlandia. Un argumento que ha utilizado reiteradamente para subrayar que solo Estados Unidos puede garantizar la seguridad de ese enclave estratégico.
Soberanía intacta, pero con equilibrio delicado
Pese al alcance del acuerdo, este no incluye ninguna referencia explícita a un cambio en la soberanía de la isla. Tanto Dinamarca como el Gobierno autónomo groenlandés han reiterado su negativa a cualquier cesión territorial. Un punto que sigue siendo una línea roja innegociable.

Sin embargo, el nuevo marco refuerza de facto la influencia estadounidense en la isla. Y abre una etapa marcada por la militarización, el control económico y la vigilancia estratégica del Ártico. Una región llamada a ser uno de los grandes escenarios geopolíticos del siglo XXI.


