Centernario

Carmen Martín Gaite, cien años después: por qué su obra sigue siendo central en la literatura española

José Teruel recorre la vida y obra de la escritora en una conferencia centrada en su faceta como novelista, investigadora y ensayista

El nombre de Carmen Martín Gaite ha resonado con fuerza en los últimos meses en el Ateneo de Madrid, con motivo de su centenario y de la reciente incorporación de su retrato a la galería de ilustres de la institución. En este contexto, su biógrafo José Teruel ha sido el encargado de recorrer su trayectoria intelectual en una conferencia que él mismo definió como una “obligación moral”: la de comprender quién fue realmente Carmen Martín Gaite y por qué su obra sigue siendo central en la cultura española. Tras años dedicados a investigar todos los espacios —literarios, vitales y materiales— en los que su figura fue relevante, recopilar sus obras completas y rastrear documentos dispersos, Teruel presentó sus hallazgos el pasado miércoles en el Ateneo.

Este espacio fue clave en la gestación de buena parte de la obra de Carmen Martín Gaite desde 1963 hasta su fallecimiento en el año 2000. Fue allí donde trabajó, leyó y escribió durante décadas y donde, en ese intervalo, se convirtió en la primera mujer en ganar el Premio Nacional de Literatura. Casi cuarenta años después de ese hito, su figura regresa simbólicamente a lo que fue también su lugar de trabajo cotidiano.

Retrato de la escritora Carmen Martin Gaite
Redes sociales del Ateneo de Madrid

A la pregunta de por qué su trayectoria intelectual constituye un paradigma de mujer de letras en la historia de la cultura española, la respuesta de Teruel fue clara: “Porque sus intereses literarios fueron múltiples y se desplegaron en distintas direcciones“.

A lo largo de su vida, la autora salmantina exploró prácticamente todos los géneros literarios consabidos: el cuento, la novela corta, la novela, el ensayo, la poesía y el teatro. A ello se suman la escritura del yo —lo que su hija llamó “cuadernos de todo”—, la investigación histórica, la crítica literaria, la traducción y adaptación de clásicos, el artículo de opinión, la conferencia e incluso el collage. Resulta difícil encontrar en la literatura española una escritora con una heterogeneidad de intereses intelectuales comparable.

Todo para ella era un cuento

En los siete volúmenes que recogen sus novelas, relatos, poemas, obras teatrales, ensayos y cartas, subrayó Teruel, todos los textos de Martín Gaite comparten una misma articulación narrativa. Incluso cuando no escribía ficción, lo hacía desde la mirada de una narradora. Entre 1976 y 1980 ejerció como crítica literaria en prensa, donde cuestionó de forma sistemática la discutible separación entre géneros literarios.

La conferencia, que se abrió con una imagen juvenil de la autora —el pelo cortado à la garçonne, un retrato de Cervantes al fondo—, se articuló en torno a tres ejes: su carrera como novelista, como historiadora y como ensayista. Martín Gaite dejó la novela en barbecho durante más de una década, al sentir que la narrativa española había quedado eclipsada por el boom latinoamericano. Sin embargo, Teruel destacó la persistencia de un motivo central en su obra: las historias de familia como observatorio doméstico, desde donde se filtra la gran Historia. “La Historia, con mayúscula, se cuece dentro de las casas”, recordó.

Retrato de la escritora Carmen Martín Gaite. EFE

Fue precisamente durante esa etapa de alejamiento de la novela cuando su interés por la figura de Melchor de Macanaz la llevó a doctorarse a los cuarenta y seis años, con una tesis sobre las costumbres amorosas del siglo XVIII. Tras leerla ante el tribunal, nunca llegó a recoger el título de doctora.

Como ensayista, Teruel puso especial énfasis en El cuento de nunca acabar, uno de sus textos más personales, al que dedicó nueve años. Escrito en buena parte en la biblioteca del Ateneo, la autora decoró la carpeta de notas del proyecto con recortes de una fotografía decimonónica de la sala, cuyo original fue identificado y rastreado por el propio Teruel. En esa composición, Martín Gaite eliminó las figuras humanas y solo conservó las estanterías y las mesas: una imagen que el biógrafo interpretó como metáfora de los dos pilares fundamentales de su vida cultural, el conocimiento y la tertulia.

Martín Gaite fue una autora marcada por la influencia de dos grandes figuras masculinas de su entorno intelectual: Juan Benet y quien fuera su marido, Rafael Sánchez Ferlosio. Sin embargo, supo distanciarse de ambos cuando fue necesario. Teruel evocó una fotografía especialmente significativa, tomada en 1956, en la que aparece sentada en un comedor, rodeada por casi una veintena de hombres —entre ellos Ferlosio—. En ese momento, la escritora estaba embarazada de su hija Marta, que fallecería antes que ella, a los veintiocho años. Ferlosio acababa de ganar el Premio Nadal; dos años después, lo ganaría ella con su primera novela. Para presentarse, optó por firmar con el nombre de su abuela, temiendo que su condición de esposa de un autor recién premiado influyera en el jurado.

La conferencia concluyó con la tesis de que, pese a su ausencia física durante más de un cuarto de siglo, Carmen Martín Gaite sigue siendo una “escritora viva culturalmente”. La comparación quizá no sea del todo justa, pero podría decirse que fue, en muchos sentidos, nuestra Joan Didion: autoras coetáneas, mujeres independientes, capaces de transitar entre géneros con absoluta libertad. Durante una estancia en Nueva York en los años ochenta —ciudad clave también en la vida de Didion—, Martín Gaite realizó un collage de estética pop que funciona como homenaje a Virginia Woolf. Compuesto a partir de recortes de revistas y anuncios de moda, muestra imágenes de mujeres de distintas edades y condiciones, acompañadas por la frase “Because I want to be alone”, parafraseando a Greta Garbo. Una declaración que dialoga con el deseo de soledad que Woolf formula en Una habitación propia. En otra nota manuscrita, se lee: “Women never have an [sic] half hour they can call their own”,  una cita atribuida a Florence Nightingale.

Ahí se equivocaba. Carmen Martín Gaite ha tenido cien años.

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