Iniciábamos la semana con una imagen para la historia. El Papa recibido en el Congreso de Los Diputados en una sesión conjunta de las dos cámaras.
A lo largo del discurso del pontífice se podían ir viendo las diferentes expresiones de las diferentes bancadas políticas; en ocasiones de aprobación y en ocasiones de cierta molestia, pero ninguna expresión de rechazo.
Es destacable el hecho de que la visita del Papa ha despertado más sosiego y puntos en común de lo que podía ser previsible; despertando reacciones políticas interesantes.
Por un lado, Podemos acusando al presidente del Gobierno de España de utilizar la ilustre visita para enarbolar la bandera de la solidaridad ante la inmigración irregular; por otro lado, el Partido Socialista aprovechando la singularidad para desviar la atención sobre los paseíllos recientes por los juzgados y toda suerte de nuevas investigaciones. Vox por su lado sin poder defender al cien por cien el discurso papal, sobre todo en materia de inmigración, y el Partido Popular en zona gris en la que mejor no definirse.
Que Pedro Sánchez decidiese en último momento acudir a Arguineguín – Gran Canaria- no sabría si interpretarlo en positivo o en negativo. Hace seis años de la calamidad que allí se vivió, y seis son los años que el presidente ha tardado en acudir a la llamada de la propia alcaldesa.
Utilizar la venida del Papa para hacer política sobre la inmigración irregular que azota a las islas, no es sea procedente, es que es del todo excomulgable. Hemos de tener en cuenta que la política de inmigración es nacional, pero esas competencias no siempre son recordadas.
Si algo ha dejado el Papa para la reflexión, sobre todo durante su intervención en el Congreso es el hecho de otra manera de pensar. Un discurso que bebía en ocasiones de políticas de derecha y en otras de izquierda; un discurso que arrojó una perspectiva transversal y mostró otra manera de opinar, sin trincheras y sin complejos.
Podemos estar más o menos de acuerdo con el discurso, hay puntos que mi persona no comparte, pero eso no hace que resurja en mí la añoranza de una política transversal sin trincheras y de mayor nivel.
Si escuchamos la crónica de cada formación política podemos observar cómo cada partido ha resumido solo aquellas, en las que se sentían identificadas. Vox obviando la no desdeñable parte del discurso del pontífice sobre la inmigración, o el Partido Socialista omitiendo la posición “provida” reclamada por el Papa.
Si esta intervención ha conseguido que los distintos partidos busquen la parte del discurso que comparten, en lugar de la que desaprueban; la reflexión que deberíamos hacernos es la de porqué la política española tradicional perdió la capacidad hace años de buscar los puntos en común.
Lo que el Papa deja tras su visita es un atisbo de que se puede compartir, se puede acordar y también se puede reprobar pensamientos, sin que esto condicionen los encuentros.
Quizás a partir de ahora puede que exista menos ruido político, o quizás eso sería un milagro divino con el que la sociedad española sería premiada

