Teatro

Anarquía, erotismo y alegría: cómo las anarcofeministas olvidadas de España reclaman su revolución en el escenario

Una nueva producción teatral en Madrid resucita el legado rompedor de Mujeres Libres y las primeras cupletistas del siglo XX, demostrando que la alegría, la autonomía corporal y la sátira mordaz siguen siendo armas contra la desesperación política

'LIBRES!!!' se estrena en el Teatro de la Abadía.
'LIBRES!!!' se estrena en el Teatro de la Abadía.

El pasado viernes, el madrileño Teatro de La Abadía estrenó LIBRES!!!, una ambiciosa producción teatral que devuelve al primer plano la historia de las anarcofeministas españolas de los años treinta. Dirigido por Andrés Lima a partir de un afilado texto de Esther F. Carrodeguas, el espectáculo —coproducido por el Teatro del Barrio y el Comisionado para la Celebración de los 50 Años de España en Libertad— está protagonizado por Alba Flores, Laura Galán y Nüll García, con acompañamiento musical en directo de la pianista Eva Valdelomar.

En lugar de ofrecer una solemne elegía por la Segunda República derrotada, LIBRES!!! se presenta como un explosivo «cabaré anarcosicalíptico». Combinando investigación histórica, sátira política y canciones de época convenientemente subvertidas, la función recupera una genealogía de mujeres que se negaron a elegir entre la revolución social y el placer personal.

En el corazón de la obra se encuentra Mujeres Libres, la organización libertaria fundada en 1936 por Lucía Sánchez Saornil, Mercedes Comaposada y Amparo Poch y Gascón. En apenas tres años de existencia, atravesados por la Guerra Civil, el movimiento se extendió con rapidez hasta alcanzar 147 agrupaciones y más de 25.000 afiliadas. Su propósito era explícito: emancipar a las mujeres de lo que ellas mismas definían como una «triple esclavitud», derivada de la ignorancia, de su condición de mujeres y de la explotación económica como trabajadoras.

La obra inserta a sus fundadoras dentro de un linaje más amplio de españolas que habían desafiado las normas patriarcales mucho antes de que el feminismo adquiriera su vocabulario contemporáneo. Por ella desfilan pioneras como Teresa Claramunt, que en 1891 participó en la creación de la Sociedad Autónoma de Trabajadoras de Barcelona y su Plano, o Guillermina Rojas, que ya en 1871 defendía la capacitación intelectual, una remuneración justa y la independencia económica de las mujeres, pero también figuras fundamentales de la política del siglo XX como Federica Montseny —primera mujer en ocupar un ministerio en España—, la anarquista Emma Goldman o Dolores Ibárruri, La Pasionaria.

LIBRES!!! recuerda así que cuestiones que hoy pueden parecer conquistas relativamente recientes —alfabetización, igualdad salarial, libertad sexual, maternidad consciente, secularismo o derechos reproductivos— formaban ya parte de las preocupaciones de muchas de estas mujeres.

Una escena de ‘LIBRES!!!’.
Laura Ortega

Una revolución que no podía esperar

Una de las particularidades de Mujeres Libres fue precisamente su insistencia en la acción inmediata frente a las promesas abstractas de emancipación futura. La organización surgió alrededor de la revista homónima, que publicó 13 números entre mayo de 1936 y otoño de 1938. La cabecera nació con un enfoque predominantemente cultural y formativo, pero se volvió más combativa con la Guerra Civil, dando un peso creciente a la guerra y la revolución.

Escrita por mujeres y dirigida a mujeres, la publicación funcionó pronto como algo más que una revista cultural: se convirtió en una herramienta de movilización. En medio del colapso provocado por la guerra, Mujeres Libres impulsó campañas contra el analfabetismo, talleres de formación profesional y programas destinados a facilitar la incorporación femenina a distintos oficios.

En Madrid funcionó una Escuela de Chóferes en la que las mujeres aprendían mecánica y conducción para incorporarse a los servicios de la retaguardia, y también se impartieron cursos para formar a conductoras de tranvías. Promovieron además los llamados liberatorios de prostitución con la intención de ofrecer alternativas laborales a las trabajadoras sexuales, organizaron guarderías y comedores colectivos y desarrollaron iniciativas relacionadas con la salud y la maternidad. En ese mismo contexto libertario funcionó también el Instituto de Puericultura y Maternología Louise Michel.

Pero ni siquiera dentro del movimiento libertario encontraron siempre un terreno favorable.

Numerosos anarquistas podían defender la igualdad radical en sindicatos, ateneos y publicaciones mientras conservaban en sus hogares unas relaciones bastante más tradicionales. Las reivindicaciones específicamente femeninas eran a menudo consideradas secundarias: cuestiones que podrían resolverse, supuestamente, una vez alcanzada la revolución social.

