Caso Andic

Caso Andic: ¿Es el baño de bosque una terapia?

La declaración de una nueva testigo sobre las sesiones de montaña organizadas por Julia Lüderwaldt ha reavivado el interés por estas prácticas

GRAFCAT2891. MARTORELL (BARCELONA), 19/05/2026.- Jonathan Andic, hijo del fundador de Mango, Isak Andic, ha llegado poco antes de la una del mediodía a los juzgados de Martorell (Barcelona) para comparecer ante la jueza que instruye la causa por la muerte del empresario, tras ser detenido esta mañana por los Mossos d'Esquadra. EFE/Alejandro García
Jonathan Andic, hijo del fundador de Mango, Isak Andic, ha llegado poco antes de la una del mediodía a los juzgados de Martorell (Barcelona).
EFE/Alejandro García

Eso de “vete a abrazar un árbol” ha sido siempre una forma elegante de mandar a alguien a paseo. Realmente, la frase delata los prejuicios hacia cualquier terapia que suene mínimamente alternativa. Desde los baños de bosque hasta caminar descalzo por la montaña buscando respuestas existenciales. Poca burla. La posibilidad de que los espacios naturales modifiquen nuestro cerebro y reduzcan el estrés es objeto de estudio por parte de los psicólogos y psiquiatras desde hace tiempo y se considera incluso un complemento en determinados tratamientos psicológicos.

Abrazar un árbol, conocido en terapias alternativas como arboterapia, ayuda a reducir el estrés y la ansiedad al disminuir los niveles de cortisol y equilibrar el sistema nervioso

El debate ha cobrado actualidad a raíz del caso Andic. Una nueva testigo ha declarado ante los Mossos d’Esquadra que la terapeuta de la familia, Julia Lüderwaldt, le pidió localizar una ruta de montaña especialmente exigente para desarrollar sesiones de confrontación con Jonathan Andic. Según su testimonio, ambos recorrieron en dos ocasiones el entorno de las Cuevas de Salitre, en Collbató, pocas fechas antes de la muerte del fundador de Mango.

¿Hasta dónde llega la evidencia científica? “Bajo la etiqueta de terapia en la naturaleza existen prácticas muy diferentes. No es lo mismo un baño de bosque japonés (shinrin-yoku), una sesión de psicoterapia caminando (walk and talk therapy), una terapia de aventura o un programa experiencial que utiliza recorridos de montaña como escenario para provocar confrontaciones emocionales”, nos explica Cristina Delgado, psicóloga y fundadora del centro Creciendo Juntos.

Un baño de bosque

“La evidencia científica es sólida para unas y prácticamente inexistente para otras”, añade. El respaldo científico más consistente corresponde al shinrin-yoku (baño de bosque), desarrollado en Japón en los años ochenta como estrategia de salud pública frente al estrés derivado de la ciudad. Una revisión sistemática publicada en Environmental Health and Preventive Medicine analizó casi una treintena de estudios y concluyó que pasar tiempo en bosques reduce de forma significativa el cortisol -la hormona del estrés-, disminuye la presión arterial, mejora el estado de ánimo y reduce síntomas de ansiedad. Los autores, no obstante, advierten de que todavía hacen falta ensayos más rigurosos para establecer protocolos clínicos claros.

Un metaanálisis posterior encontró beneficios similares sobre la fatiga mental, el bienestar psicológico y la depresión leve. Uno de los estudios más conocidos fue realizado por Gregory Bratman, investigador de Stanford. Los participantes caminaron durante noventa minutos. Quienes lo hicieron por un entorno natural mostraron menor actividad en la corteza prefrontal subgenual, una región cerebral relacionada con la rumiación y la depresión. Los que caminaron por una avenida urbana no experimentaron ese efecto.

