La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, el Mencho, hace justo una semana ha sido presentada por el Gobierno mexicano como uno de los golpes más fuertes contra el narcotráfico en los últimos años. El operativo, que marcó un punto de inflexión en la estrategia de seguridad, también ha abierto un debate en la sociedad mexicana, acostumbrada a medir estos acontecimientos no sólo por su impacto político, sino también por las futuras consecuencias.
En parte del país, la noticia se recibió con una sensación de alivio tras años en los que la política oficial evitó la confrontación directa con los cárteles. Regina Freyman tiene 58 años, es profesora universitaria de Literatura, y en conversación con este periódico reconoce que existe “una especie de regocijo”.
Durante el sexenio anterior, recuerda, la consigna dominante fue la de “abrazos y no balazos”, una fórmula impulsada por López Obrador que para muchos implicaba una forma de tolerancia o proteccionismo frente a las estructuras criminales. “Nos da alegría que empiece a cambiar esta política de los abrazos y no balazos. Esa política tenía mucho que ver con sobreproteger a los cárteles”.

Un país atravesado por el narcotráfico
En México, el narcotráfico y el poder de los cárteles no son algo aislado. Forma parte de su estructura económica, territorial y social. Y la caída del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación no cambia esa realidad. “El narcotráfico afecta a absolutamente todo. En Jalisco las cosas siguen siendo complicadas”, señala Regina.
“Todos estamos esperando que el crimen se recrudezca, aunque confiamos que no suceda”, explica Freyman. Esa espera se mezcla con una percepción más amplia sobre el clima político. “Hay una sensación como de adormecimiento. Somos un pueblo maltratado políticamente y hemos tenido un claro retroceso”.
El giro de Sheinbaum en su política contra el narcotráfico también ha sorprendido a los mexicanos. “La presidenta es una figura enigmática. De pronto la vemos con estas decisiones que nos sorprende, pero la sombra de López Obrador parece que le planea. No sabemos realmente cuál es su agenda política”. Y se pregunta quién realmente se encuentra detrás de la lucha contra los cárteles: “¿Se vio amenazada por la política estadounidense o fue una decisión exclusivamente suya?”.

El domingo de los bloqueos
En Puebla, Josefina Murrieta, 46 años, consultora política, vivió el anuncio a través del teléfono: los grupos de prensa de WhatsApp comenzaron a sonar. “En México es muy difícil distinguir un hecho real de una fake news”, sostiene.
Ese domingo estaba en casa con su hija de 24 años. “Este domingo se sentía diferente”. A medida que comenzaron a circular vídeos de bloqueos y enfrentamientos, optó por advertir a familiares y conocidos. “De inmediato contactamos a quienes pensamos podrían tomar carretera para avisarles que lo mejor era cancelar el viaje y resguardarse”.

Las mexicanas y la vulnerabilidad
El relato de ambas incorpora una dimensión que atraviesa buena parte de la sociedad mexicana: la violencia de género. “Nunca me he sentido segura en las calles de mi país, porque soy mujer en un país feminicida, donde los narcos tratan a las mujeres como medio, herramienta o peor que eso”, afirma Josefina. Ese domingo decidió no salir. “El domingo sabía que por el simple hecho de ser mujer estaba en mayor peligro si salía a la calle”.
A lo largo de la jornada, los mensajes sobre bloqueos en distintos estados y carreteras cerradas se multiplicaron. “La realidad era una: el gobierno completo estaba en alerta”, señala. También cuestiona la gestión comunicativa posterior. “Estoy convencida de que con la estrategia que se implementó en la comunicación, la ciudadanía de a pie se quedó con la impresión de que no fue para tanto”.
Aunque la muerte de ‘El Mencho’ supone un hito en la política de seguridad mexicana, ni Regina ni Josefina lo acaban de ver como algo del todo positivo. La caída de un líder no implica la desaparición de la estructura que lo sostenía, ni garantiza que la violencia disminuya de forma inmediata.
En un país donde el narcotráfico ha moldeado durante décadas la vida pública y privada, el impacto de la noticia no fue tanto la caída del mayor fugitivo mexicano desde los años 90, sino la posible respuesta que podría estar planeando un cártel con todavía mucho poder en el país.
