Opinión

Despertar en Vistalegre

Actualizado: h
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The Byrds popularizaron en 1965 Turn! Turn! Turn! (to Everything There Is a Season), una canción del cantautor comunista Pete Seeger que, en realidad, es una musicalización de los primeros versículos (1-8) del capítulo 3 del Eclesiastés. Reza el hermoso texto bíblico que “todo tiene su momento oportuno”, que “hay tiempo para nacer y tiempo para morir; tiempo para plantar y tiempo para cosechar; tiempo para matar y tiempo para sanar”, etcétera. Sin embargo, no menciona un tiempo que me parece imprescindible: el de pensar. Tampoco un tiempo para dormir y otro para despertar(se).

Me planté este sábado en el Palacio de Vistalegre para asistir a El despertar, un acto convocado por el movimiento cultural It’s Time to Think que congregó a 6.000 personas, y pagando, y en el que participaron escritores, periodistas, filósofos, influencers y algún histrión vesicante. Un sarao interesante que alardeaba de su vocación transversal, si bien entre los espectadores dominaban los niños y niñas bien –no necesariamente cayetanos–, de entre veintipocos y treintaimuchos, conservadores, católicos, hambrientos de sabiduría y con ganas de marcha. El ambiente era estupendo. Sólo me chirriaron un talibán de la sobriedad que denunció, en un turno de preguntas, una “apología del alcohol” –madre de Dios bendito, en fin, y qué bien le toreó Juan Soto Ivars– y cuatro o cinco gallitos que corearon “Pedro Sánchez, hijo de puta” y que fueron amansados al instante por un presentador educado y un respetable que no les hizo ni maldito caso.

Fui a El despertar henchido de curiosidad. Yo, que tantos hombres he sido, sospechaba encontrarme un reverso conservador y refinado del wokismoWoke es el pasado simple del verbo To wake, “despertar”–; un reverso ilustrado, formal y de derechas del 15-M. Creo que el acto fue más humilde y, a la vez, más intelectual y moralmente ambicioso. Un signo de que, por debajo de las sesiones de control, la financiación autonómica y la destitución de Xabi Alonso, algo pasa, se gesta o se ha gestado –“Something is happening and you don’t know what it is”, que canta san Bob Dylan–, y ya está dando sus primeros pasos. Porque ha despertado.

En El despertar se habló de fragmentación, de una sociedad rota, de nihilismo, de acción directa –C. Tangana, en un vídeo–, de los vínculos –uno de los presentadores pidió un aplauso para los abuelos–, de agobios, del vacío o de Dios. El sacerdote francés Jacques Philippe invitó a “redescubrir el valor del silencio”; Ana Iris Simón lamentó que hayamos “abandonado la idea de comunidad” y que nos creamos que “somos sólo lo que hemos elegido”; Jano García recordó que Occidente no se entiende sin “Roma, Grecia y, sobre todo, los valores cristianos”; el gran Juan Manuel de Prada instó a ofrecer “una resistencia antropológica” frente al “proceso para destruir todo lo que hay de sólido”; el filósofo Fabrice Hadjadj –mi descubrimiento de la jornada: “El que no coge el toro –laboral– por los cuernos, sólo le queda recoger la mierda del toro”, y así. Hubo un karaoke puntual y concierto. Un tipo que cantó en mi boda interpretó el Nessun dorma. Lo hizo muy bien. Me sobró un youtuber y eché en falta que alguno de los grupos versionara el Turn! Turn! Turn! de The Byrds, digo, de Pete Seeger, digo, del Eclesiastés.

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