Hola, chicos. Hoy os traigo este piso, 655 euros al mes, 30 metros cuadrados, tercero exterior sin ascensor en Alcalá de Henares, vamos a verlo. Empezamos por el salón: como veis, tenemos uno y dos sofás, cada cual más rígido que el anterior, para estar tiesa. Mesita LAK, lámpara estilo Wabi Sabi, lujo. Al lado del salón tenemos el dormitorio, con una camita de 90, luz cenital directa, cómoda para las camisetiñas, zona para tertulia, charlas BBVA. Aunque veamos una escalera, no es un dúplex. Aquí tenemos la puerta de entrada, espacio perfecto para calzarte las botas antes de salir. Aquí tenemos el pequeño despacho, con mesa de IKEA, vestidor. Y al lado del closet tenemos la ducha entre tabiques. Al lado la cocina, completamente equipada. Y lo que vemos aquí es, efectivamente, un portarrollos. Estamos ante otro caso de váter en medio de la cocina: tapa a juego con los acabados de toda la vivienda…
El párrafo anterior es la transcripción de uno de los numerosos reels que dedica la cuenta @le_petit_patito en Instagram a anuncios muy diversos publicados en Idealista de viviendas o infraviviendas a lo largo y ancho del territorio nacional. Es un museo de horrores y de zulos y hay de todo. Es un retrato que da risa y también pena sobre lo que pasa si tratas de buscar alquiler en la España de hoy. Los vídeos son adictivos porque son escalofriantes, sin separación entre ambas cosas. Y hoy, claro, quizá hay dos nuevos que podrían añadirse a la lista.
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Piso en Vallehermoso por 1.790.000 euros. Inmueble con orientación oeste, recién reformado, cocina americana –lujo– y terraza de 10 metros cuadrados. Gran vestidor con ventana y espejo. Incluye diploma de piloto. Se cambia por ático del paseo del General Martínez Campos. Dinero para “reconstrucción tras los incendios”. Estupendas vistas al piso de la family. 485 metros cuadrados, 200 de ellos terraza, por si te aburres o se aburre de dar vueltas la Roomba. Sólo de uso residencial. Corred, que vuela.
Lo más sangrante de la polémica con Ayuso, la venta de su antiguo piso y la compra por parte de la Comunidad de Madrid de un ático de lujo, con nocturnidad y alevosía, no es sólo que lo haga con recursos que son de todos, financiando a través del erario público lo que por permisos sólo puede ser una vivienda y sin embargo se insinuó como espacio de oficinas. Lo terrible es que sucede mientras vivimos una crisis habitacional enorme, cuando la vivienda es una de las principales preocupaciones de este país. En el ático que Ayuso quería tener caben 20 pisitos de 30 metros cuadrados. Si nos vamos a los zulos de 12, que los hay, sólo en la terraza podrían construirse 16. Y muestra de que no tenía un pase ha sido lo rápido que ha dado todo el mundo marcha atrás e inventado un nuevo destino –¿compra ahora la Comunidad para… vender? ¿Lo venderá más caro? ¿Especulará con la vivienda?–: admitir los fines de la operación era feo en exceso.

Si les cayó la del pulpo a Pablo Iglesias e Irene Montero en su día por comprarse un chalet a las afueras cuando el entonces candidato había afirmado querer permanecer en su barrio de toda la vida, una sociedad sin doble vara de medir tendría que ser muy crítica con una presidenta que usa una empresa pública para sortear la crisis de la vivienda en Madrid. Más aún cuando hasta ella se ha quejado en entrevistas de que la ciudad está imposible. No hay peor traspié ni tema que pueda indignar hoy más a la ciudadanía.
Es obsceno, porque es la muestra de una política que se cree impune e inmune a todo, capaz de brindarse un chollo por ser quien se es y de usar todos los resortes institucionales para el beneficio propio. Y lo peor es que, mientras se preparaba un pisito para la presidenta, a miles de madrileños fondos buitre expulsaban de sus casas de toda la vida. Es el caldo de cultivo perfecto para la indignación, pero quién sabe si habrá consecuencias o sólo reels de los horrores. El horror de esta semana nos lo ha traído Ayuso. Ahora que está a la venta el piso donde habitaba: ¡corred, que vuela!

