Opinión

De virgen a virgen

verano
Una niña con bañador se divierte en la piscina
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Cristina López Barrios
Actualizado: h

El verano va de Virgen a Virgen, solía decir mi padre. De la del Carmen a la de la Paloma. A partir del 15 de agosto, en el pueblo madrileño donde pasábamos las vacaciones, bajaban poco a poco las temperaturas, las largas jornadas de piscina se acortaban, al igual que, muy lentamente, las horas de luz. Era entonces cuando mi padre repetía: se acabó el verano. Yo me enfada y él se reía. Para una niña aquella frase lapidaria significaba que el regreso al colegio asomaba sus orejas de lobo por el horizonte. Se acababan las vueltas en bici, los amigos que solo veía en verano, las mañanas al sol, los turbantes de mi madre, y aquellas gafas de mafioso de los ochenta que llevaba mi padre. El verano era andar descalza, vivir en bañador, merendar crema de chocolate, subirse al monte Abantos en una noche de Perseidas.

Así que hace unos días, pasada la Paloma y todavía de luto por mi padre –un luto que presiento me acompañará siempre–, me armé de valor para entrar en un centro comercial y me encontré de golpe con septiembre. Las tiendas tenían ya ese tufo a otoño en sus estanterías y perchas. La lana aparecía como una promesa de lo que está por venir. Nueva temporada, anuncian los carteles.

Como si de una resurrección se tratara, nos asedian los anuncios donde se nos venden elixires para volver a empezar: con más ánimo, con más pasión, más bellos, más centrados, más otros. Mires por donde mires, veas lo que veas, oigas lo que oigas. Se acabó el verano es el nuevo reclamo comercial. Toca volver, regresar, pero, según prometen, no vas a ser el mismo con todo lo que se te ofrece para sentirte otro.

Septiembre es un cúmulo de promesas y proyectos, una campaña publicitaria que nos impulsa y nos deprime a partes iguales. Septiembre es tiempo de aves fénix, de resurgir de las cenizas que quedaron bajo la piel morena del verano.

Cuando somos niños, septiembre significa que algo termina; de adultos, se empeñan o nos empeñamos en creer que algo comienza.

Pero más que comenzar, se trata de un regreso. Regresamos de nuestra pequeña Odisea de calor, playas, atascos y besos, por qué no. Hay tanto tipos de verano como formas de vivirlo.

Septiembre es el mes de la vuelta a casa. La última etapa de los héroes. Un nuevo comienzo. Porque hay tantos lugares, tantas voces a las que ya no podemos regresar.

Hoy soy yo quien mira al cielo nublado en este pueblo de la sierra. Quien saca una chaqueta del armario intacto y le dice a mi hija: es el principio del fin.

–¿De qué, mamá?

–Del verano, respondo.

Y ella sonríe.

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