Opinión

La fe

FOTODELDÍA Ciudad del Vaticano (Santa Sede), 06/05/2026.- El Papa León XIV saluda desde el papamóvil a su llegada para presidir su audiencia general semanal en la Plaza de San Pedro, Ciudad del Vaticano,este miércoles.-EFE/ Angelo Carconi
El Papa León XIV saluda desde el papamóvil a su llegada para presidir su audiencia general semanal en la Plaza de San Pedro, Ciudad del Vaticano,este miércoles.
EFE/ Angelo Carconi
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Estamos a escasas horas de que llegue León XIV a España, el tercer Papa que visita nuestro país, y lo cierto es que este es un dato que yo desconocía, no sabía que tan sólo tres pontífices habían venido en visita oficial, aunque las dos visitas anteriores están en mi recuerdo por distintos motivos.

El primero, Juan Pablo II, vino a España allá por el año 1982 y veintinueve años después fue Benedicto XVI el que visitó Madrid en 2011 para la Jornada Mundial de la Juventud que se celebró en la ciudad.

Ahora es León XIV quien viene a visitarnos cuando distintas fuentes afirman que existe un crecimiento en la fe de los jóvenes en nuestro país, aunque también según las mismas fuentes, nuestro país lleva años experimentando una fuerte secularización.

Precisamente en la época en que nos visitó Juan Pablo II, allá por los años 80, casi el 90% de la población española se declaraba católica, mientras que en estos tiempos es apenas un 50% el que siente católico, y no todos ellos dicen ser practicantes.

Y me llama la atención que mientras el número de católicos desciende año tras año en nuestro país, entre los jóvenes (de 15 a 25 años) está sucediendo exactamente lo contrario: si hace seis años el número de jóvenes que se declaraban católicos era poco más de un 30%, ahora son el 45% los que así se declaran, siendo casi el 40% de los encuestados los que afirman que la religión es bastante o muy importante en su vida. Aunque hay otras encuestas que no reflejan estas mismas cifras, el hecho que sí queda reflejado en todas es que la religiosidad entre los jóvenes está creciendo.

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Vivimos tiempos convulsos en todos los ámbitos, eso es algo que no podemos negar, tiempos cargados de incertidumbres y vacíos de certezas, aunque no creo que esto sea propio sólo de nuestro tiempo.  No creo que mis abuelos lo tuvieran más fácil que los jóvenes de hoy en día.  Lo que sí creo es que muchas cosas han cambiado.  Por poner dos ejemplos, hay una necesidad de pertenencia que antes no era tal, una vez que los núcleos en los que vivían nuestros abuelos no son los de nuestra sociedad, y tampoco la desinformación en la que vivían nuestros abuelos es la infoxicación en la que vivimos inmersos hoy en día. Muchas cosas han cambiado.

Muchas cosas han cambiado menos la condición humana, que sigue siendo la misma. Una condición humana que sigue haciéndose las mismas preguntas sin respuesta, que sigue teniendo las mismas necesidades, a menudo con el mismo anhelo de encontrar un sentido a esta vida y con la necesidad de trascendencia que también experimentan personas.

Porque como explicó el teólogo alemán Rudolf Otto en su ensayo Lo santo hace más de un siglo, existe en el humano un impulso de ir más allá de los límites de nuestra finitud, de nuestra racionalidad, y de superar este mundo material. El teólogo explicaba que el hombre experimenta un sentimiento de criatura en el que descubre su finitud y su pequeñez ante algo más grande que él, algo que desconoce, aunque por supuesto esto no aplica a todos aquellos que se tengan por materialistas.

Así que puede que muchos jóvenes estén volviendo a la religión y a la fe porque existe otro tipo de vacío existencial hoy en día, que muchos jóvenes vivan con menos esperanza de la que vivían nuestros abuelos, o necesitan sentir una pertenencia que nuestros abuelos sí sentían, o simplemente muchos jóvenes se acercan a la religión simplemente porque nadie se la impone.

Aunque siempre nos quedará la visión filosófica y quizá, como explicó Blase Pascal, el hombre tiene un vacío en su corazón con la forma de Dios que solo Dios puede llenar, y estos jóvenes tan sólo tratan de llenar ese vacío con el que se han encontrado, ese sentimiento de criatura del que hablaba el teólogo alemán, que les hace estar más cerca de los filósofos creyentes como Spinoza o Kierkegaard que de los filósofos que fueron incapaces de creer en Dios porque su racionalidad se lo impedía.

Tal vez estos jóvenes lo único que buscan es un soplo de algo que les aleje de este mundo tecnologizado y cientificista en el que vivimos, y buscan un algo de espiritualidad y humanismo, como reclaman tantos otros que no son ya jóvenes, y ese algo lo buscan en la religión y en la fe. Tal vez esta búsqueda sea un nuevo tipo de revolución que está empezando.

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