El último día que se supo de Athina, una niña de siete años, fue el 10 de noviembre del año pasado. El día anterior, un juzgado había dictado una resolución clave: custodia exclusiva para la madre, orden de alejamiento contra el padre y suspensión total del régimen de visitas. Sin embargo, la resolución no llegó a aplicarse. Ambos desaparecieron.
En menos de 24 horas, Abby, su madre, denunció la sustracción parental de su hija. Según ha podido saber Artículo14, al menos hasta hace una semana, no se había activado una orden de busca y captura contra el progenitor.
Este tipo de órdenes no se emiten automáticamente. Requieren una decisión judicial expresa que implica considerar que existe un delito y que la persona debe ser localizada y detenida de forma inmediata. Sin esa orden, las fuerzas de seguridad pueden investigar, pero no tienen la misma capacidad para interceptar y arrestar al sospechoso si lo localizan. Es decir, casi cinco meses después, él puede moverse con total tranquilidad sin miedo a que nadie le detenga.
Sin pruebas directas de violencia, no se suelen dictar órdenes de detención
En la práctica, cuando no hay pruebas claras de que el menor de edad esté siendo objeto de violencia directa por parte de su padre, la adopción de esta medida no se suele tomar.

Según aseguran fuentes conocedoras de caso, los Mossos d’Esquadra trasladaron al juez los detalles de la sustracción, pero, aseguran, seguía valorando esa posibilidad. Una situación que, resulta difícil de entender cuando se trata de una niña de siete años que lleva en paradero desconocido desde principios de noviembre
Todo ello pese a que un juzgado de Violencia sobre la Mujer ha condenado al padre por un delito de amenazas a una pena de seis meses de prisión, le ha impuesto una orden de alejamiento y no podía ver a Athina.
La Ley Orgánica de Protección Integral a la Infancia y la Adolescencia frente a la Violencia (LOPIVI) establece que no procede fijar un régimen de visitas cuando el progenitor está siendo investigado o ha sido condenado por violencia, salvo que el juez lo acuerde de forma excepcional.
Un maltratador no puede ser un buen padre
Porque como las expertas no se cansan de repetir un maltratador no puede ser un buen padre. En este caso, se aprecia de manera clara. Ha provocado una ruptura total del entorno de la niña: separada de su madre, de su familia, de su colegio y de su vida cotidiana. Un escenario que, lejos de responder al interés superior del menor, plantea serias dudas sobre las decisiones adoptadas y sus consecuencias.
Para entender cómo se ha llegado hasta aquí hay que retroceder varios años. Abby nació en Filipinas y lleva más de quince años viviendo en España. Durante siete mantuvo una relación con el padre de su hija marcada por el maltrato psicológico y físico: golpes, humillaciones y control. Tras la ruptura, en julio de 2023, denunció. No había partes médicos, aunque sí fotografías. El padre de Athina fue absuelto y no se dictó ninguna medida de protección.
Abby siguió sola. Se hizo cargo de su hija y de todos los gastos, mientras el padre aparecía de forma intermitente y sin asumir responsabilidades. No reclamó judicialmente. No sabía siquiera que tenía derecho a reclamar la manutención DE Athina. Acababa de salir de esa relación y trataba de recomponerse.

La farsa de la sarna
En abril de 2025, pese a los informes que acreditaban que Abby se encontraba en proceso de recuperación por violencia machista, un juzgado acordó una custodia compartida al 50 %. Al día siguiente, el padre la denunció porque aseguraba que su hija tenía sarna. Durante meses, Abby no pudo ver a su hija, a pesar de que todos los informes médicos descartaban cualquier enfermedad.
Fue entonces cuando comenzaron las amenazas. Audios, mensajes y presiones para que cediera la custodia. El 4 de noviembre recibió una amenaza explícita a través de un chat, una imagen de una agresión acompañada de un mensaje. Abby la grabó para conservar la prueba.
Cuando, tras años de ser ignorada por la justicia, consiguió la custodia y una orden de alejamiento, ya era tarde. El padre se llevó a Athina, horas después de la resolución judicial.
Las últimas imágenes la sitúan en la estación de Sants de Barcelona. Desde entonces, no hay rastro. Cinco meses después, la investigación sigue abierta. La niña sigue desaparecida y no existía, al menos hasta hace una semana, una orden de busca y captura contra la persona que la arrancó de su vida y los brazos de su madre.
