“Athina, hija mía, mamá no para de buscarte. La gente te está buscando: María, tita Miel, tita Abril, tita Ma, los abuelos… toda la familia. Mamá no duerme bien, no come bien, no sale mucho a la calle. Solo está en la habitación mirando tu cocinita. Echo de menos llevarte al colegio, recogerte, jugar contigo, patinar, hacerte el almuerzo, leerte un cuento antes de dormir. Pero lo que más echo de menos es despertar a tu lado y que me digas: ‘Buenos días, mamá, ¿qué vamos a desayunar hoy?’ Sin tu presencia, la casa se siente vacía. El silencio es insoportable“.
Abby lleva cinco meses sin saber nada de su hija. Las horas son eternas y para poder mantener la cordura su psicóloga le ha recomendado que escriba, que se dirija a su hija y así pasa los días, intentando sostenerse, hablando con ella a través de un cuaderno. No es sencillo.

Ella quiere compartirlo, necesita que se entienda cómo te destruye la incertidumbre, el no saber y lo complicado de enfrentarse a la ausencia, al vacío.
La última vez que la vio fue el 9 de noviembre. Aquel día, un juzgado acababa de dictar una resolución clave en su caso: custodia exclusiva para la madre, orden de alejamiento y suspensión del régimen de visitas al padre. Menos de 24 horas después, la niña desapareció con su progenitor.
Racismo institucional
Con ambos ya en paradero desconocido, la justicia volvió a pronunciarse. El padre fue condenado por un delito de amenazas a una pena de seis meses de prisión, además de la correspondiente orden de alejamiento y prohibición de comunicación con la madre. La sentencia recogía las expresiones intimidatorias vertidas contra ella y confirmaba el contexto de violencia.
La investigación sigue su curso, pero cinco meses son muchos y Abby no tiene claro que se esté haciendo todo lo posible. Incluso se llega a plantear estar sufriendo racismo institucional. “Al fin y al cabo, yo soy filipina y él es de aquí. He visto casos resueltos mucho más rápido. Parece que no es algo urgente, pero hay una niña de cinco años que no sabemos dónde está, que lleva cinco meses sin estar escolarizada. Ni siquiera sé si está viva”.
Lo cierto es que llama la atención que no se haya dictado una orden de busca y captura, a pesar de que el padre se llevó a Athina nada más perder la custodia y que se suspendiese el régimen de visitas. Es decir, la justicia consideró que no era apto para estar con su hija. Ahora, en principio, lleva cinco meses con ella y lejos de su madre.

Concentración de apoyo este sábado en Barcelona
Para que este secuestro parental no caiga en el olvido este sábado se celebra una concentración en Barcelona a las 11:30 de la mañana en la Gran vía de les Cortes Catalanes, 111, con el lema: “La buscamos, la queremos de vuelta”. “No podemos mirar hacia otro lado. No podemos callar, no podemos olvidar”.
Para Abby sentir que no está sola es importante. Se ha sentido abandonada por las instituciones. No ha recibido ninguna llamada por parte de responsables gubernamentales. Ni la ministra de Igualdad, Ana Redondo, ni ningún cargo del Govern catalán.
Quién sí ha mostrado interés en la desaparición de Athina es la diputada de ERC en el Parlamento catalán, Ana Balsera. Esta misma semana se ha reunido con ella y ha comenzado a hacer gestiones para ayudar y conseguir información que Abby no ha sido capaz de obtener. Un gesto que ha significado mucho para la madre de Athina.
Mientras, las horas y los días siguen siendo eternos para Abby, que solo piensa en abrazar a su hija lo antes posible.
