Opinión

Para septiembre

Alfonso Fernández Mañueco (c), junto a Maria Ángeles Armisén (d) y María de las Mercedes Cófreces (i), este sábado, durante la clausura de la Junta Directiva del PP de Palencia.
EFE/Almudena Álvarez
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El final de Junio, sudoroso, agotador, trae consigo una tregua; ya no tiene demasiado sentido empezar una dieta, aplazamos llamadas incómodas y, según pasan los días, nos afianzamos en que cualquier decisión importante puede esperar unas semanas más. Los informes se terminarán después del verano. Ya buscaremos piso en septiembre. Ya retomaremos el gimnasio en octubre. Ya pensaremos qué hacer con nuestra vida cuando acabe este maldito calor. ¿Quién nos lo reprocharía? El termómetro sube, las vacaciones asoman y el país entero se da una prórroga emocional de un par de meses. Junio inicia el reinado estival del “luego”.

Esta semana se conocía la composición del nuevo Gobierno de Castilla y León. Cuatro mujeres entre doce consejeros. La noticia ha sido, sobre todo, que la cifra sigue siendo noticia. A estas alturas una podría pensar que la presencia equilibrada de hombres y mujeres en las instituciones públicas habría dejado de llamar la atención. Cuatro. Tres. Cinco, en el mejor de los casos.

Ya nadie se escandaliza pero tampoco nadie parece especialmente satisfecho. Lo observamos con la resignación con la que se mira una obra interminable en la carretera. Durante años nos dijeron que era cuestión de tiempo, que las mujeres ya llegaríamos. Que las generaciones jóvenes corregiríamos, corregirían, corregirán los desequilibrios. Que el acceso masivo a la universidad haría el resto. Y, en efecto, muchas cosas han cambiado. Las mujeres estudian más y por más tiempo que nunca, ocupan puestos de responsabilidad que antes les estaban vedados y participan en la vida pública de forma impensable hace apenas unas décadas, pero siempre, no sabemos por qué, siempre queda un último tramo pendiente. Como en esa carretera imaginaria, falta el asfaltado.

Quizá en la próxima legislatura. Quizá en el siguiente gobierno autonómico. Quizá cuando se jubilen determinadas generaciones. Quizá cuando las estructuras se adapten. Ya llegará el momento adecuado. La igualdad política se ha convertido en uno de esos proyectos domésticos que durante años nos persiguen en la agenda: arreglar la terraza o aprender inglés. Siempre algo importante, importantísimo, esencial. Nunca del todo urgente.

La representación femenina se trata como si habláramos de una concesión futura, inminente, pero aún en el aire. Como si alguien estuviera siempre a punto de autorizarla definitivamente. Como si la mitad de la población llevara décadas esperando ese permiso administrativo que se extravía una y otra vez en algún despacho más propio de Larra que de nuestros días. Y dado que, al menos de momento, nadie se atrevería hoy a defender abiertamente que las mujeres deberíamos tener menos presencia en política, la discusión se ha desplazado a un terreno mucho más cómodo, el de la espera. No se niega nada a nadie; se retrasa su cumplimiento y ya veremos, ya pasará, ya…

La fotografía del nuevo gobierno autonómico no tiene nada de excepcional; representa a la perfección la costumbre española burocrática por excelencia, dejar para mañana lo que sabemos que deberíamos haber hecho ayer. Y como estamos en junio, siempre nos queda el consuelo de pensar que ya lo resolveremos después de las vacaciones. O después de las siguientes. O de las otras. Total, llevamos siglos esperando. Un septiembre más tampoco importa demasiado.