Nada al azar. El 23 de julio, un día después de asegurar que su leal secretaria Gertrudis Alcázar, le seguirá siendo fiel, José Luis Rodríguez Zapatero eligió la televisión pública para presentar su juicio paralelo. Una fecha que, como él mismo se encargó de recordar, coincidía con el aniversario de su elección como secretario general del PSOE. Apoyado sobre la mesa del plató televisivo con uno de los brazos abiertos en una posición expansiva, veintiséis años después, el exsecretario general del partido y expresidente del Gobierno proyectó el aplomo y el elevado concepto de sí mismo de quien ha estado en lo más alto de la cúpula del poder.
En la entrevista, cuyas preguntas o bloques temáticos conocía de antemano, porque ninguna le resultó improvisada, el expresidente trasladó sus mensajes claramente preparados, tal y como reflejó la sintonía entre su comunicación verbal y no verbal. “Estaba todo preparado, con la carga lingüística que él ha decidido utilizar en cada caso”, explica a Artículo14 Eva García Ruiz, experta en comunicación no verbal y directora del Instituto Español de Sinergología.
“No tiene ninguna espontaneidad”
Para Eva García, esa ausencia de improvisación explica también la escasez de “fugas” en su comportamiento. “Cuando un relato está construido y preparado, prácticamente no hay fugas corporales”, resume.
María de la Torre, socia de Penal en GovCom Abogados, comparte esa percepción. “Está rigidísimo, no tiene ninguna espontaneidad”, afirma a Artículo14. A su juicio, el expresidente no comparece como un investigado que responde a preguntas, sino como un dirigente que vuelve a ocupar el escenario político. “Él busca su performance. Es un discurso político. Es un político que se ha metido en el teatro”, sostiene.
Todo este comportamiento se vio favorecido por unas preguntas cerradas, que le permitieron mostrarse “mucho más categórico y enérgico” en la negación de las conductas que se le atribuyen, aunque en ningún momento las justificó con hechos o datos contrastables.

“Voy a hablar de hechos”
“No voy a juzgar ni el trabajo de la policía, ni el trabajo del juez, no me corresponde, lo respeto, pero evidentemente los hechos son los que son. Y quien acusa tiene que probar“, afirmó el expresidente al inicio de su intervención. A partir de ese momento, el término “hechos” se convirtió en uno de los ejes de su discurso. “Mi deber es explicar los hechos”, repitió en varias ocasiones para defender su inocencia, que asegura sostendrá “con las reglas del derecho” como investigado en la Audiencia Nacional.
“No pido a nadie un acto de fe, sino que se atienda a los hechos”, afirmó el expresidente.
Sin embargo, María de la Torre subraya que, a pesar de esa declaración de intenciones, durante toda la entrevista “no aporta una sola prueba; solo palabras”. Para la también experta en análisis conductual, Zapatero construye “un discurso político” más que una explicación de carácter judicial.
“Afirma de manera constante que va a hablar de hechos, pero nunca habla de hechos“, corrobora Eva García. En este sentido, señala que cada vez que el entrevistador le pide explicaciones concretas, el expresidente desplaza la respuesta hacia el procedimiento judicial o se limita a negar de forma rotunda las acusaciones.
Es un patrón que repite de forma constante en los diferentes bloques de la entrevista: su intermediación en el rescate de Plus Ultra, las joyas o la actividad de sus hijas.
Del expresidente al investigado

