A Sánchez le ha venido Dios a ver. O, mejor dicho, el vicario de Cristo. Quién le iba a decir al yerno de Sabiniano que el Maharishi Zapatero, su lata de espinacas en las generales de 2023, se convertiría, por eso de su imputación, en una espina clavada en la garganta. Quién le iba a decir a aquel “ateo a secas” que considera “que la religión no debe estar en las aulas” –tal y como le contó a Risto Mejide en Viajando con Chester, hace doce añacos ya–, y que preside un Gobierno que aprobó una Ley de Eutanasia y que aspira a modificar la Constitución para blindar el derecho al aborto, que León XIV se transformaría para él en un salvavidas apañado –sin más, tampoco hay que tirar cohetes–, pero oportunísimo, amén de en una cortina de humo cuya densidad está por ver.

Cuando vienen mal dadas, el presidente del Gobierno se enfunda el traje de ninja y zas, desaparece. “En España y afuera de España”, que diría el difunto Manolito Reyes, más conocido como Pozí. Los episodios abundan como la descendencia de Abraham, mas ninguno es tan icónico, descarado y vomitivo como la espantá que protagonizó en marzo del 23, cuando se ausentó en la votación parlamentaria de la reforma de la Ley del Sólo Sí es Sí por, según fuentes del Palacio de La Moncloa, tener “asuntos pendientes”. El español de a pie lo olvidó hace mucho, pero las víctimas de delincuentes sexuales todavía lo recuerdan. Y de qué manera.
Tres años después de aquella bomba de humo, mientras el juez Calama destruye el mito de Zapatero, al que investiga por los presuntos delitos de organización criminal, blanqueo de capitales, tráfico de influencias y falsedad documental en el caso Plus Ultra, Sánchez se acoge a sagrado en San Pedro del Vaticano, a 2.000 kilómetros del Palacio de las Cortes, a la vez que la oposición, durante la sesión de control, se cisca, en palabras del ministro Óscar Puente, en “el mejor expresidente del Gobierno, el mejor socialista”. Uno que guardaba en una caja fuerte, según varios tasadores, uno o dos millones de euros en joyas. Arriba, parias de la Tierra. En pie, famélica legión.
Page le exige que se someta a una cuestión de confianza o que convoque elecciones, Illa reivindica al hombre que le nombró ministro de Sanidad y el presidente del Gobierno se refugia en Roma –no se me ocurre mejor lugar para ello–, donde participa en un acto de la FAO y se reúne con el papa Prevost, con el que comparte una convicción: “O ponemos el progreso al servicio de las personas, o el futuro será la condena de generaciones enteras”. “La encíclica Magnifica Humanitas –continúa el presidente en X– de León XIV nos interpela a todos. La IA no es neutral, y el poder digital puede conducirnos a nuevas atrocidades si no se orienta al bien común. El texto es también una defensa de la paz, la dignidad humana y el multilateralismo”.
Verás tú que va Sánchez, “ateo a secas”, y se convierte al catolicismo. Más chocante fue lo de san Pablo, que pasó de colaborar con entusiasmo en la lapidación de san Esteban a convertirse, tras la cristofanía en el camino de Damasco, en el apóstol de los gentiles. Recordemos que el Jefe de todos no vino a llamar a los justos, sino a los pecadores –Sánchez entra– al arrepentimiento –ya no lo tengo tan claro–. Me pregunto si, en algún momento de la audiencia papal, saldrá el tema de Noelia Castillo.

