Opinión

Se habla poco de Sanae Takaichi

Sanae Takaichi
La primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, líder del gobernante Partido Liberal Democrático (PLD), habla con los medios
EFE/EPA/Kim Kyung-Hoon / POOL
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Se habla mucho de personalidades políticas femeninas como la italiana Giorgia Meloni, una de las figuras más atractivas de la tediosa política europea, o de la mexicana Claudia Sheinbaum, tan preocupada por los indígenas de hace cinco siglos como despreocupada por los de ahora. Pero poco, o casi nada, de la primera ministra nipona, Sanae Takaichi, líder carismática, valiente, decidida, que está sacando de la atonía política y económica a Japón. Incluso, un medio tan comprometido con la mujer como este adorable y original Artículo 14 ha dedicado poca atención a su figura. Mea culpa.

Sanae Takaichi es primera ministra desde el pasado octubre, a la vez que es presidenta del Partido Liberal Democrático. En febrero de 2026, convocó elecciones anticipadas en las que obtuvo una aplastante mayoría de dos tercios en la cámara y el mayor número de escaños en la historia democrática de Japón.

Tiene 65 años bien llevados y antes de dar el salto a la política era una conocida presentadora de televisión y profesora universitaria. Jalona una carrera dilatada, en la que ha sido diputada, ministra de Estado de Seguridad Económica, de Asuntos Internos y Comunicaciones y otros cargos ministeriales en la etapa de Shinzo Abe. Políticamente, se define como conservadora y admiradora de Margaret Thatcher. No en vano es miembro de la organización nacionalista Nippon Kaigi. Tiene un carácter abierto y se declara amante de las carreras de caballos, de las motos y del heavy metal, tocando la batería con mucha soltura.

La rotunda victoria electoral de Sanae Takaichi le permite coger el toro por los cuernos y alumbrar una decidida reforma estructural. Se ha puesto manos a la obra y está dispuesta a poner en marcha un ambicioso programa económico con fuerte gasto público, recortes fiscales y una apuesta industrial en inteligencia artificial y semiconductores. Su problema es que la deuda es alta, en torno a un 230% del PIB, y el país parece no disponer de tesorería para invertir.

Takaichi pronuncia un discurso en apoyo a un candidato local en un mitin de campaña electoral en Urawa.
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La economía de Japón sigue enfrentándose a un panorama de estanflación con crecimiento moderado del 0,5% y alta inflación, estimada en 2,8%. El Banco de Japón mantiene tipos bajos (0,75%) tras subir previsiones inflacionarias. La confianza del consumidor no es muy elevada lo que limita el gasto privado. Pero el nivel de paro se sitúa en un 2,5%, una cifra excelente. Nada nuevo en la reciente historia económica japonesa, que parece no salir del círculo vicioso de inflación y bajo crecimiento. El aumento de los precios de la energía y su dependencia de las importaciones añade más turbulencias a la situación. El país sigue manteniendo un alto nivel de vida, con una curva demográfica muy envejecida y un PIB per cápita de unos 32.000 dólares.

La prensa pronto ha bautizado su política económica como Sanaenomics, que se caracteriza por una seria apuesta por el crecimiento y el intervencionismo estatal en los sectores estratégicos. De alguna forma, es continuista con la impulsada por Abe, su predecesor y padre político. La gran diferencia reside en su aplastante mayoría política, reflejo del entusiasmo que ha conseguido en el votante japonés. Ian Bremmer, el prestigioso analista político, concluye en un artículo publicado en “Gzero Media” que “Takaichi tiene ahora el capital político y el poder legislativo para seguir adelante con su ambiciosa agenda sin restricciones”.

Su plan económico para sacar al país del estancamiento es una curiosa mezcla de keynesianismo del siglo XXI con una contención fiscal. Por ejemplo, ha quitado la carga impositiva para los alimentos y otros productos de gran consumo. Propone una política monetaria expansiva de tipos bajos y estímulos y una emisión de deuda pública. Abandera un vasto programa de inversión pública en sectores estratégicos como defensa, inteligencia artificial, semiconductores, biotecnología y energía, con especial atención a la nuclear. Su política fiscal se dirige a combatir la inflación, apoyar a las empresas y no cargar consumo ni energía. Aunque promete subir los impuestos a empresas que dispongan de efectivo. Pretende estimular la inversión empresarial y apostar por la colaboración público-privada.

La primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, habla durante una conferencia de prensa en su oficina en Tokio.
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En sus propias palabras, “debemos combinar un gasto fiscal proactivo para el crecimiento, con una política fiscal responsable y agresiva y una inversión pública audaz dirigida a la gestión de la crisis y al crecimiento”.

Como era de esperar, sus propuestas han despertado críticas entre economistas y la débil oposición política. La mayor parte de ellas derivan del escepticismo de afrontar una política expansiva con la brutal deuda de Japón, auténtico récord mundial. Algunos le acusan de una cierta contradicción, derivada de conseguir el control de la inflación mientras se estimula el gasto y, por supuesto, de inquietud ante una perspectiva de inestabilidad financiera. También se teme un posible conflicto con el Banco Central, decidido a mantener los tipos bajos. Sus detractores señalan que sus reformas estructurales no son las que precisa Japón y destacan el continuismo respecto a la economía que defendió Abe. Takaichi responde confiada en que el crecimiento y el aumento de los ingresos públicos permitirán financiar el gasto.

Pero, por ahora, los mercados están respaldando sus propuestas. El Nikkei, el índice japonés, ha subido cerca del 16% desde principio de año, aunque el yen se ha debilitado alrededor de un 2% frente al euro y el dólar. Los bonos se han estabilizado, lo que muestra una cierta confianza del mercado por Sanaenomics. Sin duda, la personalidad de Takaichi, la estabilidad política del país, los apuntes de mejora de la economía y una posible subida de tipos juegan a su favor.

Los vientos de la política mundial también soplan de cola. Su entrevista con Trump fue todo un éxito. Les une su nacionalismo, su conservadurismo, su apuesta por la defensa, su poca simpatía hacia la inmigración y su compromiso por ser fuertes aliados en Asia.

Margaret Thatcher tiene una admiradora y heredera en Japón. Una nueva Dama de Hierro dirige el viejo Imperio del Sol Naciente.

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