Expectación, esperanza contenida y miedo a represalias son las tres sensaciones más repetidas por los venezolanos cuando les preguntas cómo están tras la caída de Nicolás Maduro. “Antes estábamos mal, ahora al menos es otra cosa, así que puede que vaya mejor”, asegura uno de los ciudadanos consultados. La inmensa mayoría prefiere preservar su identidad, borra rápido las conversaciones de teléfono móvil, porque el miedo a las represalias está más presente que nunca.
Los periodistas extranjeros continúan sin poder atravesar la frontera, bajo amenaza de arresto. Así, la única conexión con el interior de Venezuela es a través de los teléfonos móviles. La vida en la capital, Caracas, va recuperando la normalidad tras los ataques estadounidenses. “Las calles están normales con más gentes”, aseguran a este periódico.
Si bien, esa normalidad solo es en apariencia, y el miedo va a más por las noches. “Entonces, la ciudad está vacía, la gente se recoge antes de que oscurezca”, reconocen.
La expectativa es enorme por el aluvión de anuncios y promesas, de uno y otro lado, como el compromiso de Estados Unidos de una transición democrática, aunque sin poner fecha. Por eso la incertidumbre y la calma tensa imperan entre los venezolanos. Una sensación a la que ya están acostumbrados muchos entre el país, por mucho que pueda no cabe en la cabeza de los españoles.

Así lo resume un compatriota venezolano, en conversación con Artículo14: “En esto llevamos muchos años. Ya la gente aprendió a resguardarse, no celebrar en la calle ni buscar problemas”. De ahí, que la mayoría haya tratado de volver a la normalidad, a su día a día, a la espera de acontecimientos.
La esperanza a cambio
Esperanza contenida es el segundo sentimiento que más se repite. Tanto por los venezolanos que están en la frontera con Colombia, donde está esta reportera, como por los contactados desde Caracas. Ya solo el atisbar un cambio les da esperanzas, pero no terminan de creer que vaya a funcionar: “Después de 27 años de corrupción, el 90% de la gente está feliz”, dice un venezolano.
Y luego está el miedo. El temor a que sean descubiertos hablando con los periodistas extranjeros, a pronunciarse políticamente. Muchos rehúyen a los periodistas por medio a las represalias.
Incluso hablar por teléfono o a través de mensajes de texto conlleva riesgos, según alertan nuestros interlocutores. “Voy a eliminar todos los mensajes ahora mismo”. No quieren dejar rastro ni si quiera de una crónica de su rutina más básica después de la caída de Maduro. Las conversaciones con periodistas internacionales están en el punto de mira y quieren evitar que se los señale o que las fuerzas chavistas les intercepten los dispositivos móviles.
