Opinión

Autenticidad, IA y redes sociales

Actualizado: h

Fue en 2004 cuando Facebook llegó a nuestras vidas. Aunque antes de esa fecha ya existía alguna red social, fue el lanzamiento de esta red lo que dio el pistoletazo de salida a la revolución que vivimos con posterioridad, que aún seguimos viviendo y que, sinceramente, no sé si alguien llegó a imaginar como impactaría en nuestro mundo.

Y es que, aunque Facebook comenzó como una red donde la mayoría de la gente comenzó a buscar a compañeros del colegio y amigos de la infancia para saber que había sido de ellos y recuperar el contacto, en breve se convirtió, junto con el resto de redes que fueron surgiendo, en un escaparate donde muchas personas comenzaron a mostrar su vida al resto del mundo. Y aunque muchas de estas personas empezaron a contar su vida, otras tantas comenzaron a contar una vida que no era tal, pues había mucho más de inventado que de real. Eso sí, todo, real o no, tiraba a perfecto.

Imágenes corporativas de algunas redes sociales.
Kiloycuarto

Porque durante mucho tiempo en las redes sociales parecía que sólo había espacio para vidas perfectas, mundos perfectos, trabajos perfectos, vacaciones perfectas, caras perfectas, parejas perfectas. Y así, hasta el infinito: todo tenía que ser perfecto. Perfeccionismo digital, lo llaman muchos profesionales de la salud mental, un perfeccionismo con consecuencias negativas, y muy serias en muchos casos, para los que estaban observando al otro lado de la pantalla, a menudo adolescentes y personas muy jóvenes, que encontraban en ese ideal de vidas un espejismo al que dirigirse, sin pararse a pensar que la mayoría de lo que se le mostraba distaba mucho de ser real, de ser auténtico, que todo era producción. Daba igual, la comparación con esa perfección era inevitable.

Y a estas redes sociales que ya forman parte de nuestras vidas, no hace mucho han venido a sumarse todas las aplicaciones basadas en Inteligencia Artificial donde cualquiera puede hacer un video tan realista, y tan perfecto que cuesta muy a menudo distinguir lo que es real de lo que es IA.

Pero como tantas veces ocurre en esta vida y nos advertían nuestras madres y abuelas, lo poco gusta y lo mucho cansa, y es lo que ha ocurrido con tanta perfección. Y sucede que ahora lo que se quiere ver no son vidas perfectas, ni caras perfectas, ni vacaciones perfectas, ni nada perfecto, ahora lo que queremos es que lo que se nos muestre sea real, sea auténtico.

Y no lo digo yo, lo dicen estudios y encuestas realizadas a usuarios de redes sociales y la respuesta es unánime: las personas quieren ver otras personas reales y auténticas que muestren vidas reales y auténticas. Y si hablamos de qué tipo de marcas prefieren los consumidores, cuando les han preguntado a estos cuáles son sus marcas preferidas y por qué, la respuesta es casi la misma, porque lo que quieren son marcas que muestren autenticidad, y es que, según estudios realizados por agencias de publicidad, el algoritmo dominante actual es la autenticidad: las marcas que son percibidas como auténticas son las mejor valoradas por los consumidores. Es la vuelta a las vidas cotidianas y a la realidad sin filtros. En publicidad y en las redes. Si me apuras, en la vida en general.

Y es que existe lo que se denomina fatiga digital, que no es ni más ni menos que estamos cansados de ver vidas y personas tan perfectas que no nos creemos nada de lo que vemos, porque dudamos de que sea real, y por eso lo único que queremos es volver a ver autenticidad, personas auténticas que muestren vidas auténticas, como las nuestras, tan grandes, tan pequeñas, tan estupendas, o tan desdichadas como son nuestras vidas.

Así que ahora, que es más fácil que nunca crear realidades artificiales, nos cansa tanta perfección. Vuelta a la autenticidad, que tampoco sabemos si ha venido para quedarse o de nuevo será una tendencia, que los que ya tenemos unos años vemos cómo, pasado un tiempo, todo gira y vuelve. Pero mientras dure, yo la recibo con los brazos abiertos, que no hay nada más aburrido que lo perfecto y como le dijo Osgood Fielding III al personaje interpretado por Jack Lemmon en Con faldas y a lo loco, nobody is perfect.