El verano está a la vuelta de la esquina para todos y para muchos también lo están las vacaciones. Y de estos muchos, unos cuantos han preparado ya o puede que sea ahora cuando estén preparando esas vacaciones.
Hoy en día es muy fácil organizar un viaje por tu cuenta si uno quiere. Hay información por todas partes, imágenes por todas partes, comentarios de viajeros que ya estuvieron en aquel lugar. Es lo que tiene vivir en la época de internet. Qué diferente es todo de aquella época viejuna en que la mayor información cuando viajabas te la proporcionaban las guías de viaje en papel, tipo la Guía del Trotamundos, que además necesitaban imprimirse cada año para poder actualizar toda la información.
Suele suceder cuando preparamos un viaje que nuestra imaginación se dispara, que simplemente preparando el viaje somos felices. Sí, somos muy felices cuando planificamos un viaje, unas vacaciones. De hecho, está estudiado por investigadores que muchas personas son más felices cuando planifican un viaje que cuando lo están viviendo. Esto lo conocen muy bien los psicólogos y tiene un nombre: la ilusión del futuro.
Esta ilusión nos hace creer que seremos más felices cuando consigamos algo, por ejemplo, cuando estemos en ese viaje que estamos planificando, y la paradoja es que sólo pensándolo ya somos más felices. De hecho, puede ocurrir y a veces sucede que ese viaje que nos hizo tan felices mientras lo preparábamos no nos la misma felicidad mientras lo vivimos.
Y esto no sucede sólo con los viajes, sino con todo tipo de experiencias, porque si el famoso estudio de las vacaciones de 2010 demostró que el pico de la felicidad sucedía al preparar estas y no durante o después, en 2014 otro estudio de la Universidad de Cornell demostró que simplemente esperar vivir una experiencia, que podía ser un viaje, pero podría tratarse de una cena o un concierto, proporciona más felicidad que tener un nuevo objeto material. De nuevo pensar en una experiencia que vamos a vivir proporciona felicidad incluso antes de vivirla.
Puede que todo esto no sea nada más que nuestra mente respondiendo a lo que se conoce como la falacia de la llegada. Es decir, tendemos a pensar que seremos más felices al conseguir algo que aún no hemos conseguido, y sólo con pensarlo o planificarlo ya nos sentimos felices. Y esto sucede porque una vez que conseguimos aquello que perseguíamos, según ha demostrado también la ciencia, la mayoría de las personas en vez de disfrutar de lo conseguido, se enfoca en el siguiente logro, en el siguiente objetivo, y por eso disfrutamos más y somos más felices mientras estamos planificando algo que conseguir que cuando lo conseguimos.
Me viene a la cabeza lo que canta Siloé: siempre soñamos con los pies lejos del suelo dejando que la arena cubra nuestros dedos, siempre soñamos en un mundo paralelo. Y no está nada mal soñar mientras planificamos un viaje o cualquier otra experiencia, pero puede que al soñar en un mundo paralelo nos salgamos de los límites del nuestro y nos olvidemos de que el mundo es como es, que la vida es como es, y que la realidad es la realidad.
Que no hace falta aferrarse a la frase de Alexander Pope que dijo aquello de que es bienaventurado es el que nada espera, porque nunca será defraudado, pero si bien soñar es maravilloso y gratis (la mayoría de las veces), no hay que olvidar que la realidad es siempre la realidad.
Así que, llegados a este punto, recuerda a la Santa, Teresa de Jesús, que ya hace siglos escribió que hay más lágrimas derramadas en el mundo por los deseos concedidos que por los que quedan sin conceder. Y esto puede ser porque, como dijo Oscar Wilde bastantes años después, en este mundo solo hay dos tragedias: una es no conseguir lo que uno quiere, y la otra es conseguirlo y esta última es la verdadera tragedia.
Felices planificaciones.