Con todo, Rodríguez Zapatero no se mantiene inalterable en los más de 45 minutos que dura la entrevista. Eva García aprecia un cambio en su lenguaje corporal cuando abandona las negativas categóricas y entra en un terreno más emocional, en el que reivindica su derecho a la presunción de inocencia y sostiene que se han vulnerado sus derechos a la intimidad y las garantías procesales.
“Cuando entra en el reencuadre moral, su cuerpo se presenta más pequeñito: acorta el cuello, encoge los hombros y gesticula bastante”, explica la directora del Instituto Español de Sinergología. Frente a la imagen expansiva con la que niega las acusaciones, en esos momentos proyecta una postura mucho más contenida. Ese cambio resulta especialmente visible en la recta final de la entrevista. “Estoy preocupado”, admite el expresidente antes de reconocer que todo el procedimiento ha sido “muy, muy duro”.
“No quiere pensar que haya sido alcanzado por la Justicia”
Para María de la Torre, “se está victimizando”. En su opinión, el expresidente abandona el papel del dirigente que rebate acusaciones para construir el relato de quien se presenta como principal perjudicado por el proceso judicial. Incluso considera que la imagen con la que comparece -las marcadas ojeras, el gesto que en esos momentos se contiene, frente a las gesticulaciones y aspavientos de otros momentos, así como el tono empleado- forma parte de esa estrategia comunicativa.
Paradójicamente, cuando recurre a Jorge Luis Borges para asumir que “las humillaciones y las desdichas” forman parte del aprendizaje vital, su expresión corporal refleja una contracción. Entonces, como señala Eva García, “el cuerpo en lugar de replegarse se eleva, situándose por encima. Una elevación que se produce cuando uno está orgulloso, da la sensación de que su cuerpo se muestra casi ufano de que le estén pasando estas cosas“.
En este sentido, García llama la atención sobre su reacción cuando se le pregunta que la Justicia le ha alcanzado. “Aunque responde que no, su cuerpo se aleja. Ese desplazamiento en la silla, que requiere de mucha energía corporal y es un movimiento muy relevante. Es decir, afirma una cosa, pero su cuerpo se aleja mostrando rechazo, defensa. Es como si no quisiera ni pensar que haya sido alcanzado por la Justicia“, detalla.
Las joyas: minimizar el hecho

Dos meses después de que trascendiera la aparición de las joyas, uno de los bloques donde los ciudadanos esperaban la respuesta a la pregunta -¿de dónde salen las joyas?- volvió a quedarse sin respuesta. Lejos de ofrecer detalles sobre el origen de un ajuar de alhajas valorado en más de 1,3 millones de euros, Zapatero no pudo salir del embrollo y quedó claro que sigue sin coartada.
“Eran un regalo de cortesía personal”, “nunca tuvieron ‘uso ni destino'”, “jamás existió afán patrimonial”…. fueron algunas de las expresiones que repitió, además de insistir en que desconocía el valor que ahora les atribuyen los investigadores.
Para Eva García, el lenguaje corporal que acompaña esos mensajes refleja que “trata de hacerse pequeñito tanto él como el hecho para no darle importancia”. Según su análisis, el expresidente reduce físicamente su presencia al mismo tiempo que minimiza verbalmente la relevancia de las joyas. “Hay una intención deliberada de hacerse pequeño y de hacer muy pequeño el hecho”, añade. Incluso cuando insiste en que desconocía el valor de las piezas o que nunca tuvieron relevancia para él, adopta, según la experta, una posición que le sitúa por debajo del interlocutor y refuerza la idea de desconocimiento.
La única grieta
A pesar del elevado control que mantiene durante toda la entrevista, Eva García identifica un único instante en el que el discurso deja entrever una reacción espontánea. Se produce cuando el entrevistador menciona por primera vez a Julio Martínez Martínez, ‘Julito’, su presunto testaferro en España cuya estrategia de defensa ha seguido la vía Aldama de colaboración con la Justica.
“Ahí sí detecto una microrreacción de enfado”, señala. Un gesto apenas perceptible, como el cierre del puño, que en el lenguaje no verbal refleja tensión. A su juicio, contrasta con el respeto que verbalmente expresa hacia la estrategia de defensa del empresario. Es, según la experta, el único momento de la entrevista en el que el lenguaje corporal rompe mínimamente la uniformidad que mantiene durante el resto de la conversación.
María de la Torre añade que la colaboración de los antiguos responsables de Plus Ultra y de quien hasta ahora había sido una de las personas de su máxima confianza supone un elemento de presión evidente sobre la estrategia de defensa del expresidente. En ese contexto, considera que Zapatero opta por reforzar un relato en el que se presenta como la principal víctima del procedimiento judicial.

¿Mintió Zapatero?
Y a la pregunta, ¿mintió Zapatero durante la entrevista? “Esta no es una entrevista para detectar veracidad o mentira”, advierte Eva García. Para ello sería necesario realizar una entrevista cognitiva diseñada específicamente para ese objetivo. Lo que sí permite el análisis, explica, es comprender cómo una persona construye un relato, qué emociones pretende transmitir y de qué manera acompaña sus palabras con la comunicación corporal.
Así, más que responder a las preguntas que se le formularon, la comparecencia televisiva mostró cómo el expresidente quiso responderlas. Una estrategia de comunicación cuidadosamente diseñada, una puesta en escena medida al detalle y un lenguaje corporal alineado con el relato que pretendía proyectar. En definitiva, un Zapatero interpretando el papel que mejor conoce: el suyo propio.
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