Apagón en España

La noche más caótica: “Se acumularon más de 10.000 llamadas a emergencias”

A partir del testimonio de Laura, sanitaria y coordinadora de oxigenoterapia, reconstruimos cómo los servicios de emergencia afrontaron la falta de luz

Máquina de oxígeno. Shutterstock
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El gran apagón del 28 de abril de 2025 puso a prueba para miles de enfermos todo lo que queda fuera de los hospitales: casas, centros de salud, farmacias y, sobre todo, a quienes dependen de un enchufe para seguir respirando. Laura, sanitaria y coordinadora de oxigenoterapia en la asociación de pacientes de EPOC APEPOC, entendió inmediatamente el alcance del problema. Su trabajo consiste precisamente en gestionar lo que ocurre cuando la respiración depende de una máquina y lo que vino después fue una cadena de fallos en cascada.

“No era solo que se fuera la electricidad. Era que se cortaban también las comunicaciones”, explica. Los pacientes hicieron lo que se supone que deben hacer en caso de emergencia. “Llamaron a las empresas de oxigenoterapia y a emergencias. Llamaron una vez, dos, diez… Hubo personas que llamaron cuarenta veces. A ellos les daba tono, pero nosotros no recibíamos la llamada”, recuerda.

La red no estaba caída del todo. Funcionaba lo suficiente como para generar esperanza, pero no como para resolver la urgencia, lo cual hacía la situación más desesperante. “En total, se calcula que hubo más de 10.000 llamadas de pacientes electrodependientes o sus familiares durante las horas más críticas”. El sistema dejó de ser bidireccional. Los ciudadanos podían pedir ayuda, pero los servicios no siempre podían responder. “Los pacientes llamaban a las empresas y estas se quedaron sin contacto. La única solución era acudir personalmente a un centro de salud o pedir ayuda a los bomberos”.

Apagón masivo en 2025 - Sociedad
Una imagen simbólica durante el apagón masivo en 2025.
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A nivel hospitalario, la respuesta fue eficaz. Los hospitales activaron generadores y mantuvieron la actividad esencial. No hubo colapso generalizado y las urgencias siguieron funcionando, aunque las intervenciones no críticas se aplazaron.

“Salí al encuentro de mi tío, enfermo con EPOC”

Fuera del hospital, la situación era distinta. La gestión de la emergencia se volvió rudimentaria. Laura lo vivió en primera persona. Su tío, con EPOC, vive a apenas cien metros de su casa. “Salí inmediatamente a su encuentro”. Fue el protocolo que siguieron muchos otros familiares.

Los centros de salud se quedaron sin acceso completo a historiales clínicos. Las farmacias funcionaban a medio gas, con validaciones manuales, y las residencias intentaron mantener cuidados estables sin garantías energéticas. A los hospitales llegaban familiares angustiados que necesitaban cargar dispositivos respiratorios. Tenían oxígeno, pero no podían repartirlo sin comprometer otras urgencias. En Madrid se dio el caso de dos enfermeras que caminaron hasta un supermercado con generador y pidieron permiso para enchufar allí una máquina.

Farmacia en España - Salud
En algunas zonas, las farmacias colapsaron
EFE/Kote Rodrigo

A media tarda, Laura y su equipo empezaron a trabajar en modo crisis. No pararon hasta bien entrada la madrugada. “Cuando volvió la luz, ya por la noche, recuperamos las llamadas. Los casos críticos se derivaron a urgencias y las bombonas de oxígeno se repusieron. Pero la respuesta fue secuencial. Tardamos unas 24 horas en gestionar todas las llamadas”.

El apagón hizo visible a esta población de pacientes electrodependientes. Personas con EPOC, ELA, enfermedades neuromusculares o insuficiencia respiratoria. Pacientes en diálisis domiciliaria. Personas mayores con concentradores de oxígeno. Para ellos, la electricidad es una extensión del cuerpo. “Hubo mucha angustia”, resume Laura.

Lo que reveló el apagón

El problema no se limita al corte eléctrico. “La gente es reticente a tener una botella de oxígeno. Son seguras, pero hay que tomar precauciones. La prevención existe, pero no siempre se asume. Yo envío vídeos para que pierdan el miedo, pero no cala. Hasta que no se necesita, no se lo plantean”. A eso se suma otro factor, la desinformación. “Hay pacientes que hacen demasiado uso y puede ser perjudicial”.

Al menos, el apagón dejó un consenso claro entre asociaciones de pacientes y profesionales sanitarios. Falta un registro nacional de pacientes electrodependientes, protocolos homogéneos y reconocimiento legal de esta condición como riesgo vital. El Gobierno inició trabajos normativos y planes de contingencia. El propio Ministerio de Sanidad reconoció la debilidad de la red extrahospitalaria. Pero un año después, la respuesta sigue en el aire.

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