Hablamos de prediabetes cuando una persona tiene un nivel de azúcar en la sangre más alto de lo normal, pero no es lo suficientemente elevado como para considerarse diabetes tipo 2, sin embargo es una condición silente, aunque no exenta de riesgos para la salud.
Según explica la Clínica Mayo, sin cambios en el estilo de vida, las personas con prediabetes corren un alto riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.
De acuerdo con la doctora Pilar García Durruti, jefa de equipo de Endocrinología y Nutrición de Ruber Internacional Centro Médico Habana, la única forma de saber si una persona está en esta fase, es al hacerle una prueba de sangre. Durante este periodo los niveles de glucosa ya son superiores a los considerados normales y pueden comenzar a aumentar el riesgo cardiovascular y de daño vascular, advierte la doctora García Durruti.
Las señales de alerta
Aunque la prediabetes suele ser silenciosa, existen determinadas circunstancias que pueden indicar un mayor riesgo. Entre ellas se encuentran el aumento de la grasa abdominal, el sedentarismo, la hipertensión arterial, las alteraciones del colesterol y los triglicéridos, los antecedentes familiares de diabetes y haber padecido diabetes gestacional.
La acumulación de grasa alrededor del abdomen merece una atención especial. “Es especialmente relevante porque favorece la resistencia a la insulina, uno de los mecanismos clave en el desarrollo de la prediabetes y la diabetes tipo 2”, explica García Durruti.
A estos factores se suma la edad. La especialista recomienda prestar especial atención a las personas mayores de 45 años que presentan sobrepeso, así como a las personas más jóvenes con obesidad abdominal o antecedentes familiares de diabetes.
En estos casos, una analítica puede ser suficiente para descubrir una alteración metabólica que todavía no ha producido síntomas. Por ello, la ausencia de molestias no significa necesariamente que los niveles de glucosa sean adecuados.
El grupo más vulnerable
Las mujeres atraviesan una etapa de especial importancia metabólica alrededor de los 40-45 años, coincidiendo con la perimenopausia y posteriormente con la menopausia. Los cambios hormonales que se producen durante este periodo pueden modificar la composición corporal y favorecer la aparición de alteraciones metabólicas. “La disminución de estrógenos favorece la pérdida de masa muscular y el aumento de grasa corporal, especialmente en la zona abdominal”, explica la endocrinóloga. Esto puede reducir el gasto energético y facilitar tanto el aumento de peso como la aparición de alteraciones metabólicas .
Esta razón es por la que la especialista considera especialmente importante mantener la masa muscular durante esta etapa. El ejercicio de fuerza adquiere un papel fundamental dentro de una estrategia de prevención. “Mantener y aumentar la masa muscular es una de las herramientas más eficaces para proteger el metabolismo y reducir el riesgo de diabetes”, añade García Durruti.
La buena noticia
Recibir un diagnóstico de prediabetes no significa necesariamente que la persona vaya a desarrollar diabetes tipo 2. Esta etapa puede ser una oportunidad para intervenir y modificar los factores que están favoreciendo la alteración metabólica. “La buena noticia es que estamos a tiempo de actuar”, afirma García Durruti.
Incluso una reducción de tan solo entre un 5 y un 10% del peso puede tener efectos positivos. Con pérdidas de peso ya observamos mejoras significativas en los niveles de glucosa y en otros factores de riesgo cardiovascular.
Además de controlar el peso, realizar actividad física de forma habitual, cuidar la alimentación, controlar la tensión arterial y gestionar adecuadamente el estrés pueden contribuir a frenar la progresión de la enfermedad. “La prediabetes puede prevenirse e incluso revertirse en muchos casos. Lo importante es no esperar a que aparezcan síntomas. Un diagnóstico precoz permite intervenir antes de que se produzcan complicaciones y diseñar un plan personalizado para envejecer con una mejor salud metabólica”, concluye la doctora Pilar García Durruti.

