Es su mejor campaña. Lo que siempre le ha funcionado al presidente Pedro Sánchez: erigirse como el líder global antitrumpista.
Son numerosos los ejemplos: El bloqueo de la venta de armas a Israel le envolvió frente a su electorado con una especie de halo de héroe, de David que se enfrenta a un Goliat planetario. Meses después, su negativa a comprometer el 5% del PIB en gasto militar exigido por la Casa Blanca en el seno de la OTAN reafirmó ese perfil de resistencia. La captura del dictador Nicolás Maduro le sirvió para buscar entre las piedras argumentos jurídicos que respaldaran su oposición, como las alegaciones permanentes al respeto por el derecho internacional, y la escalada bélica entre Estados Unidos e Irán ha sido la guinda para su pastel: su rechazo a secundar la intervención ha completado el relato de un Sánchez que se erige, una y otra vez, en contrapeso europeo frente al trumpismo. Una escenificación que no sólo le permite sacar rédito electoral frente a su electorado, sino también asegurarse el apoyo de sus socios de Gobierno.

Con los casos de corrupción que cercan al presidente del Gobierno -la reciente decisión del juez Peinado de enviar Begoña Gómez a juicio con jurado por tráfico de influencias y malversación es el caso más reciente-, o la crisis migratoria sin precedentes que sufre Ceuta y que se mantiene en el punto de mira de sus socios de la UE, hace que el presidente necesite una vía de escape. Y la diana de Trump es apostar a caballo ganador.
La celebración de la Asamblea Nacional de la ONU, que se celebra esta semana, se ha convertido en el escenario perfecto para volver a condicionar la acción exterior al interés partidista. Y ha comenzado este martes con el plantón de Sánchez al presidente republicano en la recepción oficial que Trump ofrece, como es habitual, con los líderes internacionales asistentes. El presidente ha alegado motivos de agenda, pese a tener la tarde libre en Nueva York. El pasado año, en las mismas fechas, asistió Felipe VI, ya que viajó a Nueva York para asistir la Asamblea General, con motivo del 80º aniversario de la Organización. El presidente Sánchez no acudió a la recepción, y sí lo hizo en su lugar Felipe VI como Jefe del Estado.

El plantón de Sánchez a Trump ha copado así los titulares. “Este plantón entra dentro de una estrategia deliberada de Sánchez. En estos momentos sabe que le conviene capitalizar su postura antitrumpista, y el mejor momento para hacerlo es este, en la ONU”, informan fuentes diplomáticas. “Si Trump mordiera el anzuelo y no le invitara a la Cumbre del G-20 sería su mejor escenario”.
La pelota recae sobre el tejado de Trump
Según argumentan, el que un enfado del presidente norteamericano supusiera que sacara a España de las invitaciones cursadas para la Cumbre del G-20, que se celebrará el próximo mes de noviembre, no tendría impacto para el país. De facto, explican, España ya trabaja de cara a los trucks que establecerá Reino Unido como país anfitrión del G-20 que tomará relevo a EE UU en 2027. “La presidencia de EE UU se da por amortizada, y si España no está invitada a la Cumbre la repercusión es menor porque será una convocatoria reducida”.

En caso de que Trump le viera la carta a Sánchez y no acepte el juego, consideran que sería menos beneficioso a nivel electoral. “Si le lee la jugada y no muerde el anzuelo, Sánchez no podría seguir explotando su imagen de referente internacional frente a las políticas republicanas del mandatario. Si muerde el anzuelo la jugada sería redonda”.
El riesgo de la estrategia a nivel internacional
La pregunta inmediata que surge según esta estrategia es: ¿Podría Trump castigar a España de alguna manera? Tras un año de desencuentros públicos entre ambos países, que han supuesto hasta una amenaza por parte de Trump de romper las relaciones comerciales con España, las especulaciones sobre los posibles “castigos” del presidente han estado sobre la mesa. Uno de ellos, la posibilidad de que EE UU retirase las bases militares de Morón y Rota.
La crisis migratoria de Ceuta vuelve a encender las alarmas, dado que Marruecos es socio estratégico de EE UU. Recientemente, los gobiernos estadounidense e israelí han respaldado la soberanía de Rabat sobre el Sáhara Occidental y han declarado “inaceptable” cualquier solución distinta de la autonomía. Pese a este telón de fondo, descartan una acción conjunta en aras de la reivindicación marroquí de la soberanía de Ceuta y Melilla. “Marruecos niega haber sido artífice de la invasión a Ceuta”, ponen sobre la mesa. “De tal forma que un tercero en la ecuación no va a apoyar una acción negada”.
