Golpe al narco

Cártel Jalisco Nueva Generación: el poder femenino tras la caída de ‘El Mencho’

La muerte del líder del CJNG obligará al cártel a reconfigurar un entramado con su esposa a los mandos. Las mujeres ya no ocupan un papel secundario dentro de los cárteles mexicanos: gestionan finanzas, coordinan redes y forman parte estructural de su funcionamiento

Fue detenida en 2018 y en 2021. La primera vez quedó en libertad poco después; la segunda fue procesada hasta que, en 2023, fue finalmente condenada a cinco años de prisión por delitos relacionados con la operativa financiera del cártel de su marido. En enero de 2025, tras cumplir más de la mitad de la pena y acreditar buena conducta, volvió a salir en libertad. Rosalinda González Valencia, conocida dentro del Cártel como “La Jefa”, no era sólo la mujer -ahora viuda- de su ideador, sino parte fundamental de su engranaje.

Su papel ayuda a comprender una trama criminal imposible de mantener sin el apoyo logístico que ocupan las mujeres dentro de estos cárteles criminales. 

Un cartel de una persona desaparecida y un vehículo incendiado este domingo, en Guadalajara (México)
EFE/ Francisco Guasco

La red que sostiene al jefe

Durante años, el relato sobre los cárteles se ha centrado siempre en la figura del capo: el hombre armado, visible, rodeado de escoltas y violencia. Sin embargo, las organizaciones criminales no funcionan únicamente a partir del liderazgo público y exclusivamente masculino. Se sostienen en redes financieras, familiares y logísticas que a menudo tejen y controlan ellas.

La historia de González Valencia está atravesada por la estructura familiar del crimen. Sus hermanos, encargados del lavado de dinero, pertenecen a la misma organización. Y ella ha sido señalada en varias ocasiones de ser la administradora de recursos del cártel.

Gracias a una mujer, se dio caza a “El Mencho”

Según ha relatado el Gobierno mexicano este lunes, ‘El Mencho’ ha caído gracias a la colaboración con Estados Unidos. El viernes se localizó a ‘El Mencho’, por quien Washington ofrecía una recompensa de 15 millones de dólares, en el poblado de Tapalpa, en el estado occidental de Jalisco, cuna del cartel.

La inteligencia militar decidió precipitar la operación, cuando se identificó a una de las parejas sentimentales de ‘El Mencho’ que salía del complejo el sábado (no González Valencia), mientras que el narco y su círculo de seguridad permanecían en él.

Durante décadas, las mujeres dentro de estas estructuras han sido consideradas o las acompañantes o las víctimas colaterales. En muchos territorios disputados por organizaciones criminales, sus cuerpos se han convertido en mensaje: feminicidios y desapariciones utilizadas para marcar el dominio más violento y machista.

Integrantes de la Guardia Nacional resguardan la zona donde trasladaron el cuerpo de Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, alias ‘El Mencho’
EFE

Cuántas mujeres hay en los cárteles mexicanos

Aunque no existen cifras oficiales, las estimaciones recogidas en estudios y medios mexicanos apuntan a que la presencia femenina en estos grupos criminales -cada vez más frecuente- se sitúa entre el 5 y el 8% del personal total. Al principio, su papel se limitaba en gran medida al apoyo logístico: transporte de drogas, vigilancia, cobro de extorsiones o gestión de pequeñas redes locales. Los jefes criminales valoraban su capacidad para pasar desapercibidas y su disciplina jerárquica.

Pero con el paso del tiempo, ese papel se ha transformado. Hoy no solo administran finanzas o coordinan redes de distribución, también participan en delitos de sangre, secuestros y operaciones armadas. A medida que ascienden dentro de la estructura, asumen el mismo lenguaje de violencia que tradicionalmente se asociaba a los hombres. Lo que no quiere decir que este tipo de estructuras criminales no sigan marcadas por conductas machistas. 

Una integrante de la Red Nacional de Organismos Civiles de Derechos Humanos en Ciudad de México
EFE/ José Méndez

El caso de Rosalinda González es ilustrativo porque combina los dos mundos que han funcionar a estas organizaciones: el familiar y el operativo. No es la líder visible, pero sí parte del núcleo que sostenía la estructura económica del cártel.

Entornos vulnerables, caldo de cultivo

Muchas de las mujeres que ingresan en estos grupos proceden de contextos marcados por la pobreza y la violencia de género. En un entorno donde la protección institucional es débil, el respaldo de un cártel puede percibirse como una forma de seguridad, reconocimiento y sustento económico. El estatus dentro del grupo ofrece algo que fuera escasea: poder y pertenencia.

Pero esa integración también tiene un efecto multigeneracional. Cada vez hay más mujeres encarceladas por su vínculo con el crimen organizado. Cuando una madre entra en prisión, el impacto se extiende a sus hijos. En otros casos, el estatus y los ingresos obtenidos dentro de la organización se convierten en un modelo que otros replican.

Columnas de humo tras reacciones violentas por el abatimiento de Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, alias El Mencho
EFE/ STR

El ascenso femenino en los cárteles no significa que hayan roto el dominio masculino en las cúpulas del poder criminal. Pero sí indica que las organizaciones han dejado de ser espacios exclusivamente masculinos en su operativa cotidiana. La violencia, la logística y la gestión financiera ya no están separadas por género.

A corto plazo, la muerte de “El Mencho” obligará al cártel a reconfigurar todo su entramado.  Habrá que determinar quién ocupará el liderazgo formal, pero también quien controlará las redes internas o las finanzas, hasta ahora, en manos de su esposa.  

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