Hay veranos para Dostoievski y veranos para que te dejen en paz con dilemas morales, existencias precarias, dramas familiares o desajustes psicológicos, que ya bastante tenemos con el calor y con la intensidad de la vida durante el resto del año. Esta lista nace de una necesidad tan legítima en nuestros tiempos como es la de leer sin más motivo que el disfrute o la necesidad de desconexión, poder pasar páginas sin tener que parar a llorar en la piscina ni a hacerte preguntas incómodas sobre el sentido de la vida. Que esto está muy bien, pero también necesitamos un descanso. Lejos de traumas que te dejen el alma en un puño, una selección de lecturas que presentan humor, ternura, personajes entrañables y ganas de pasarlo bien.
No me acuerdo de nada, de Nora Ephron
Un repaso de la autora de los grandes momentos y fracasos de su vida con la mordacidad y el humor que la convirtieron en un género literario propio. Habla de la memoria, el periodismo, el divorcio y las pequeñas obsesiones cotidianas con el sello propio de su sinceridad. En este libro, Ephron hace una síntesis de lo mejor de su escritura que, además, se confirma como una de sus obras más celebradas.
Yesteryear, de Caro Claire Burke
Natalie Heller Mills es la influencer tradwife perfecta, con marido heredero y un imperio de seguidores que idolatran su vida rústica de cara a las redes. Pero una mañana despierta en 1855, sin electricidad, sin niñeras y con un marido convertido en granjero de verdad. Lo que parecía una fantasía se transforma en realidad y pura supervivencia, entre leña, sangre y muchas preguntas para las que no encuentra la respuesta. Una sátira un tanto disparatada pero con un punto certero que señala el precio real de la vida que tantas venden como ideal.
Los nombres, de Florence Knapp
Florence Knapp firma una ópera prima que parte de una sola decisión que todas las que han sido o serán madres tienen que tomar, el nombre que Cora elige para su hijo recién nacido, para desplegar tres versiones posibles de una misma vida. Bear, Julian y Gordon son el mismo niño criado bajo distintas elecciones, y cada nombre traza un destino propio, una identidad distinta, una forma diferente de heredar o romper con la tradición familiar. La novela convierte una decisión cotidiana en una reflexión sobre el azar y el amor que sostiene a una familia pase lo que pase. Una historia tan emotiva como original sobre todo lo que cabe en un nombre.

Tres días de junio, de Anne Tyler
Anne Tyler, ganadora del Pulitzer y maestra indiscutible de la vida familiar, regresa con una novela sobre Gail Baines, que afronta la boda de su hija con el trabajo recién perdido, un exmarido instalado en casa con gato incluido y un secreto que puede hacer estallar la ceremonia. En esta novela se mezclan humor y cariño, mientras que se hace un repaso al matrimonio, la maternidad y esa independencia que a veces se conquista tarde, puede que demasiado tarde. La historia que confirma por qué se la considera la cronista por excelencia de las familias imperfectas.
Caperucita en Manhattan, de Carmen Martín Gaite
Carmen Martín Gaite reescribe el cuento de Caperucita Roja trasladándolo al Nueva York contemporáneo, con Sara Allen como protagonista, una niña que solo quiere cruzar sola hasta Manhattan para llevarle una tarta a su abuela. Protagonizada por una abuela excéntrica, un lobo convertido en pastelero millonario y la enigmática Miss Lunatic, escondida en la Estatua de la Libertad, la autora construye una fábula sobre la libertad y los primeros pasos hacia la vida adulta. La oportunidad perfecta para releer un clásico reversionado en esta época estival.
Hija única, de Carlota Vesier
Carlota Visier narra a través de Irasema, hija única que crece dentro del Party Fan de su madre en Cuenca, una infancia vivida entre el ruido de los cumpleaños ajenos y la soledad de ser siempre la observada. Con una voz infantil marcada por el humor, la autora convierte la nostalgia ochentera y noventera en un territorio compartido donde reír y emocionarse van de la mano. En esta novela, crecer también significa aprender a ser fotografiada, archivada y recordada por los demás. Una novela que ya tiene a media crítica literaria española rendida a sus pies.
Ansiosos Anónimos, de Eva Quevedo
Eva Quevedo reúne en una terapia de grupo a Miranda, una mujer de casi cuarenta que arrastra episodios de ansiedad, junto a un puñado de personajes tan entrañables como disparatados, entre ellos Mariló, sorda emocionalmente para los hombres tras un desengaño, y Andrés, que en realidad son tres personas distintas dentro de una sola. A lo largo de once sesiones grupales, la autora combina el rigor con el humor para desmontar el tabú alrededor de la ansiedad. Una novela coral que demuestra que reírse de los propios miedos también puede ser el primer paso para soltarlos.

Mi isla, de Elísabet Benavent
Elísabet Benavent, autora con más de cuatro millones de ejemplares vendidos, narra la historia de Maggie, que regenta una casa de huéspedes en una isla y ha renunciado al amor para no enfrentarse a un dolor que no quiere ni nombrar. Todo cambia cuando aparece Alejandro y la calma se rompe en mil pedazos de sensaciones que creía superadas. Con la frescura y la cercanía que caracterizan a la autora, la novela reflexiona sobre cómo el pasado condiciona el futuro sin renunciar nunca a la posibilidad de empezar de nuevo. Una historia de amor distinta, escrita a fuego lento durante años, que ya enamora a sus lectoras antes de cerrar la última página.
Ríete de las bodas, de Megan Maxwell
Megan Maxwell, reina indiscutible de la novela romántica, presenta a Alma, divorciada feliz y dueña de una tienda de vestidos de novia, que ha decidido disfrutar del sexo sin compromiso con Saem, dieciséis años más joven que ella. Todo se complica cuando su hija Natalia quiere presentarle al hombre del que se ha enamorado y la comida familiar termina con un giro inesperado. Una comedia romántica sobre el amor sin etiquetas, sin prejuicios y sin edad, donde el corazón decide por encima de cualquier norma social. Pura diversión veraniega con la frescura habitual de esta autora superventas.
Hydra, de Irene Nortes
Helena, atrapada en una vida perfecta sobre el papel pero vacía por dentro, decide escapar a Hydra, una pequeña isla griega, cuando el insomnio y la ansiedad empiezan a resquebrajar su rutina perfectamente medida. Allí, guiada por un enigmático gato y por una serie de señales un tanto misteriosas, emprende un viaje que la obliga a decidir entre seguir huyendo o reencontrarse con quien era antes del miedo. Amor, luz y pequeños misterios se entrelazan en esta novela pensada para quienes creen en los veranos eternos y en las decisiones valientes. Una lectura perfecta para dejarse llevar.
Diez libros, diez formas distintas de recordar que la literatura también puede ser una tumbona, una sombrilla y hundirse en historias que divierten. Si el resto del año exige densidad, este es el momento de dejarse llevar por historias que lo único que piden a cambio es tiempo libre (que no es poco) y ganas de pasarlo bien, que de eso hay de sobra.

