Psicología

El intestino, nuestro segundo cerebro: “Aprender a escuchar las tripas nos cambia la vida”

Gaby Hostnik, gurú de la gimnasia emocional, nos presenta su último libro, El futuro es lo que haces hoy, un manual para entrenar mente y cuerpo, escuchar nuestra intuición y alcanzar bienestar

Gaby Hostnik, autora de “El futuro es lo que haces hoy”.

El futuro es lo que haces hoy. Esta máxima, tan antigua como la filosofía clásica, de Aristóteles a Marco Aurelio, cobra nueva vida en el último libro de Gaby Hostnik, especialista en neurociencias aplicadas. En él propone la “gimnasia emocional” como una vía concreta para recuperar el bienestar, la claridad y el sentido en un mundo acelerado.

Su planteamiento conecta ciencia y experiencia cotidiana con una premisa cada vez más respaldada por la investigación: no solo pensamos con la cabeza. El intestino, considerado hoy un “segundo cerebro”, desempeña un papel clave en cómo sentimos, decidimos y nos relacionamos.

Lejos de las recetas rápidas, Hostnik plantea un cambio de enfoque. El bienestar no se alcanza solo desde la mente, sino entrenando el cuerpo, la atención y los hábitos diarios. Su propuesta es, en el fondo, una invitación a construir una forma de vivir más consciente, equilibrada y sostenible.

Gaby Hostnik, autora de “El futuro es lo que haces hoy”

¿En qué fallamos en la búsqueda de felicidad?

Vivimos con prisa. Nuestra mente corre, hiperestimulada, cargada de preocupaciones y notificaciones constantes, mientras nuestros cuerpos permanecen casi estáticos. La rutina diaria nos empuja a vivir en piloto automático, desconectados de nosotros mismos y de los demás. En ese contexto, una alimentación pobre, el sedentarismo y la falta de autoconocimiento emocional son aliados involuntarios del estrés, la ansiedad y la fatiga mental.

¿Hemos descuidado el cuerpo como aliado?

La ciencia ha comenzado a cambiar radicalmente nuestra forma de entender el bienestar. Hoy sabemos que nuestro cuerpo no es solo un recipiente que sostiene la mente; es una herramienta activa de autorregulación y equilibrio, un gran aliado del bienestar. La respiración, la postura, el movimiento, el descanso y el contacto con la naturaleza influyen en nuestro cerebro y en nuestro estado emocional tanto como nuestros pensamientos. Lo que hacemos día a día no solo refleja cómo nos sentimos, también lo moldea.

“La respiración, la postura, el movimiento y el descanso influyen en nuestro cerebro y en nuestro estado emocional”

Durante siglos, el intestino fue visto únicamente como un órgano digestivo. ¿Qué significa que es el segundo cerebro?

Cerca del 90 % de las señales del intestino viajan hacia el cerebro, y no al revés. Ese diálogo que muchas veces ignoramos genera un “ruido de fondo emocional” que modula cómo nos sentimos. El cosquilleo en el estómago cuando estamos enamorados o el nudo que sentimos antes de hablar en público son ejemplos claros de esta conexión. Las bacterias intestinales regulan la producción de serotonina, el neurotransmisor clave del estado de ánimo. Añadir probióticos al tratamiento habitual de pacientes con depresión puede mejorar tanto los síntomas como la actividad cerebral. La microbiota intestinal, el conjunto de bacterias, virus y hongos que habitan nuestro intestino, se ha convertido en protagonista central de la neurociencia moderna. Influye en nuestro sistema nervioso, inmune y endocrino.

¿Somos lo que comemos?

Cada vez hay más evidencia. Una dieta equilibrada no solo favorece la digestión, sino que también impacta directamente en nuestro bienestar emocional. Alimentos ricos en triptófano, por ejemplo, ayudan a la producción de serotonina, mientras que otros nutrientes promueven la producción de GABA, neurotransmisor asociado con la calma y la relajación. La dieta mediterránea, ampliamente recomendada por especialistas en nutrición, es un ejemplo claro de cómo la alimentación puede favorecer el equilibrio físico y mental. Rica en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, aceite de oliva y pescado azul, esta dieta no solo protege la salud cardiovascular, también potencia la resiliencia emocional y la claridad mental. Cada elección alimentaria puede influir en cómo sentimos y pensamos.

