Opinión

Morir de pena

Paris (France), 04/06/2026.- FILE Iranian-born French graphic novelist, illustrator, and film director Marjane Satrapi poses for photographs during International Women's Day celebrations in Saint Ouen, near Paris, France, 08 March 2023. Relatives released a statement announcing she had “died of sadness” after the death of her husband, the Swedish producer Mattias Ripa. (Francia) EFE/EPA/CHRISTOPHE PETIT TESSON
Marjane Satrapi.
EFE
María Jesús Güemes
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La actualidad está que arde. Se ha ido el Papa y nos ha dejado inmersos en una semana judicial de aúpa para el PSOE. Me acuerdo de cuando hablábamos de los lunes negros del PP… Ya quisieran los socialistas que todos sus males se concentrasen en un solo día. Ahora les toca a ellos afrontar un viacrucis y a saber cómo termina. A ver qué explicaciones da el expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, que acude hoy a declarar ante el juez.

A la espera, me detengo en otra noticia. En una de esas que me gustan a mí porque hacen que uno se pare a pensar por un instante. Me refiero a la muerte de la dibujante iraní Marjane Satrapi, autora de ‘Persépolis’, a los 56 años. Se fue un símbolo de los derechos humanos, la libertad y el feminismo.

En un comunicado, su familia resaltó que había fallecido “de tristeza” poco más de un año después de la partida de Mattias Ripa, “su esposo y el amor de su vida”. Al leerlo, me impresionó bastante. Una amiga me preguntó después si yo creía que era posible que sucediese realmente algo así y, tras darle varias vueltas, le respondí que sí.

Si hablásemos con una doctora nos diría que no es correcto a nivel clínico. La defunción obedece a razones físicas y no mentales. Pero muchos sabemos que una depresión puede conducir al abandono. La persona no se cuida y surgen o se agravan determinadas patologías. Además, uno no sólo padece un dolor emocional. También hay una parte física. Lo sé porque he vivido ese estado y, a veces, sentía que me daban pinchazos en el pecho. Sería por ansiedad o angustia, pero yo lo achacaba al sufrimiento.

Hay quien lo llama síndrome del corazón roto o miocardiopatía de takotsubo. Es el nombre japonés de un ánfora que sirve como trampa para pulpos. Se lo pusieron porque el ventrículo izquierdo adopta una forma similar al de esa vasija. Se trata de una afección cardíaca temporal con síntomas parecidos a los de un infarto y puede aparecer tras acontecimientos devastadores como la perdida de la pareja o de un hijo, la comunicación de un diagnóstico grave o una situación de estrés extremo.

Todo esto también puede desencadenar una crisis conversiva, la aparición de uno o más síntomas neurológicos inexplicables como parálisis, ceguera o convulsiones que no se pueden justificar por una enfermedad. Para mí es una forma que tiene el cerebro de desconectar.

Sea lo que sea, no me parece que el entorno de Satrapi haya exagerado. No era una manera poética de hablar, sino la mejor forma de describir y trasladar a la opinión pública el impacto de su pena.

La verdad es que yo conocía su historia, pero no me había leído el cómic que le dio la fama internacional y que luego adaptó al cine, llevándose el Oscar al mejor filme de animación. Ahora lo he hecho y he descubierto cómo era su infancia en Teherán durante la Revolución Islámica.

Persépolis
Portada de Persépolis, la aclamada novela gráfica de Marjane Satrapi
Reservoir Books

La obra comienza en 1980, cuando ella tenía 10 años y quería ser profeta. Ante la creciente falta de derechos, sus padres decidieron enviarla a Viena a estudiar, pero tuvo una etapa complicada y llegó a vivir en la calle. Al final, regresó a Irán y logró entrar a estudiar en la Facultad de Bellas Artes. Se casó y se divorció muy joven. Y, finalmente, “ante la imposibilidad de construir nada en su país”, tal y como ella señala, terminó yéndose a Francia en septiembre de 1994.

‘Persépolis’ está plagado de detalles y hay dos que me gustan especialmente. Uno de ellos es su definición del régimen que les controla. Así, explica que cuando se tiene miedo, “se pierde la capacidad de análisis y reflexión”. “El temor nos paraliza. De hecho, el miedo siempre ha sido el motor de represión de todas las dictaduras”, comenta con el velo negro puesto en la cabeza.

También me parece muy significativo lo que comenta cuando va a ver a un amigo de la infancia Kia Abadi, que ha vuelto mutilado de la guerra. Al volverse a casa, reflexiona: “Sólo podemos compadecernos de nosotros mismos cuando nuestros males son soportables. Una vez se traspasa ese límite, la única forma de soportar lo insoportable es tomárselo a risa”. Ella ya no tuvo humor para ello. La existencia es una carrera de obstáculos y hay determinados traumas que no se superan.

No llegó a enterarse del acuerdo entre Estados Unidos e Irán que se firmará este viernes de manera oficial en Suiza. Pero, conociendo el carácter de Satrapi, a través de sus viñetas, estoy segura de que no se lo habría creído.