Que Pedro Sánchez navega con fluidez en las aguas internacionales no es ningún secreto. Tampoco que sus posiciones ante el “genocidio” de Israel en Palestina, o el ya lejano tope ibérico a los precios de la energía, le han permitido situar en el centro de la agenda nacional estos asuntos, dejando en un segundo plano los escándalos domésticos.
En el caso del ataque unilateral de EEUU a Venezuela, con la captura de Nicolás Maduro y la decisión de tutelar a Delcy Rodríguez como presidenta encargada, en el Gobierno perciben una situación de máxima gravedad. Prevén moverse “con muchísima prudencia”, pero también marcar “una posición muy propia”, como en anteriores crisis. Y dan por hecho que esta situación acaparará todas las miradas, a ambos lados de las fronteras españolas.
“Es una situación que centra el debate mundial en aquello que nosotros llevamos tiempo denunciando”, aseguran fuentes de Moncloa a Artículo14. Vaticinan que estos acontecimientos “se lo van a comer todo”, dada su trascendencia: “El mundo está en un punto de inflexión”, advierten. “La estructura legal surgida tras la Segunda Guerra Mundial hay que protegerla y abrazarla”.
De hecho, Sánchez ha condenado “con rotundidad” la “reciente violación de la legalidad internacional en Venezuela”, y ha aprovechado para autorevindicarse. Como ocurre con este episodio y con la situación en Palestina, ambos “recuerdan cuán importante es contar con un Ejecutivo en España que abogue y defienda, siempre y donde sea, el derecho internacional y la resolución pacífica de los conflictos”, como defendió el presidente el domingo en una carta a los militantes del PSOE.
En Moncloa siguen esta estela, y presumen de la “contundencia” de Sánchez y de la claridad de sus posiciones, para reivindicar que “importa quién está al frente del Gobierno”. Incluso afirman que las declaraciones de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, que pone el foco en el relevo de Maduro y no en la “violación de la legalidad” de EEUU, evidencian que la posición de España sería muy distinta de contar con un Ejecutivo conservador. “Podríamos estar en un giro geopolítico como el que intentó [José María] Aznar con Irak”, zanjan.
Sostienen que este convencimiento es el que les empujó a pedir la palabra en la reunión del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) este lunes; o el que guiará sus pasos en los próximos días o semanas.
Y sostienen que no hay intención de tapar con estos acontecimientos la situación doméstica que padece el Ejecutivo, marcado por su enorme debilidad parlamentaria, por los escándalos de supuesta corrupción que afectan a exdirigentes del PSOE, o las denuncias internas por presunto acoso sexual contra algunos mandos del mismo partido. Otra cosa es que las dimensiones de lo ocurrido directamente garanticen un espacio destacado en la agenda durante semanas.
España, de la mano de los países latinoamericanos: habrá “decisiones colegiadas”
En sus filas recuerdan que el presidente del Gobierno, además de líder del PSOE, es secretario general de la Internacional Socialista. Y que hoy hay “dos” líderes socialistas al frente de países con un peso internacional considerable: Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil) y el propio Sánchez.
Aluden a precedentes como denominar “genocidio” a la destrucción generada por la administración de Benjamin Netanyahu en Palestina, o al rechazo de España a destinar el 5% de su PIB al gasto en Defensa. En estas crisis, contraponer su forma de actuar con otros líderes mundiales, así como los reproches y amenazas de Trump, dieron oxígeno a Sánchez.
Los suyos aceptan esta premisa, pero piden mirar más allá. Y recuerdan que Sánchez está “construyendo un papel internacional” casi desde su llegada a La Moncloa, hace siete años y medio. “Nos corresponde un papel en el mundo”, abundan. Si cabe, especialmente con lo que tiene que ver con América Latina, toda vez que los vínculos de España con estos países a menudo le sitúan como el fundamental interlocutor de la UE con ellos.
De hecho, fuentes del Ejecutivo sostienen que España “no debe ir separada de los países latinoamericanos” a la hora de confrontar con Trump. Que las decisiones que adopte las tomará de forma “colegiada”, de la mano de los países europeos organizados en la UE, y de al menos una parte de los Estados latinoamericanos que conforman la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).
El matiz no es menor: Sánchez acostumbra a presionar a la UE y a intentar estirar sus límites, midiendo cómo diferenciarse sin colisionar. En este caso, además, el jefe del Ejecutivo endureció sus posiciones acompañado por los líderes de otros cinco Estados, todos ellos progresistas: Brasil, Colombia, México, Chile y Uruguay. En julio, el presidente español ya se había reunido con alguno de sus homólogos en estos países. Y con ellos contrapuso modelos frente a los de Trump o Javier Milei (Argentina).
