La situación sanitaria de Ceuta se ha convertido en uno de los argumentos utilizados por Alberto Núñez Feijóo para reclamar al Gobierno medidas excepcionales. El líder del PP ha pedido a Pedro Sánchez que estudie decretar un confinamiento en la ciudad autónoma por “riesgo sanitario”, después de la detección de casos de tuberculosis, sarna, gastroenteritis y varicela entre la población presente en la ciudad tras la llegada masiva de migrantes.
Feijóo sostiene que las condiciones de hacinamiento, falta de higiene y ausencia de alojamiento adecuado pueden favorecer la propagación de enfermedades infectocontagiosas. “Yo creo que se dan los supuestos de confinamiento por riesgo sanitario”, afirmó.
Sin embargo, el virólogo José Antonio López Guerrero dibuja un escenario mucho más acotado. Existe un problema sanitario y las autoridades deben actuar, pero no considera que los datos disponibles justifiquen un confinamiento general.
“No se me ocurre ahora mismo una necesidad imperiosa de decretar ese confinamiento”, señala el experto.
El riesgo está en el contacto estrecho
La clave está en las condiciones en las que permanecen miles de personas. López explica que “el riesgo existe, pero es bajo para quien no conviva ni mantenga un contacto estrecho y prolongado con personas infectadas”.
La situación cambia para quienes sí mantienen esa exposición: los propios migrantes que viven hacinados y los profesionales que trabajan directamente con ellos, como sanitarios, policías, guardias civiles, militares, trabajadores sociales y voluntarios.
La sarna es uno de los ejemplos más claros. Se transmite principalmente mediante contacto físico estrecho y prolongado y también puede propagarse al compartir ropa, mantas o ropa de cama. El problema aumenta cuando varias personas viven juntas sin acceso suficiente a duchas, lavandería o prendas limpias.
La tuberculosis requiere otro escenario. Al transmitirse por el aire, el mayor riesgo aparece al compartir durante un periodo prolongado espacios cerrados y mal ventilados con una persona que padezca tuberculosis pulmonar activa. Para la población que desarrolla su vida al aire libre, el riesgo actual es bajo.

Los datos no apuntan a una epidemia
Feijóo ha hablado de más de 450 casos de gastroenteritis, además de tuberculosis, sarna y varicela. Sanidad ofrece, sin embargo, cifras más contenidas.
La ministra Mónica García ha informado de tres casos confirmados de tuberculosis, dos de ellos no contagiosos. El tercero corresponde a una persona que ya se encontraba en Ceuta antes de la crisis migratoria. En cuanto a la varicela, hay dos casos pendientes de confirmación que no estarían relacionados con la población migrante.
También existen diferencias respecto a las gastroenteritis: Sanidad habla de alrededor de 55 casos probables de E. coli enteroinvasiva, vinculados principalmente al consumo de agua no apta y con el brote controlado.
La sarna, además, no es una enfermedad nueva en España. Entre 2021 y 2023 se registraron 1.529 brotes y 11.301 casos en el conjunto del país.
Ni malaria ni ébola
López también descarta que la llegada de personas procedentes de África implique automáticamente la aparición de enfermedades tropicales en Ceuta.
Malaria, tripanosomiasis o determinadas formas de leishmaniasis necesitan vectores específicos para transmitirse. La presencia de una persona infectada no basta para iniciar una cadena de contagios. “Los mayores peligros potenciales no se dan porque no existen los vectores suficientes para transmitir muchas de estas enfermedades”, explica.
Tampoco considera razonable plantear un escenario de ébola. “El ébola cuando se manifiesta estamos hablando de días”, apunta, por lo que no encaja con personas que pueden llevar meses o años desplazándose desde sus lugares de origen.

Mejorar las condiciones antes que confinar
Para el virólogo, la prioridad está en otro lugar: detectar los casos, aislar a quienes puedan contagiar, completar los tratamientos y localizar a sus contactos.
El hacinamiento es precisamente el factor que puede convertir enfermedades controlables en un problema mayor. Si una persona recibe tratamiento contra la sarna, pero vuelve después a un espacio donde convive con otras personas infectadas y sin posibilidad de lavar su ropa o su cama, el problema vuelve a empezar.
“El problema principal es garantizar el aislamiento de los casos activos, completar los tratamientos y estudiar a los contactos”, sostiene López.
La ministra de Sanidad coincide en descartar el confinamiento. Mónica García considera que la medida “no solo no parece que esté justificada, sino que podría ser contraproducente” y la ha calificado de “totalmente desmesurada” con los datos disponibles.
El debate, por tanto, no es si existe un problema sanitario en Ceuta. Existe y requiere recursos. La cuestión es cómo abordarlo. Frente al confinamiento general que plantea Feijóo, los especialistas apuestan por actuar allí donde está el riesgo: mejorar las condiciones de alojamiento e higiene, reforzar la vigilancia epidemiológica, vacunar cuando corresponda y garantizar el diagnóstico, aislamiento y tratamiento de los casos.
Porque, según López, el peligro no está en que toda Ceuta esté expuesta por igual, sino en las condiciones de hacinamiento que dificultan controlar las infecciones allí donde realmente se están produciendo.