Desde la alimentación hasta la actividad física, cada decisión influye en la comunicación cuerpo-cerebro y, con ella, en nuestra capacidad de vivir plenamente

¿Cómo conecta esto con el cerebro?

El intestino no trabaja solo. Interactúa constantemente con el cerebro y otros órganos. Por ejemplo, la actividad gástrica está sincronizada con las oscilaciones cerebrales alfa, fundamentales para la atención, la percepción y la memoria. Esto demuestra que pensar y sentir también se digiere. La comunicación entre el intestino y el cerebro es bidireccional. Nuestro estilo de vida, la alimentación, el ejercicio, el sueño y el estrés afectan directamente esta relación, y viceversa.

“Respirar conscientemente, cantar o tararear activa el nervio vago, promoviendo la calma”

El nervio vago, un puente fisiológico entre órganos internos y cerebro, es clave en esta conexión. Cuando funciona adecuadamente, regula las emociones, la cognición y el equilibrio del sistema nervioso autónomo. Respirar conscientemente, cantar, tararear o mantener contacto social positivo activa este nervio, promoviendo calma, claridad mental y bienestar integral.

¿Las tripas nos envían corazonadas?

Todos hemos sentido esa intuición inexplicable: un “nudo en la panza”, un “vacío en el estómago” o una “corazonada”. Estos gut feelings, percepciones viscerales que nacen en el intestino, son una ventana directa a nuestro mundo interno. La ciencia confirma que estas sensaciones afectan la cognición y la toma de decisiones, reforzando que la intuición tiene una base biológica sólida.

¿Cómo aprendemos a escucharlas?

Aprender a escuchar estas señales es una práctica que requiere pausa y autoconocimiento. Preguntarnos si lo que sentimos nos protege o nos limita, o si nos orienta o desvía, es fundamental para cultivar una vida más consciente y equilibrada. La capacidad de sentir lo que sucede en nuestro cuerpo, se combina con la atención y la regulación mental para crear un diálogo armónico entre mente y cuerpo

¿Qué papel juega el ejercicio físico?

Además de fortalecer músculos y corazón, remodela nuestra microbiota. La actividad regular aumenta la diversidad microbiana y promueve bacterias beneficiosas, mejorando la salud intestinal y emocional. Incluso actividades como el baile, al activar el cerebro y el sistema nervioso autónomo, pueden tener efectos positivos sobre la digestión y el estado de ánimo.

“Actividades como el baile pueden tener efectos positivos sobre la digestión y el estado de ánimo”

En tiempos de estrés crónico, el movimiento actúa como un modulador protector. Reduce conductas de ansiedad, mejora la resiliencia emocional y potencia la producción de neurotransmisores relacionados con la calma y la alegría. La combinación de ejercicio, alimentación consciente y hábitos saludables es clave para un bienestar integral que nace desde dentro.

¿Emociones como la gratitud podrían ser un buen antiinflamatorio?

Nuestras emociones activan procesos bioquímicos concretos. La gratitud, la alegría o la esperanza estimulan la producción de moléculas antiinflamatorias, mientras que emociones negativas como la ira o la envidia activan moléculas proinflamatorias. En otras palabras, cada pensamiento tiene una molécula detrás, y cada elección emocional impacta nuestro cuerpo y cerebro. Bienestar y microbiota son inseparables. Cuidamos lo que sentimos cuando cuidamos nuestra salud intestinal.

La felicidad no se busca, se cultiva. ¿Por dónde empezamos?

Cada acción consciente, por pequeña que sea, moldea nuestro cerebro y nuestro cuerpo. Los hábitos diarios, la calidad de nuestros vínculos y la atención que damos a nuestro entorno configuran el terreno donde florece la resiliencia, la alegría y el sentido de vida.

¿Lo que sembramos hoy lo recogemos mañana?

Lo que practicamos hoy se convierte en la arquitectura de nuestra mente y emociones del mañana. En tiempos de velocidad y distracción, volver a escuchar el cuerpo, habitar el momento y cuidar nuestro intestino puede ser la clave de una vida más plena. Cultivar nuestra microbiota, prestar atención a los gut feelings y mantener un estilo de vida activo genera equilibrio emocional.

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