Comparecencia de Sánchez el martes y reunión de Kallas con los ministros de Exteriores
Por otro lado, el jefe del Ejecutivo viaja este martes a París para asistir a la reunión de la Coalición de Voluntarios, que se celebra en el Palacio del Elíseo. Se trata de un grupo impulsado por Francia y Reino Unido para canalizar apoyo a Ucrania ante la invasión que Rusia inició hace ya casi cuatro años.
En Moncloa miden al milímetro los mensajes propios, pero también estudian cada una de las declaraciones de líderes de otros países. Por eso generó cierto alivio que el presidente galo, Emmanuel Macron, matizara el lunes su primer mensaje sobre la actuación de Trump. “El método empleado no cuenta con el apoyo ni la aprobación” de Francia, argumentó. Hasta ese momento no había cuestionado la forma de obrar de EEUU.
Aunque aún no quieren asegurarlo, está previsto que Sánchez pueda comparecer en rueda de prensa al terminar la reunión, y ahí expondría por primera vez ante cámaras y micrófonos su diagnóstico de la situación tras los movimientos de Estados Unidos. No aclaran hasta qué punto establecerá paralelismos entre la actuación de Trump y la del presidente ruso, Vladimir Putin, pero en un mensaje publicado el lunes en X Sánchez ya daba algunas pistas pistas.
“El respeto a la soberanía y a la integridad territorial de todos los Estados es un principio innegociable. De Ucrania a Gaza, pasando por Venezuela. España estará siempre en el compromiso activo con Naciones Unidas y en la plena solidaridad con Dinamarca y el pueblo de Groenlandia“.
En paralelo, fuentes del Europarlamento anticipan que la alta representante de la Unión para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, prevé reunirse con los ministros de Exteriores de los 27, previsiblemente en los próximos días: “Debe ser esta semana”, apuntan.
De este encuentro debería surgir “una declaración de mínimos”, aunque la “falta de unanimidad” ya evidenciada con la decisión de Hungría de no apoyar el comunicado del domingo anticipa que será difícil escalar los mensajes hasta el punto que le gustaría al Ejecutivo español. “Aquí la UE arriesga lo que aún le quede de credibilidad“, apostillan.
Está previsto, además, que el primer pleno del Europarlamento en 2026 se celebre en Estrasburgo en una fecha aún por cerrar, y los socialistas ya han reclamado que aborde esta situación. Los tiempos en la esfera de los 27 son muy lentos comparados con los ritmos de la política nacional, pero la intención de los socialistas en Bruselas es que la maquinaria empiece a moverse lo antes posible.
El endurecimiento del discurso: “No nos vamos a resignar a la ley de la selva”
El sábado, tras conocerse los bombardeos y la captura de Maduro, Sánchez publicó un primer tuit llamando “a la desescalada y a la responsabilidad”, a “respetar el Derecho Internacional y los principios de la Carta de Naciones Unidas”.
Tras la rueda de prensa de Trump, publicó un segundo mensaje: “España no reconoció al régimen de Maduro. Pero tampoco reconocerá una intervención que viola el derecho internacional y empuja a la región a un horizonte de incertidumbre y belicismo”. Sumar y varios aliados parlamentarios le exigieron más contundencia, y Podemos incluso le exigió romper con EEUU.
Durante la mañana del domingo remitió una carta a sus militantes; un formato menos usual, que le permitió cargar las tintas y condenar la actuación de EE UU. Utilizó esta misiva para pedir “valentía” a los suyos, reforzando su promesa de culminar la legislatura (2027), pese a las enormes dificultades y polémicas que le acechan. Después llegaría el comunicado con los países latinoamericanos, y por último el texto conjunto de todos los Estados de la UE menos Hungría, menos contundente que su antecesor.
El lunes, el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, se ponía ante los micrófonos de la SER en su primera intervención desde la operación de EEUU en Venezuela. “Esto sienta un precedente muy peligroso para el futuro. No nos vamos a resignar a que se imponga la ley del más fuerte, la ley de la selva”.
“Los cambios de gobierno a través del uso de la fuerza no traen estabilidad, sino que suelen conducir al caos”, sostuvo el ministro. Tras reclamarlo varios aliados, Albares se ha abierto a comparecer en el Congreso en una fecha aún por aclarar. El Gobierno ha ido endureciendo su discurso, estudiando con detalle cada paso. Y, hasta el martes, ha evitado una comparecencia pública de Sánchez que pueda escalar aún más la situación. Aunque Albares asegurase “no temer” represalias de EEUU, todos los actores conocen la forma de actuar de Trump.