Caminar para hablar

Existe además una modalidad cada vez más utilizada en Reino Unido y Estados Unidos: la walk and talk therapy. “Para muchas personas es más sencillo hablar de asuntos difíciles mientras pasean que sentadas frente al terapeuta. El movimiento reduce la sensación de juicio, favorece la expresión emocional y disminuye la tensión propia del cara a cara”, explica Delgado. Aun así aconseja prudencia: “Caminar ayuda; no sustituye una psicoterapia basada en la evidencia”.

Terapia de montaña
La naturaleza puede ser una aliada en conversaciones difíciles

Es precisamente aquí donde el caso Andic se separa de lo que describe la literatura científica. Lüderwaldt es una profesional poco conocida fuera de los círculos de la alta burguesía catalana. Entre sus clientes figuran miembros de las familias Andic, Sánchez Vicario y Urdangarin. Su consulta funciona casi exclusivamente por recomendación y mantiene un perfil discretísimo. Ella misma se presenta como psicoanalista, aunque diversos medios han señalado que no consta inscrita en los colegios profesionales de psicólogos ni de médicos en España, circunstancia que ha motivado investigaciones colegiales sobre un posible intrusismo profesional.

“Matar al padre”

Su método, según explicó durante casi tres horas de declaración judicial, consiste en generar una confrontación de acción y reacción para encontrar el crecimiento. La idea es no evitar el conflicto familiar, sino utilizarlo como motor terapéutico. Dentro de ese contexto se enmarcaría también el concepto freudiano de “matar al padre”, utilizado por la defensa de Jonathan Andic para explicar algunos mensajes que hoy forman parte del procedimiento judicial. Según los abogados, se trataba de una metáfora psicoanalítica sobre la emancipación psicológica respecto a la figura paterna, no de una amenaza literal.

El presidente y fundador de Mango, Isak Andic Lorena Sopena – Europa Press

Lo más singular de Lüderwaldt es que intervino también en cuestiones patrimoniales entre padre e hijo. Defendía que Jonathan debía independizarse económica y profesionalmente de Mango y llegó a plantear que Isaak le entregara una importante donación para iniciar proyectos propios. Incluso condicionó la continuidad de la terapia a que esa independencia económica se produjera. Este aspecto ha sido especialmente criticado por numerosos psicólogos, que consideran que una implicación tan directa en decisiones económicas familiares rebasa claramente el ámbito terapéutico.

A ello se suma ahora la declaración de la nueva testigo, que asegura haber colaborado con Lüderwaldt buscando recorridos de montaña para desarrollar dinámicas de confrontación emocional. Ese elemento no aparece descrito en ninguna escuela psicológica reconocida como un protocolo específico validado científicamente.

En realidad, el caso Andic refleja dos conceptos que a menudo se confunden. “Por un lado -indica Delgado- están las intervenciones basadas en la naturaleza, cuyo beneficio sobre el estrés, el bienestar psicológico o la atención puede tener un respaldo científico razonable”.
Por otro, los métodos terapéuticos personalizados que utilizan la montaña como escenario para provocar confrontaciones emocionales intensas. Ahí la literatura científica desaparece. “La naturaleza puede ayudar. Caminar entre árboles puede disminuir el cortisol, reducir la rumiación mental y favorecer la regulación emocional. Lo que no se ha demostrado es que una ruta extrema, una confrontación o un conflicto familiar llevado al límite produzcan mejores resultados que una psicoterapia convencional”.

Cualquier actividad que implique exposición al riesgo debe cumplir estrictos criterios de seguridad física, consentimiento informado y supervisión profesional. El escenario natural puede ser terapéutico, pero no deja de ser un entorno potencialmente peligroso si se plantean recorridos técnicamente complejos.

No todo lo que sucede entre árboles pertenece al mismo bosque científico. Algunas intervenciones acumulan ya decenas de estudios revisados por pares. Otras, por el contrario, descansan casi exclusivamente en la intuición, el prestigio personal del terapeuta o la confianza que logre inspirar a sus pacientes. “Y esa diferencia, cuando se habla de salud mental, es importante”, recuerda la psicóloga.

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