Cuando a Lucía Sánchez Saornil se le propuso escribir una página destinada a mujeres en Solidaridad Obrera, periódico vinculado a la CNT, rechazó la idea de relegarlas a una sección específica y apostó por crear una publicación autónoma. Incluso dentro del propio anarquismo hubo discrepancias acerca de la necesidad de una organización exclusivamente femenina. Federica Montseny, por ejemplo, mantuvo importantes diferencias con Mujeres Libres respecto a esa estrategia.

Frente tanto al paternalismo de sus compañeros como a un feminismo que consideraban demasiado burgués, defendieron que la emancipación femenina no podía posponerse hasta después de la revolución. La lucha contra el patriarcado tenía que producirse al mismo tiempo que la lucha contra la explotación económica.

Una escena de ‘LIBRES!!!.
Laura Ortega

Cuando la revolución se volvió sicalíptica

Para trasladar toda esta historia al escenario, LIBRES!!! establece además un puente inesperado entre activismo político y cultura popular: la sicalipsis, aquel fenómeno que convirtió el erotismo, el doble sentido y la provocación en parte fundamental del espectáculo de variedades español de comienzos del siglo XX.

El término fue acuñado en 1902 por Félix Limendoux en el primer número de Las Mujeres Galantes y acabó asociado a una cultura escénica que jugaba constantemente con los límites de lo permitido. Limendoux lo definía como ese punto intermedio entre «lo moral artístico» y «el desenfado sin arte», un «equilibrio inverosímil». Como estudia Gloria G. Durán en Sicalípticas: El gran libro del cuplé y la sicalipsis, muchas cupletistas encontraron en los teatros, cafés y salas de variedades una forma insólita de autonomía económica y corporal.

Artistas como La Chelito, Fornarina, Amalia Molina o La Bella Dorita utilizaron canciones cargadas de erotismo, humor y doble sentido para poner en crisis la respetabilidad burguesa. Sobre el escenario podían interpretar personajes sexualmente autónomos, burlarse del matrimonio o convertir el deseo femenino en espectáculo en una sociedad que seguía tratando de regularlo estrictamente.

LIBRES!!! recupera ese repertorio y lo hace dialogar con la política. Aparecen números como «La diputada», interpretado por Amalia Molina en 1932, o «Se dice», popularizado por Concha Piquer en 1933, junto a canciones de títulos tan inequívocos como «La bolchevique», «La sindicalista» o «La presidenta».

Los cuplés funcionan así como una suerte de archivo popular de la emancipación femenina. Mucho antes de que determinadas reivindicaciones encontraran un vocabulario político generalizado, aquellas artistas cantaban sobre divorcio, deseo, independencia económica o relaciones entre hombres y mujeres frente a públicos multitudinarios.

La dictadura franquista alteraría profundamente ese ecosistema cultural, sometiendo el espectáculo popular a nuevos códigos morales y mecanismos de censura. LIBRES!!! regresa deliberadamente al periodo anterior para encontrar allí una España bastante menos pudorosa, homogénea y conservadora de lo que a veces permite imaginar la memoria posterior.

Cartel de ‘LIBRES!!!’.
Teatro de la Abadía

«Si no puedo bailar…»

Andrés Lima y Esther F. Carrodeguas construyen la función alrededor de la célebre idea habitualmente atribuida a Emma Goldman: «Si no puedo bailar, no es mi revolución». La escenografía de Beatriz San Juan construye un espacio de cabaré íntimo en el que Alba Flores, Laura Galán y Nüll García saltan entre personajes históricos, cupletistas y comentarios sobre el presente, mientras Eva Valdelomar acompaña la función al piano.

Ese cambio constante de registros permite que la memoria histórica escape del tono fúnebre que tantas veces la acompaña. LIBRES!!! no pretende únicamente recordar a unas mujeres derrotadas por la guerra, el exilio o la dictadura. Quiere devolverles precisamente aquello que una lectura exclusivamente trágica podría arrebatarles: su irreverencia, su humor, su deseo y su capacidad para divertirse.

Ahí reside probablemente una de las ideas más sugerentes del proyecto. Recuperar a Mujeres Libres no significa convertirlas en estatuas de unas precursoras impecables, sino devolverlas a sus contradicciones y a la vitalidad de un momento en el que imaginar otro mundo era también imaginar otra manera de vivir dentro de él.

En una época en la que buena parte del discurso político parece atrapado entre la indignación y la catástrofe, la propuesta de LIBRES!!! adquiere además una resonancia muy contemporánea. La alegría puede ser algo más que una distracción frente a la política. También puede convertirse en una manera de resistir al agotamiento que produce.

LIBRES!!! demuestra así que la memoria no tiene por qué ser una pieza de museo. Al reunir el impulso revolucionario de Mujeres Libres con la insolencia de las sicalípticas, recuerda que la emancipación nunca estuvo hecha únicamente de manifiestos, huelgas y discursos. También estuvo hecha de humor, canciones, cuerpos y derecho al placer.

Como advertía el primer número de Mujeres Libres hace noventa años: «Sin que pretendamos ser infalibles, tenemos la certeza de llegar en el momento oportuno».

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