Durante años, Europa ha convivido con una guerra híbrida rusa que se mueve en la zona gris entre la paz y el conflicto abierto. Ya antes de la invasión a Ucrania (2022), se produjeron ciberataques, sabotajes, campañas de desinformación, interferencias de GPS, espionaje, presión económica o instrumentalización de la migración. Es el repertorio con el que Moscú busca explotar las vulnerabilidades de las sociedades europeas sin recurrir a una confrontación militar convencional.
El incidente del aeropuerto de Leipzig/Halle ha elevado un peldaño la preocupación. El 4 de agosto, un dron cargado con explosivos fue localizado cerca de un avión de carga ucraniano y otro aparato llegó a impactar contra una aeronave. Alemania atribuyó oficialmente la operación a Rusia y señaló similitudes entre los componentes de los dispositivos y los utilizados en anteriores operaciones rusas. El caso se suma a una cadena de sabotajes, incendios provocados, ciberataques e interferencias electrónicas registrados en distintos países europeos.
La cuestión que vuelve a plantearse es hasta dónde puede llegar Moscú en esta estrategia sin provocar una respuesta militar directa de Occidente. Para Maria Martisiute, experta en defensa del European Policy Center, el problema no está únicamente en cada ataque individual, sino en la acumulación de operaciones y en la respuesta europea. “Tenemos que empezar a reconocer que esto es una agresión”, sostiene en conversación con Artículo14. A su juicio, mientras Rusia perciba que el coste de estas acciones es limitado, seguirá probando los límites de Europa y de la OTAN.

-El caso de Leipzig parece elevar el nivel de los ataques atribuidos a Rusia. ¿Qué diferencia este incidente de otros episodios anteriores?
-Era solo cuestión de tiempo hasta que tuviéramos ataques de este tipo, que pudieran ser considerados algo más escalatorios. Pero hay que verlo no de manera aislada, sino dentro de toda una cadena de ataques en que se recurre a medios e instrumentos civiles y militares. La guerra híbrida rusa no son solo drones ni ciberataques. También es presión económica, presión migratoria, guerra de información, guerra cognitiva, pero también armas militares, como drones y explosivos. Pero ya no podemos limitarnos a culpar a los perpetradores. Si estos ataques están poniendo en riesgo Europa y las vidas de sus ciudadanos, también es responsabilidad nuestra.
-En este caso, las autoridades alemanas han señalado que los componentes y los sistemas de detonación de los drones son similares a los utilizados en otras operaciones rusas. ¿Hay alguna diferencia en el modus operandi?
-No. Lo que veo diferente es la atribución alemana de responsabilidad a Rusia. Y esto es una muy buena noticia. Este es el ejemplo que necesitamos seguir. La única cuestión es que tenemos que hacerlo más rápido, idealmente para prevenirlo en primer lugar. Pero si ocurre, hay que atribuirlo. Tiene que haber una investigación. Y tiene que haber una respuesta mucho más contundente que imponga consecuencias a los responsables. Una de las formas es exigir responsabilidades a Rusia.

-Alemania ha cerrado un consulado y un centro cultural ruso. ¿Es suficiente la respuesta europea?
-No es suficientemente consecuente. No veo grandes diferencias, aparte del hecho de que Alemania haya atribuido la responsabilidad. Y me gustaría que este caso pudiera abrir el camino hacia una respuesta más fuerte de la UE y la OTAN. Pero lo dudo. Rusia no se preocupa porque cierres su consulado. Harán que parezca que están muy enfadados y que van a tomar represalias, pero el impacto es muy pequeño. Es simbólico. Si el coste es tan bajo, ¿por qué deberían parar los ataques?
-¿Estamos ante una estrategia coordinada para poner a prueba los límites de Europa?
-Creo que esto es sistémico y coordinado. Van tanteando allí donde pueden para ver dónde existe una brecha. Y ocurre en toda Europa: Alemania, los países bálticos, los nórdicos, especialmente en los países que están en primera línea. Una forma de hacerlo es disuadirnos de apoyar a Ucrania. Otra es demostrar que somos débiles, desestabilizarnos políticamente y también exponer nuestras debilidades militares.

La pregunta que deben hacerse los responsables políticos es si deben invocar el artículo 5 (principio fundamental de defensa colectiva de la OTAN) si mueren cinco o siete personas. No lo haremos.
-¿Por qué?
-Porque ni la OTAN ni la Unión Europea no encontrarán el consenso necesario para invocar el tratado de defensa o, en definitiva, entrar en guerra contra Rusia o quien sea el perpetrador. Y eso también enviaría una señal muy importante a Rusia: que quizá puede haber más muertos y víctimas. Después habrá algunos más en los países bálticos, quizá algunos más en el Ártico, durante un periodo de tiempo más largo.
“No nos estamos tomando nuestra seguridad y nuestra defensa en serio”
Demostraría que no nos estamos tomando nuestra seguridad y nuestra defensa en serio. Por eso no esperaría a que haya víctimas. Adaptaría y cambiaría nuestra política para que nuestra respuesta a este tipo de agresión sea proporcional y adecuada.
-La guerra híbrida también incluye la instrumentalización de la migración, como ocurrió en la frontera entre Bielorrusia y países como Polonia, Lituania o Finlandia. ¿Hay que entender todos estos episodios como parte de un mismo fenómeno?
-Precisamente por eso es importante verlo de forma acumulativa, y no uno por uno. Si sumas el número de ataques, su extensión geográfica, la escala y el impacto, creo que, en su conjunto, puede describirse como un ataque de gran magnitud. Lo único que nos falta son las víctimas mortales. Porque el coste económico es alto y las disrupciones son importantes. Y desde el punto de vista de Rusia, esto es barato, práctico y efectivo. Es efectivo porque expone nuestras debilidades. Y, en segundo lugar, porque perturba nuestras sociedades y nuestra economía.

-¿Puede esta guerra híbrida adoptar formas mucho más rudimentarias de lo que solemos imaginar?
-Sí. Estos ataques híbridos no tienen que ser sofisticados. Pueden serlo, como los cables submarinos o los drones, pero también pueden ser muy primitivos. En la frontera de Bielorrusia, inmigrantes empezaron a cavar agujeros en el suelo a través de la frontera, y pasaban por debajo para entrar a Lituania.
-Después de más de cuatro años de guerra en Ucrania y de ataques híbridos, ¿existe el riesgo de que Europa haya normalizado esta situación?
-Creo que existe una concepción errónea sobre la guerra híbrida rusa y sobre sus capacidades y tácticas. Porque desde el punto de vista de Rusia, esto es un ataque y una agresión contra Occidente, la OTAN, la UE o Europa. Para Europa, la verdad es que solo está por debajo del umbral porque no hay una matanza masiva, porque no es un acontecimiento con muchas víctimas.

Eso es exactamente lo que Rusia quiere que hagamos. Quieren que normalicemos estos riesgos y estas amenazas. Al tener una reacción contenida o una respuesta inadecuada, solo estamos alimentando las narrativas rusas. Cuando la OTAN dice especialmente que “ni estamos en guerra ni estamos en paz”, esto es exactamente lo que Rusia quiere escuchar. Porque demuestra que estamos completamente desorientados.

