Crónica negra

Simuló su muerte para huir de su esposa e hijos y empezar una nueva vida con otra mujer

Durante dos meses, la esposa y los tres hijos de Ryan lo buscaron sin descanso, convencidos de que había sufrido un accidente. Hasta que salió a la luz una verdad que nadie esperaba

Ryan Borgwardt tenía 44 años, llevaba 22 casado con Emily y era padre de tres hijos. La mañana del 11 de agosto de 2024 fue a pescar en kayak al lago Green, en Wisconsin.

Por la tarde escribió a su esposa para decirle que emprendía el regreso. Fue la última noticia que tuvo de él. Al anochecer Ryan seguía ilocalizable y Emily avisó a las autoridades.

Cuando los agentes llegaron al lago, encontraron el kayak volcado en una zona donde el agua supera los 60 metros de profundidad. Unos pescadores hallaron una caña y una caja de aparejos que contenía la cartera, las llaves y la documentación de Ryan.

Todo apuntaba en la misma dirección: había sufrido un accidente y su cuerpo se encontraba en el fondo del lago. La operación de búsqueda fue enorme. Se desplegaron buzos, drones, equipos de sonar de alta precisión e incluso perros adiestrados para localizar cadáveres. Al rastreo se sumó además una organización especializada en recuperar a víctimas de ahogamiento.

Durante semanas, los equipos recorrieron las 3.000 hectáreas del lago. Regresaron una y otra vez a los puntos marcados por el sonar, descendieron a las zonas más profundas y peinaron las orillas. No encontraron nada. Después de 58 días, la búsqueda quedó suspendida. Para entonces, Emily y sus hijos creían que Ryan había muerto.

Pero había un problema: el cadáver no aparecía. Los investigadores decidieron apartar la vista del agua y acudieron a la casa familiar. Examinaron el ordenador y descubrieron que el disco duro había sido sustituido y el historial de navegación eliminado. Encontraron consultas sobre abrir cuentas en bancos extranjeros. El hallazgo más desconcertante fueron las comunicaciones con una mujer de Uzbekistán.

Y eso no era todo. Ryan había contratado un seguro de vida por 375.000 dólares poco antes del “accidente”.

La pista que cambió definitivamente el rumbo del caso llegó desde Canadá: su pasaporte se había registrado allí poco después de la desaparición.

Las autoridades comparecieron entonces ante los medios y dirigieron un mensaje al desaparecido: “Ryan, si estás viendo esto, te rogamos que te pongas en contacto con nosotros o con tu familia”. Insistieron en el daño que aquella situación estaba causando a Emily y a sus tres hijos.

Ryan regresó a Estados Unidos y se entregó. Admitió que había fingido su muerte por “asuntos personales”.

Entonces pudo reconstruirse lo ocurrido en el lago. El día de su desaparición, Ryan había llevado una balsa inflable dentro del kayak. Una vez en el agua, volcó la embarcación, arrojó su teléfono y varios objetos personales y regresó a la orilla en la balsa. Allí recogió una bicicleta eléctrica que había dejado escondida y recorrió 110 kilómetros hasta Madison.

Desde allí tomó varios autobuses hasta Canadá y después voló a París. La ruta terminó en Georgia, donde se reunió con la mujer a la que había conocido por internet. Poco después consiguió trabajo y alquiló un apartamento. Antes de la huida se había sometido a una intervención para revertir la vasectomía.

Fue condenado a 89 días de cárcel, uno por cada jornada durante la que mantuvo el engaño. Además, tuvo que pagar 30.000 dólares: el coste del operativo desplegado para encontrarlo. Y Emily se divorció de él, obteniendo la custodia de sus hijos.